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Marcada Por El Pecado

Marcada Por El Pecado

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Romance oscuro
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naimastran

Valentina descubre que su novio no solo le es infiel, sino que forma parte de la mafia. Lo que no esperaba era cruzarse con Dante Moretti, un hombre tan peligroso como irresistible, que decide convertirla en su obsesión. Atrapada entre traición, poder y deseo, Valentina deberá sobrevivir en un mundo donde amar puede ser la peor condena.

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El cambio después de ese momento no fue inmediato ni evidente hacia afuera, no hubo una ruptura visible en la dinámica, ni una escena dramática que marcara un antes y un después de forma clara, pero dentro de Valentina algo se había desplazado de manera irreversible, como si una barrera que había sostenido con esfuerzo durante todo ese tiempo finalmente hubiera cedido sin posibilidad de reconstruirse, y esa sensación no se manifestaba como tranquilidad ni como certeza, sino como una mezcla compleja de inquietud, atracción y una conciencia cada vez más clara de que ya no estaba jugando en los márgenes, de que ya no podía observar desde afuera lo que sucedía entre ella y Dante, porque ahora formaba parte de eso, completamente, sin reservas, sin distancia real, y mientras permanecía en ese mismo espacio, aún demasiado cerca de él, con la respiración todavía alterada y la mente intentando alcanzar a su cuerpo que ya había reaccionado antes, entendió que el problema ya no era lo que él provocaba, sino lo que ella permitía, lo que elegía no detener, lo que empezaba a aceptar incluso cuando sabía que no debía hacerlo.

Dante no se apartó completamente, y esa cercanía sostenida no fue casual, fue una decisión silenciosa que hablaba más que cualquier palabra, porque no intentaba suavizar lo ocurrido ni retroceder a un punto anterior donde todo pudiera volver a ser ambiguo, al contrario, su postura indicaba que aquello que había pasado no era un error ni un impulso momentáneo, sino una confirmación, una línea cruzada de forma consciente, y en su mirada no había duda ni cuestionamiento, solo esa intensidad constante que ahora se sentía más directa, más clara, como si ya no tuviera necesidad de contenerse o de ocultar lo que quería, y eso, lejos de generar una reacción inmediata de rechazo en Valentina, la dejó en una posición aún más vulnerable, porque no había contradicción en él, no había señales de arrepentimiento a las que pudiera aferrarse para recuperar distancia, todo en Dante era coherente con lo que hacía, con lo que decía, con lo que proyectaba, y esa coherencia era lo que más la desarmaba.

El silencio entre ellos no era incómodo, pero tampoco era liviano, estaba cargado de una tensión distinta, más íntima, más profunda, como si todo lo que no se había dicho durante tanto tiempo ahora se concentrara en ese espacio reducido, en esa cercanía que ninguno rompía, y fue en ese punto donde Valentina se obligó a dar un paso atrás, no porque quisiera realmente alejarse, sino porque necesitaba recuperar algo de control, una mínima distancia que le permitiera pensar con claridad, aunque esa claridad ya no fuera tan accesible como antes.

—Esto no puede seguir así —murmuró, aunque su voz no tenía la firmeza que intentaba imponerle, porque incluso mientras lo decía, sabía que no era una afirmación absoluta, sino más bien un intento de sostener algo que ya estaba debilitándose.

Dante la observó sin moverse, y en su expresión no hubo sorpresa ni desacuerdo inmediato, solo una atención completa, como si analizara no solo la frase, sino la intención real detrás de ella.

—Ya está pasando —respondió, y su tono no fue desafiante, sino simple, directo, casi inevitable.

Valentina negó levemente con la cabeza, pasando una mano por su cabello en un gesto inconsciente que delataba su tensión interna, su lucha por mantenerse en un lugar donde todavía pudiera tomar decisiones que no estuvieran completamente influenciadas por lo que sentía.

—No de esta forma —insistió, aunque cada palabra parecía perder peso antes de terminar de salir.

Dante dio un paso hacia ella nuevamente, reduciendo la distancia que ella había intentado crear, pero sin apresurar el movimiento, sin invadirla de golpe, como si supiera que ese acercamiento era inevitable, que no necesitaba forzarlo porque ella no iba a sostener la distancia por mucho tiempo.

—¿Entonces de qué forma? —preguntó, y esa pregunta no buscaba una respuesta lógica, sino exponer la contradicción que ella misma estaba enfrentando.

El silencio que siguió fue más revelador que cualquier explicación, porque Valentina no tenía una respuesta clara, no una que pudiera sostener frente a él sin sentirse incoherente con lo que acababa de pasar, con lo que había permitido, con lo que había sentido.

—No lo sé —admitió finalmente, y esa honestidad, aunque mínima, cambió algo en el ambiente, porque eliminaba la ilusión de control que intentaba mantener.

Dante inclinó apenas la cabeza, observándola con una intensidad que ya no era solo posesiva, sino también analítica, como si estuviera entendiendo cada parte de su conflicto interno sin necesidad de que ella lo explicara en detalle.

—Entonces no es una cuestión de cómo —dijo—, es una cuestión de si querés o no.

El impacto de esa frase fue inmediato, porque reducía todo a una elección directa, sin matices, sin zonas grises donde pudiera esconderse, y eso era lo que más le costaba enfrentar, porque implicaba asumir que no estaba ahí por obligación, ni por falta de opciones, sino porque una parte de ella lo estaba eligiendo.

Antes de que pudiera responder, el sonido de un mensaje entrante rompió el momento, cortando esa línea de tensión con una brusquedad que no eliminó lo que había entre ellos, pero sí lo desplazó hacia un plano distinto, más urgente, más concreto.

El teléfono de Valentina vibró en su mano, y cuando miró la pantalla, su expresión cambió de inmediato.

Santiago.

Otra vez.

El nombre ya no era solo un recordatorio del pasado, sino una pieza activa dentro de todo lo que estaba ocurriendo, y eso hizo que su pulso se acelerara de una forma distinta, más ligada a la inquietud que a la emoción.

Dante lo vio.

Y esta vez no hubo disimulo.

Su mirada se oscureció de forma evidente, no con una explosión inmediata, sino con un cambio más profundo, más controlado, pero igualmente peligroso, como si ese simple detalle reactivara algo que no había terminado de resolverse.

—Abrilo —dijo.

No fue una orden elevada.

Pero tampoco fue opcional.

Valentina dudó solo un segundo antes de hacerlo, no porque quisiera ocultarlo, sino porque sabía que lo que viniera después iba a complicar aún más la situación.

El mensaje era corto.

Directo.

Demasiado claro.

“Esto no terminó. Y ahora ella también está en peligro.”

El aire se volvió frío.

Pesado.

Inmóvil.

Valentina levantó la mirada lentamente, sintiendo cómo esa frase volvía a cambiar todo, cómo lo que ya era complicado ahora se volvía más oscuro, más urgente, más real.

—¿Qué significa esto? —preguntó, pero esta vez su voz no iba dirigida solo a Dante, sino también a esa realidad que no terminaba de comprender del todo.

Dante no respondió de inmediato, pero su expresión se cerró aún más, como si esa información encajara en algo que él ya sospechaba, como si confirmara una línea que venía trazándose desde antes.

—Significa que ya no es solo un problema entre ellos —murmuró finalmente.

Valentina sintió cómo su cuerpo se tensaba.

—¿Entre quiénes?

Dante la miró directamente.

—Entre todos.

El silencio que siguió no fue solo tensión.

Fue comprensión.

Porque en ese instante, Valentina entendió que lo que estaba viviendo ya no era una situación contenida, no era algo que pudiera resolverse entre cuatro paredes, no era solo una cuestión emocional o personal.

Era algo mucho más grande.

Y ahora, también la había alcanzado a ella

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