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La Pasajera Del Asiento Trasero

La Pasajera Del Asiento Trasero

Status: En proceso
Genre:Terror / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:186
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Yo creo que debe quedarse más tiempo

Noelia recibió la trágica noticia, el doctor le tuvo que decir la verdad.

Eso no puede ser, debe de haber un error, Noelia estaba desconsolada. Quiero ver a mi hijo.

No tiene caso, el bebé está muerto, ¿para qué quiere torturarse?

Soy su madre, tengo derecho.

Está bien, ordenaré que se lo traigan.

Más tarde.

Noelia no paraba de llorar, tenía a su hijo muerto en sus brazos.

Séfora sentía pena por ella.

Ya se van a llevar a Jesús, susurró Séfora.

¿Jesús?

Sí, perdón, el sacerdote vino a bautizarlo, tú estabas dormida.

Noelia no dijo nada, dejó que se llevaran al niño.

No podía contener las lágrimas.

Una semana después, Jesús fue sepultado.

Noelia guardó la cuarentena, pero, dato curioso, no sentía para nada que hubiera parido.

Regresó a la florería con Séfora. Aunque el ambiente era tenso dado lo recién ocurrido.

Noelia era fuerte y se recuperó pronto.

Séfora que siempre ha sido muy intuitiva, veía rara a Noelia. Era como si ella estuviera presente en cuerpo, pero en alma parecía ausente.

Noelia, a ti te pasa algo, te noto rara desde antes de que perdieras a tu hijo.

¿Ya vas a empezar, Séfora?, estoy bien, aunque no recuerdo muchas cosas. Y ahora, vamos a trabajar que para eso te pago.

Séfora dio un gran suspiro y se fue a la bodega a continuar con su trabajo.

Séfora.

¿Qué le estará pasando?, desde que perdió a Jesús ella esta muy rara. Ya de por sí, desde que sufrió el infarto ya estaba rara, y ahora está peor. Como si no estuviera viva.

Algo raro está pasando, pero, ¿qué será? Ella ya no ha vuelto a ser la misma. Esto sí que da miedo.

Visitaré al sacerdote que bautizó a Jesús, de seguro él sabrá qué hacer.

Dejaré pasar unos días más, a ver si se compone. En caso contrario, iré a visitar al sacerdote.

Espero que no sea nada malo.

.

.

Esa mujer está en la tierra cuando debería estar aquí con nosotras. ¿Acaso no está muerta también?, susurró Catalina.

Sí, pero ella tiene algo que hacer allá por eso no está aquí, dijo Victoria.

¿Qué es lo que tiene que hacer?, preguntó Catalina.

Pues no sé, era obvio que el bebé hubiera nacido muerto. Tal vez no dure mucho allá, alguien se tiene que dar cuenta de todo.

El tipo que estaba con Victoria se acercó a ellas, ¿qué, ya son amigas?

Para nada, jamás tendría una amiga como esta, dijo Victoria.

Ni yo tampoco, dijo Catalina.

Ha pasado casi un año y no veo claro, dijo Victoria.

Polo está loco, ¿no es suficiente? Esta vez, jamás saldrá de ese lugar.

Yo quiero más, él me engañó con esa tipa, dijo señalando a Catalina.

De acuerdo, mañana le haré una visita. Dijo Dámaso.

Eso espero, porque ya no soporto que él esté vivo y yo no. Además, todo es por su culpa, dijo Victoria a punto de perder la poca razón que le quedaba.

Él está loco en ese manicomio.

No es suficiente, la locura te aparta de la realidad, y no sufres.

Está bien, Victoria, se hará como tú quieras.

.

.

Polo mejoraba en ocasiones, ese día se veía muy despreocupado, le habían puesto una tarea para que se despejara y que pudiera salir de ahí.

Pero, contrario a lo que pensaban, Polo se sentía mal, siempre tenía la sensación de que alguien lo observaba, se sentía acosado, pero no veía a nadie, solo sentía su presencia.

No quería hablar con nadie, hasta parecía que ya se le había olvidado hablar.

A través del cristal Polo era observado por el doctor en guardia 24/7.

Al día siguiente, hubo una reunión de doctores justo del otro lado del cuarto de Polo.

El doctor Fernández proponía dar de alta a Polo, ya llevaba cinco meses en ese lugar y no veía nada anormal en él.

Este hombre ya está bien, no tiene caso que siga aquí.

Opino lo mismo, yo tampoco le veo nada mal, dijo el doctor Arriaga.

El doctor Riojas iba a decir algo, pero algo ocurrió con Polo.

¡Miren!, dijo.

(Dentro del cuarto de Polo).

Hola, Dámaso entró por quién sabe dónde.

¿Quién eres?, dijo Polo.

 Vengo de parte de Victoria.

Al escuchar ese nombre Polo se puso a la defensiva.

Ella está muerta, ¿por qué insiste en visitarme?

Ella quiere venganza, y mientras eso no suceda, jamás abandonará el lugar de los vivos.

Pero, ¿qué quiere de mí?, Polo temblaba como gelatina en su punto.

Tú la mataste, aflojaste los frenos y le diste pastillas alucinógenas, por eso creyó ver a alguien y luego, cuando quiso frenar ya no le fue posible; muriendo en el intento.

Tú, ¿cómo sabes todo eso?, no entiendo. Los nervios afloraron en Polo, ahora temblaba más que el sismo del 85.

Afuera, los doctores escuchaban con atención, solo oían la voz de Polo; para ellos él estaba solo en ese cuarto.

¿Con quién habla?, ¿qué es lo que sabe, y quién?, dijo el doctor Fernández.

Yo creo que más que nunca debe permanecer aquí, dijo el doctor Arriaga.

Ellos siguieron observando y escuchando.

Polo aventó una almohada al vacío, ¡déjame en paz!

Jajaja, vendré otro día, no te voy a dejar en paz. Tienes que pagar por lo que le hiciste a Victoria.

¡Yo no la maté!, fue un accidente. Yo no maté a Victoria.

Claro que sí, y vas a pagar.

Dámaso se fue así como entró.

Polo se aventó a la pared blanca cubierta de hule espuma para que no se dañara a golpearse.

Estaba muy nervioso, aterrorizado, ya no hallaba qué hacer. Polo se jalaba el cabello, sin estar muy consciente. Lo único que quería era dejar de escuchar esas voces.

Luego, se golpeó la cabeza, incapaz de quitar todo el ruido que escuchaba.

¡Ya cállate!

Los tres doctores corrieron a auxiliarlo.

Rápido, un sedante.

Poco después, Polo dormía profundamente.

Yo creo que debe quedarse más tiempo, dijo el doctor Fernández.

Los otros dos doctores estuvieron de acuerdo.

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