🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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la batalla bajo la luna roja
El rugido de las bestias sacudió el castillo entero.
Las enormes puertas del salón principal comenzaron a agrietarse mientras los lobos salvajes golpeaban desde el exterior con una fuerza brutal. El eco de sus gruñidos llenaba cada corredor de la fortaleza, mezclándose con el sonido del viento y el resplandor inquietante de la luna roja.
Valeria Andrade sintió cómo el poder de Selene vibraba dentro de su cuerpo como una tormenta.
Los tres sellos ardían sobre su pecho.
La hoja representaba el dominio sobre sí misma.
La gota, la verdad del corazón.
Y el último sello, el corazón de sombras y luz, parecía reaccionar con violencia al eclipse.
Cada latido aumentaba la energía que recorría sus venas.
Pero también aumentaba la oscuridad.
A su lado, Adrián Blackwood desenvainó una espada plateada mientras observaba las puertas temblar.
—Cuando entren, no se contengan.
Mateo Cruz sonrió con tensión.
—Nunca pensé que extrañaría tanto la tranquilidad de ser perseguido solo por exámenes universitarios.
Sofía Reyes golpeó suavemente su hombro.
—Concéntrate y podrás volver a quejarte luego.
Sebastián Blackwood permanecía junto a una de las ventanas observando el exterior.
—Son demasiados. El eclipse los está enloqueciendo.
En el extremo opuesto del salón, Lucian Thorne permanecía inmóvil, mirando la luna roja.
Valeria lo observó con atención.
Por primera vez, no veía en él únicamente al enemigo.
Veía a un hombre consumido por años de culpa y dolor.
Lucian percibió su mirada y habló sin apartar los ojos del cielo.
—La Luna de Sangre siempre despierta lo peor de nosotros.
Valeria se acercó lentamente.
—Todavía puedes elegir quién quieres ser.
Lucian soltó una risa amarga.
—¿Después de todo lo que hice?
—Sí.
Las palabras parecieron sorprenderlo.
Pero antes de que pudiera responder, las puertas explotaron.
La madera y el hierro salieron despedidos por el aire.
Y las criaturas irrumpieron en el salón.
Los lobos salvajes eran enormes, deformados por la oscuridad del eclipse. Sus ojos rojos brillaban con odio y hambre.
El combate comenzó de inmediato.
Mateo se transformó y se lanzó sobre la primera bestia con un gruñido feroz.
Sofía giró sus cuchillas plateadas antes de clavarlas en otro atacante.
Sebastián peleaba con precisión letal, moviéndose como un guerrero que llevaba siglos enfrentando monstruos.
Adrián se convirtió en el gran lobo negro y rugió con tanta fuerza que varias criaturas retrocedieron.
Valeria sintió el llamado de la loba blanca.
La transformación llegó como una ola de luz plateada.
Su cuerpo se cubrió de un resplandor lunar mientras la enorme loba blanca aparecía en medio del salón.
Los lobos salvajes vacilaron.
Incluso en medio de la oscuridad, reconocían el poder de la Reina Lunar.
Valeria lanzó un aullido que atravesó toda la fortaleza.
Y la batalla se volvió aún más feroz.
Las criaturas seguían entrando.
Demasiadas.
El castillo entero temblaba bajo el eclipse.
Adrián luchaba junto a Valeria, cubriéndola constantemente.
Cada vez que uno de los lobos intentaba alcanzarla, él aparecía para derribarlo.
El vínculo entre ambos brillaba como hilos plateados visibles entre sus cuerpos.
Pero entonces Valeria sintió algo extraño.
Una energía oscura comenzó a deslizarse dentro de su mente.
Rabia.
Violencia.
Deseos destructivos.
La luna roja estaba alimentando la parte más salvaje de su poder.
Una voz susurró dentro de ella.
—Déjalos caer.
Valeria gruñó y retrocedió un paso.
Las sombras parecían moverse a su alrededor.
Adrián la observó con preocupación.
—Valeria.
Ella intentó responder, pero la oscuridad seguía creciendo.
Vio a los lobos salvajes.
Vio sangre.
Vio miedo.
Y por un instante deseó destruirlo todo para acabar con el sufrimiento.
La loba blanca rugió con furia.
El salón se iluminó violentamente.
Varios enemigos fueron lanzados contra las paredes por una ola de energía.
Todos se detuvieron.
Valeria jadeaba.
Sus ojos plateados comenzaban a teñirse ligeramente de rojo.
Lucian lo vio de inmediato.
—El eclipse está corrompiéndola.
Adrián se acercó.
—¡Valeria, mírame!
Ella giró lentamente hacia él.
Y por un segundo, no reconoció su rostro.
Solo vio una amenaza.
Un gruñido oscuro escapó de su garganta.
Mateo retrocedió alarmado.
—Eso no parece bueno.
Sofía sostuvo una daga plateada con nerviosismo.
—Dime que no tendremos que pelear contra ella también.
Adrián ignoró todo.
Se acercó lentamente a Valeria aun cuando la energía salvaje que emanaba de ella hacía vibrar el suelo.
—Escúchame —dijo con firmeza—. Tú no eres esta oscuridad.
Valeria tembló.
Las voces seguían atacando su mente.
—Todo termina en dolor.
—Todos morirán.
—El amor te hará débil.
La loba blanca rugió nuevamente.
Una explosión de poder destrozó varias columnas del salón.
Las grietas comenzaron a extenderse por el techo.
El castillo entero estaba a punto de colapsar.
Lucian observó a Valeria con expresión devastada.
—Así empezó conmigo.
Adrián mantuvo la mirada fija en ella.
—No eres él.
Valeria sintió el vínculo entre ambos arder intensamente.
Entonces recordó.
El bosque.
El lago.
Cada prueba.
Cada elección.
Y recordó también las palabras de Ariana.
“Solo tú decides cuál oscuridad alimentas.”
Valeria cerró los ojos.
Dentro de ella, la loba blanca luchaba contra la sombra roja del eclipse.
Y entonces escuchó algo más fuerte que las voces oscuras.
La voz de Adrián.
—Te amo.
La oscuridad se detuvo.
El vínculo brilló como una estrella en medio de la tormenta.
Valeria abrió los ojos.
El rojo desapareció lentamente de su mirada.
La luz plateada regresó con más fuerza que antes.
Y la Reina Lunar lanzó un aullido puro que atravesó toda la fortaleza.
Los lobos salvajes comenzaron a retroceder.
Algunos huyeron aterrados.
Otros cayeron debilitados por la energía lunar.
El eclipse seguía cubriendo el cielo, pero por primera vez la oscuridad había sido rechazada.
Valeria volvió lentamente a su forma humana, agotada y temblorosa.
Adrián la sostuvo antes de que cayera.
Ella enterró el rostro en su pecho, todavía jadeando.
—Pensé que iba a perderme.
Adrián besó suavemente su frente.
—Mientras recuerdes quién eres, nunca lo harás.
Pero entonces un rugido estremecedor resonó en el exterior.
Mucho más grande.
Mucho más poderoso.
Sebastián levantó lentamente la mirada hacia las puertas destruidas.
Su expresión palideció.
—No puede ser…
Lucian endureció el rostro.
Y Valeria sintió cómo el miedo recorría nuevamente su cuerpo.
Porque algo antiguo acababa de despertar bajo la Luna de Sangre.