Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
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CAPITULO 18: "EL INVIERNO QUE REGRESÓ"
La lluvia dorada seguía elevándose alrededor del Luk’s Stray.
Miles de gotas ascendían lentamente hacia el océano invertido como brasas flotando en dirección equivocada.
Era tan hermosa que no podía apartar mi vista de ella.
La capitana dio un paso hacia nosotros.
—No la toquen demasiado tiempo.
Su voz cortó el silencio inmediatamente.
Kai levantó apenas una ceja.
—¿Por qué?
La mujer observó las gotas doradas atravesando el aire oscuro.
—Porque no es lluvia.
El viento húmedo agitó su abrigo negro.
—La Frontera transforma las cosas. El agua también.
Una gota cayó —o más bien ascendió— sobre la manga de cuero de la capitana.
La tela empezó a deshacerse lentamente.
Como ceniza consumiéndose desde dentro.
Kai abrió apenas los ojos.
La capitana apartó la manga sin mostrar reacción.
—Parece una bendición cuando la ves por primera vez.
Miró las gotas subir alrededor del barco.
—Pero si permanece demasiado tiempo sobre la piel… termina devorándote.
Observé mis dedos húmedos.
La gota que había tocado antes ya no estaba.
Pero aun así…
el recuerdo de aquella tibieza seguía allí.
La capitana notó mi expresión.
—La Frontera hace eso.
Su voz bajó.
—Te muestra maravillas mientras intenta destruirte.
Silencio.
El océano invertido rugió suavemente sobre nosotros.
A lo lejos, las corrientes gigantescas seguían girando dentro del cielo marino.
Kai terminó levantándose lentamente.
—Entonces este lugar está completamente loco.
—Todavía no viste nada.
Después su mirada se volvió seria, otra vez.
—Entren antes de que la lluvia aumente.
Giró sobre sus pasos y desapareció nuevamente dentro del barco.
La puerta se cerró.
Y otra vez quedó solo el sonido del océano…
y la lluvia ascendiendo.
Kai observó una gota dorada pasar frente a su rostro.
—Hermosa y mortal.
Suspiró.
—Empiezo a notar un patrón en este mundo.
Lo miré de reojo.
—¿Y cuál es?
Él apenas sonrió.
—Todo quiere matarnos.
—Eso no es un patrón. Es un hecho.
Kai soltó una risa baja.
Después estiró cuidadosamente la mano hacia una de las gotas… pero deteniéndose antes de tocarla.
—Sigo pensando que parece bonita.
Observé la lluvia ascendente rodeándolo.
Las gotas doradas reflejaban la luz en sus ojos grises.
Y por un momento…
se veía demasiado tranquilo para alguien atrapado en un mundo así.
Kai notó que lo estaba mirando.
—¿Qué?
Desvié la vista inmediatamente.
—Nada.
—Mentira.
—No estaba pensando nada.
—Otra mentira.
Fruncí el ceño.
Kai terminó sonriendo más esta vez.
—Te estás volviendo mucho peor mintiendo.
La lluvia siguió elevándose alrededor de ambos.
Dorando el aire oscuro.
No respondí enseguida.
Porque él tenía razón.
Antes era más fácil ocultar cosas.
Las emociones.
Los pensamientos.
Incluso el miedo.
Pero desde que él había aparecido…
todo parecía más difícil de mantener enterrado.
Eso era peligroso.
Kai apoyó los brazos sobre la baranda del barco mirando las estrellas inferiores.
—¿Sabes qué es lo más raro?
Lo observé.
—¿Qué?
Su sonrisa se volvió más pequeña.
—Que hace unos días ni siquiera sabía si eras capaz de hablar más de tres palabras seguidas.
Lo ignoré.
—Y ahora resulta que tienes opiniones, recuerdos y hasta haces sonidos raros de criatura nevada.
Una gota dorada atravesó entre nosotros.
—Mahua no era una criatura nevada.
Kai giró apenas la cabeza hacia mí.
—¿Ah, no?
Negué lentamente.
Y sin darme cuenta…
terminé hablando otra vez.
—Le gustaba dormir cerca del hielo porque absorbía calor demasiado rápido.
Kai escuchaba atento.
—Y odiaba el agua profunda.
Eso lo sorprendió.
—¿En serio?
Asentí.
—Una vez cayó dentro de una grieta congelada.
Mis labios se movieron apenas recordándolo.
—Estuvo enojado conmigo durante dos días completos.
Kai soltó una pequeña risa.
—¿Cómo sabes que estaba enojado?
Lo miré como si la respuesta fuera obvia.
—Porque me mordió.
Eso hizo que Kai se riera de verdad.
Fuerte esta vez.
La risa resonó entre el sonido del océano.
Y antes de detenerme…
yo también terminé sonriendo otra vez.
Pequeño.
Pero real.
Kai me observó unos segundos.
Después habló más despacio.
—Creo que te gustaba mucho.
Miré las estrellas inferiores.
Y sentí ese vacío extraño dentro del pecho.
Ese dolor tranquilo que nunca desaparecía del todo.
—Era mi familia.
Mi voz salió casi inaudible.
Kai dejó de sonreír.
No dijo “lo siento”.
No dijo nada inútil.
Solo permaneció ahí conmigo.
eso se sintió más cálido que cualquier palabra.
La lluvia dorada siguió elevándose alrededor del Luk’s Stray mientras ambos permanecimos apoyados sobre la baranda.
El océano invertido rugía lentamente arriba de nuestras cabezas.
El silencio no se sentía incómodo.
Kai observó cómo una corriente marina atravesaba el cielo oscuro.
—Todavía no entiendo cómo puedes soportar todo esto sin perder la cabeza.
—Tal vez ya la perdí hace tiempo.
Él soltó una risa baja.
—Eso explicaría muchas cosas.
Lo volví a mirar de reojo.
—Tú tampoco pareces normal.
—Nunca dije que lo fuera.
Una gota dorada ascendió y desapareció hacia las profundidades celestes.
Kai dejó escapar un suspiro lento.
Después habló sin mirarme.
—Aunque supongo que todos los que vienen a la Frontera tienen algo roto.
El viento agitó mi cabello.
Esa frase quedó flotando unos segundos.
Entonces pregunté:
—¿Y tú?
Kai giró apenas la cabeza.
—¿Yo qué?
—¿Por qué viniste?
Sus ojos grises volvieron hacia el océano invertido.
Durante un momento pensé que no respondería.
Pero después sonrió.
No era una sonrisa divertida.
Era cansada.
—Porque afuera ya no quedaba nada para mí.
El sonido del mar llenó el silencio.
—Todo empezó a sentirse vacío.
Lo observé sin interrumpirlo.
—Y entonces escuché historias sobre la Frontera.
Sus ojos siguieron las corrientes gigantescas del cielo marino.
—Lugares imposibles. Monstruos. Gente que desaparecía.
Soltó una pequeña risa seca.
—Pensé que si iba a morir algún día… al menos quería ver algo real antes.
Mi pecho se tensó.
Porque entendía demasiado bien esa sensación.
Kai finalmente me miró.
— Entonces, veniste a morir.
Le dije desviando la vista hacia las estrellas inferiores.
—Ya no recuerdo mi vida pasada, lo único que mantiene cuerdo es esta cruz.
El viento helado recorrió el barco.
— No recuerdo quien me la dió, pero, aún así, siempre estuvo conmigo.
La lluvia dorada siguió elevándose alrededor del Luk’s Stray.
Hasta que finalmente Kai se apartó de la baranda.
—Creo que si sigo aquí afuera voy a terminar disuelto como sopa brillante.
—Sería una muerte ridícula.
—Exactamente. Y merezco algo más épico.
Eso me arrancó otra pequeña sonrisa.
Kai la notó inmediatamente.
—Ahí está otra vez.
Fruncí el ceño.
—¿Qué cosa?
—Esa sonrisa.
Giré sobre mis pasos antes de responder.
—Buenas noches, Kai.
Escuché su risa detrás de mí.
—Buenas noches, criatura nevada.
Las habitaciones del Luk’s Stray crujían con cada movimiento del océano.
El cuarto era pequeño.
Oscuro.
Frío.
Pero aun así…
más cálido que la cueva donde había dormido antes.
Me recosté lentamente.
Y durante un largo rato…
escuché la lluvia dorada golpear el casco del barco mientras ascendía hacia el cielo.
Hasta que finalmente…
me dormí.
Nieve.
Blanca.
Interminable.
Otra vez estaba allí.
El invierno eterno.
El viento helado atravesaba montañas congeladas mientras la tormenta devoraba el horizonte completo.
Mis pies se hundían en la nieve.
Corría.
No sabía hacia dónde.
Pero algo detrás de mí estaba cayendo.
Escuché el rugido.
La cueva.
Giré bruscamente.
Y la montaña entera comenzó a derrumbarse.
Hielo.
Rocas.
Nieve.
Todo colapsando sobre sí mismo.
Las pequeñas criaturas aferradas al fuego.
Escuché chillidos.
Desesperación.
Entonces lo vi.
Mahua.
Sus ojos color aurora boreal brillaban entre la tormenta.
Pequeño.
Cubierto de nieve.
Intentando alcanzarme.
—¡Mahua!
Corrí hacia él.
Pero el suelo se quebró.
La montaña rugió.
Y toneladas de hielo descendieron desde arriba.
¡¡¡Mahuaaaaaaa!!!!
Después…
silencio.
Un silencio horrible.
Blanco.
Vacío.
Muerto.
Y entonces—
Abrí los ojos de golpe.
Respirando agitadamente.
El frío me atravesó inmediatamente.
No era normal.
El aire dentro de la habitación estaba congelado.
Pequeños cristales de hielo cubrían las paredes de madera.
Escuché gritos afuera.
Pasos.
Madera quebrándose.
El barco entero se inclinó.
Me levanté de inmediato.
Otro impacto estremeció el Luk’s Stray.
Escuché a alguien gritar en cubierta:
—¡CAEN MÁS PICOS!
Abrí la puerta de golpe.
El frío me golpeó como una pared.
Y cuando levanté la vista…
el océano invertido había cambiado.
Todo el mar del cielo estaba congelándose.
Kilómetros enteros de agua suspendida se convertían lentamente en hielo.
Gigantescas grietas azules recorrían el océano invertido.
Y enormes picos congelados comenzaban a desprenderse desde arriba.
Uno cayó a la distancia.
El impacto hizo temblar el barco entero.
La tripulación corría desesperadamente por cubierta.
Cuerdas tensándose.
Madera rompiéndose.
Algunos intentaban girar las velas mientras otros gritaban órdenes entre el caos.
La capitana estaba junto al timón.
El viento congelado agitaba violentamente su abrigo negro.
—¡Muevan el barco!
Otro estruendo sacudió el cielo.
Un bloque gigantesco de hielo descendió atravesando las nubes inferiores.
La capitana levantó la vista.
Me pareció realmente preocupada.
—Maldita sea…
El Luk’s Stray giró bruscamente.
El hielo cayó apenas a unos metros del barco.
La explosión de viento congelado lanzó a varios al suelo.
Escuché otra puerta abrirse detrás de mí.
Kai apareció en cubierta todavía medio desorientado.
Su cabello oscuro estaba revuelto y llevaba la chaqueta mal cerrada.
—¿Qué demonios—?
Entonces levantó la vista.
Y se quedó completamente inmóvil.
El océano congelado crujió sobre ellos.
Como un mundo entero rompiéndose lentamente.
Otro pico comenzó a desprenderse desde arriba.
Mucho más grande que los anteriores.
Y estaba cayendo directamente hacia el Luk’s Stray.