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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Consecuencias del Deseo

La llamada con Isa terminó dejando un extraño sabor en la boca de Santiago.

Guardó el celular sobre la mesa y soltó un suspiro. No le gustaba mentir, pero tampoco sabía cómo explicar todo lo que estaba ocurriendo dentro de él. Cada día que pasaba se sentía más confundido, más atrapado entre lo que había construido durante años y aquello que había llegado a su vida sin previo aviso.

Al levantar la mirada encontró a Darly sentada en el pequeño sofá frente a la cama.

Llevaba una de sus camisas, demasiado grande para ella, y el cabello ligeramente húmedo después de ducharse. Estaba concentrada en su celular, sonriendo mientras hablaba con una amiga.

Santiago se quedó observándola unos segundos.

Le parecía increíble cómo alguien podía cambiarle por completo la tranquilidad.

—¿Qué hace tan entretenida a mi princesa? —preguntó acercándose.

Darly levantó la vista y sonrió.

—Hablando con Mía.

—¿Y qué le cuentas?

—Nada que te importe.

—¿Ah, no?

Ella soltó una pequeña risa.

—Tal vez un poco.

Santiago se sentó a su lado y rodeó suavemente su cintura con un brazo.

El simple contacto fue suficiente para que ambos sintieran ese cosquilleo que aparecía cada vez que estaban cerca.

—¿Sabes algo? —murmuró él.

—¿Qué?

—No quiero irme al concierto.

—Mentiroso. Te encanta cantar.

—Sí, pero me gusta más estar contigo.

Darly bajó la mirada intentando ocultar la sonrisa que apareció en sus labios.

Por alguna razón, cada palabra de Santiago conseguía tocar una parte de ella que llevaba mucho tiempo dormida.

—Qué bonito hablas cuando quieres convencer a alguien —respondió divertida.

—No estoy intentando convencerte.

—Claro que sí.

—Te lo juro.

Ella negó con la cabeza.

Pero en el fondo le gustaba escucharlo.

Mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Durante unos segundos permanecieron abrazados sin decir nada.

Afuera el ruido de la ciudad apenas llegaba hasta la habitación del hotel.

Por primera vez en varios días ambos sintieron algo parecido a la paz.

—¿Estás nervioso por el concierto? —preguntó ella.

—Un poco.

—¿Tú? ¿El gran Santiago nervioso?

—Aunque no lo creas.

—Lo vas a hacer increíble.

—¿Y cómo estás tan segura?

—Porque he visto cómo te mira la gente cuando cantas.

Santiago sonrió.

—¿Y tú cómo me miras?

La pregunta tomó a Darly por sorpresa.

Durante unos segundos se quedó observándolo.

Aquellos ojos.

Aquella sonrisa.

Aquella forma de verla como si fuera la única mujer del mundo.

—No lo sé —respondió finalmente.

—Sí lo sabes.

Ella apartó la mirada.

Porque sí lo sabía.

Y eso era precisamente lo que la asustaba.

Santiago tomó su mano entre las suyas.

—Darly...

—¿Sí?

—Gracias por estar aquí.

—No tienes que agradecerme nada.

—Sí tengo que hacerlo.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

—Porque estos últimos días han sido los mejores que he tenido en mucho tiempo.

El corazón de Darly dio un pequeño salto.

No esperaba escuchar algo así.

Mucho menos de él.

—Santiago...

—Es verdad.

Ella sintió cómo las emociones comenzaban a mezclarse dentro de su pecho.

Porque cada vez era más difícil ignorar lo evidente.

Se estaban involucrando demasiado.

Y ambos lo sabían.

Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta.

Los dos se sobresaltaron.

—Debe ser la comida —dijo Santiago.

—Ve antes de que se enfríe.

—No me quiero mover.

—Santiago...

—Cinco minutos más.

—La comida.

—Tú.

Ella soltó una carcajada.

—Eres imposible.

Finalmente él se levantó y fue a abrir.

Minutos después ambos estaban sentados frente a la pequeña mesa del hotel compartiendo el almuerzo.

La conversación fluyó con naturalidad.

Hablaron de música.

De viajes.

De recuerdos de infancia.

De sueños que nunca habían contado a nadie.

Y poco a poco las barreras fueron desapareciendo.

Era extraño.

Parecía que se conocían desde hacía años.

Cuando terminaron de comer, Darly se quedó observándolo en silencio.

Santiago notó aquella mirada.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Mientes.

—Solo estaba pensando.

—¿En qué?

Ella jugueteó con el vaso que tenía entre las manos.

—En que todo esto se está volviendo complicado.

La sonrisa de Santiago desapareció lentamente.

Porque entendía perfectamente a qué se refería.

—Lo sé.

—Y eso me asusta.

—A mí también.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

No era un silencio incómodo.

Era uno lleno de preguntas.

De dudas.

De sentimientos que ninguno sabía cómo manejar.

—Darly...

—¿Sí?

—Pase lo que pase después de este viaje...

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

—Quiero que recuerdes que conocerte ha sido algo muy especial para mí.

Las palabras golpearon directamente su corazón.

Y por primera vez desde que había llegado a su vida, Santiago vio brillar lágrimas en sus ojos.

No eran lágrimas de tristeza.

Eran emociones acumuladas.

Sentimientos que habían crecido demasiado rápido.

Demasiado fuerte.

Ella sonrió.

Una sonrisa pequeña pero sincera.

—Tú también has sido especial para mí.

Santiago tomó su mano nuevamente.

Y durante unos segundos ninguno habló.

No hacía falta.

A veces las palabras sobraban cuando dos personas comenzaban a entenderse de verdad.

Entonces sonó el teléfono.

Era Carlos.

El recordatorio de que la realidad seguía esperándolos afuera.

Santiago contestó.

—¿Sí?

—El bus llega en quince minutos.

—Entendido.

Colgó lentamente.

Darly ya sabía lo que eso significaba.

—Debes irte.

—Sí.

—Miles de personas te están esperando.

—Pero yo preferiría quedarme aquí.

Ella sonrió.

—Ve a cantar.

—¿Me esperarás?

—Claro que sí.

Santiago se inclinó y depositó un suave beso sobre su frente.

Un gesto sencillo.

Cariñoso.

Lleno de significado.

—Entonces prometo regresar lo más rápido posible.

Darly observó cómo comenzaba a prepararse para el concierto.

Y mientras lo hacía, una pregunta no dejaba de rondar su cabeza.

¿Qué iba a pasar con ellos cuando todo aquello terminara?

Porque cada día era más difícil negar la verdad.

Lo que había comenzado como una simple coincidencia se estaba convirtiendo en algo mucho más profundo.

Y ambos estaban empezando a enamorarse.

Sin saber si aquello terminaría siendo el mejor regalo de sus vidas...

o la herida más difícil de olvidar.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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