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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Rituales fúnebres: parte II

La duquesa sintió cómo el dolor le atravesaba el pecho.

—Los están preparando para el ritual fúnebre —respondió intentando mantener la compostura—Mañana, durante la ceremonia, te llevaré a despedirte de ellos.

Acarició una vez más su cabello antes de añadir suavemente:

—Pero ahora debes descansar.

Aralisse asintió lentamente.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el brazo de la duquesa, buscando refugio en aquel pequeño gesto de calidez. Un último sollozo, más suave y agotado, escapó de sus labios antes de dormirse por completo.

La duquesa la rodeó con ambos brazos, protegiéndola, calmandola, tratabdo de darle un poco de seguridad.

Y mientras la noche caía sobre el castillo, el silencio comenzó a envolver cada rincón de Lysirah.

Un silencio pesado.

Doloroso.

Como si incluso las paredes comprendieran que algo irremplazable acababa de perderse.

La primera luz del amanecer iluminó los largos pasillos del castillo Lysirah despertaba sumida en el luto.

La noticia de la muerte de los reyes ya había recorrido cada rincón del reino. En las calles, la gente caminaba cabizbaja, intercambiando murmullos apagados y miradas cargadas de tristeza e incertidumbre.

Y dentro del castillo, el duelo se volvía casi tangible. Nobles, cortesanos y sirvientes se desplazaban por los pasillos, vestidos completamente de negro mientras preparaban la capilla para la ceremonia funeraria.

El aroma del incienso comenzaba a extenderse lentamente por las salas.

Y la tensión en el ambiente era casi insoportable.

Todos contenían el dolor en silencio, conscientes de que aquel no era solo el funeral de los reyes… era el inicio de una nueva era para Lysirah.

El carruaje funerario abandonó lentamente el castillo.

Tal y como dictaba la antigua tradición de Lysirah, los reyes debían recorrer por última vez las calles del reino para que su pueblo pudiera despedirse de ellos.

Aralisse encabezaba la procesión.

A pesar de su corta edad, avanzaba intentando mantener la compostura que se esperaba de una heredera. Los cuerpos de sus padres descansaban dentro de ataúdes de mármol negro adornados con delicadas incrustaciones doradas que reflejaban, incluso en la muerte, la majestuosidad de la corona.

Detrás de ella caminaban Myrelle de doce años y el pequeño Lyrien de cinco.

Sus pasos eran cortos y silenciosos. Ambos tenían el rostro pálido y los ojos llenos de confusión, incapaces todavía de comprender por completo la magnitud de la pérdida… ni el peso de las miradas llenas de lástima que el reino depositaba sobre ellos.

A los costados del recorrido, miles de ciudadanos observaban en absoluto silencio.

Algunos inclinaban la cabeza.

Otros lloraban discretamente.

Thalindra y Alaric, debido a su condición de hijos ilegítimos, no podían caminar junto a sus hermanos menores durante la procesión oficial.

Se conformaron con permanecer varios pasos atrás, mezclados entre nobles y cortesanos, observando con respeto e impotencia cómo los únicos autorizados para despedir formalmente al rey eran los hijos nacidos de la reina Elyndra.

Al llegar al salón de rituales, la atmósfera se volvió todavía más triste.

Las enormes puertas de piedra fueron abiertas lentamente mientras los guardias reales despejaban el paso.

Por tradición, únicamente la familia real, los nobles de sangre y los miembros del consejo podían ingresar al recinto principal para presenciar la despedida de los monarcas. El resto de los asistentes permanecía afuera, respetando el orden y la jerarquía impuesta por las antiguas costumbres de Lysirah.

El aroma del incienso llenaba el lugar.

Decenas de velas iluminaban las paredes adornadas con antiguos símbolos de la diosa Lyriah, proyectando sombras largas y temblorosas sobre el mármol oscuro del salón.

—Hoy… —anunció el sumo sacerdote con una voz grave y cargada de melancolía —En esta mañana marcada por la tristeza, despedimos con el corazón roto al rey Evandor Eldenry y a la reina Elyndra Hankwinter, soberanos de Lysirah.

El eco de sus palabras recorrió lentamente el recinto.

Y por un instante… el reino entero pareció guardar silencio junto con ellos.

Según la antigua tradición de Lysirah, la heredera debía ungir los ataúdes reales con aceite bendito.

Aquel ritual simbolizaba la gratitud del reino hacia sus soberanos por los años de servicio entregados a la corona. También representaba la liberación de las cargas terrenales y el deseo de que sus espíritus ascendieran hacia la diosa Lyriah envueltos en paz.

El salón entero observó en absoluto silencio cuando Aralisse dio un paso al frente.

Sus pequeñas manos temblaban ligeramente mientras sostenía el recipiente ceremonial de cristal dorado.

La princesa vertió cuidadosamente el aceite sobre ambos ataúdes siguiendo cada movimiento que el sumo sacerdote le indicaba en voz baja.

Y, aun así, intentaba mantenerse firme.

—Prometo… —susurró con lágrimas acumulándose en sus ojos— que me esforzaré por ser digna de su sacrificio.

Su voz se quebró al final.

Con extrema delicadeza, inclinó la cabeza y besó primero el ataúd de su madre… y después el de su padre.

Era la despedida de las personas que más había amado en toda su vida.

Y mientras lo hacía… el vacío dentro de ella parecía crecer cada vez más.

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