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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El consejo real: parte I

No habían transcurrido ni quince días desde la muerte de los reyes y el consejo real ya había convocado una junta urgente para decidir el rumbo de Lysirah.

La tensión dentro de la sala era sofocante.

Los ministros discutían desde hacía horas alrededor de la enorme mesa de roble oscuro, cubierta de documentos, sellos reales y mapas del reino.

Afuera, la lluvia golpeaba suavemente los ventanales, acompañando el ambiente pesado que dominaba la reunión.

—Una vez más, no entiendo la premura de esta reunión —dijo la duquesa Valery con evidente tensión en la voz—. Les recuerdo que la familia real continúa de luto por nuestros soberanos.

Varios miembros del consejo evitaron mirarla directamente.

Llevaban más de tres horas encerrados en aquella sala y, aun así, la discusión parecía avanzar en círculos, sin acercarse realmente a ningún acuerdo.

—Duquesa —intervino el tercer ministro con aquella cortesía rígida tan común entre los políticos del reino—, usted es ahora la guardiana oficial de los herederos. Su presencia en las juntas de estado resulta imprescindible.

Valery sostuvo la mirada del hombre durante unos segundos.

Sabía perfectamente que aquella reunión no tenía como prioridad el bienestar de los niños.

El consejo estaba preocupado por algo mucho más importante.

El vacío que había dejado la corona.

—Esa parte la entiendo —respondió Valery soltando un suspiro contenido—. Pero sigue siendo demasiado pronto para discutir asuntos de estado. El periodo oficial de luto ni siquiera ha terminado.

El primer ministro golpeó la mesa con evidente impaciencia, haciendo que el sonido seco resonara por toda la sala y obligando a los presentes a guardar silencio.

—El reino lleva quince días sin un monarca oficial —declaró con dureza—. Orvenah podría aprovechar esta debilidad y atacar en cualquier momento. No podemos seguir esperando.

Un murmullo incómodo recorrió el consejo.

—Les recuerdo —intervino otro de los consejeros elevando la voz con visible molestia— que Aralisse Gwendolyn Eldenry es la legítima heredera al trono. La línea de sucesión no está en discusión.

Sus ojos recorrieron lentamente la mesa antes de continuar:

—Heredar la corona es su deber… y también su derecho de nacimiento.

La tensión dentro del salón aumentó de inmediato.

Porque todos los presentes sabían perfectamente que el problema no era quién debía heredar el reino… sino si una joven sin experiencia sería capaz de conservarlo.

—¡Es una niña! —interrumpió el conde Milinton con evidente desprecio—. Apenas tiene catorce años. No sabe absolutamente nada sobre gobernar. Si la sientan en el trono, será el fin de Lysirah.

Un silencio incómodo se extendió inmediatamente por la sala.

La duquesa Valery se puso de pie lentamente.

Sus movimientos fueron tranquilos, calculados… pero la dureza en su mirada hizo que varios consejeros evitaran sostenerle los ojos.

—Sé perfectamente hacia dónde se dirige esta conversación —declaró con voz firme—. Y no pienso permitirlo.

Sus palabras atravesaron el salón con una amenaza elegante.

—No voy a quedarme sentada mientras intentan arrebatarle la corona a mi sobrina.

La repulsión que sentía hacia algunos de los hombres presentes resultaba imposible de ocultar.

—Y les juro algo —continuó—: antes de que cualquiera de ustedes intente beneficiarse de la desgracia de mi familia, mandaré llamar a mi padre… el rey de Vaelirah.

Aquello provocó tensión inmediata entre los ministros.

—Y si es necesario —añadió sin apartar la mirada de ellos—, Vaelirah defenderá la legítima línea de sucesión de Lysirah.

El consejo entero quedó en silencio.

Porque todos entendían perfectamente lo que esas palabras significaban.

Aquello ya no era solo un conflicto interno.

Podría convertirse en una guerra, sino atacaba Orvenah, lo podría hacer el reino de Vaelirah, el único reino mágico.

El murmullo dentro de la sala comenzó a crecer lentamente.

Algunos consejeros asentían discretamente, otros evitaban levantar la mirada, pero una idea ya empezaba a tomar forma entre susurros.

Una regencia...

—Entonces propongo nombrar un regente —intervino finalmente el duque de Corwyn—. Hasta que la princesa alcance la edad necesaria para ascender oficialmente al trono, alguien deberá gobernar en su nombre.

Varias miradas comenzaron a cruzarse alrededor de la mesa.

—De esa manera —continuó el duque —Aralisse tendrá tiempo para prepararse adecuadamente y convertirse en una soberana competente para el reino.

Poco a poco, varios lores, ministros y miembros del consejo comenzaron a asentir, mostrando su aprobación hacia la propuesta.

Valery observó la escena en silencio.

Y comprendió, con un amargo nudo en el pecho, que la decisión prácticamente ya estaba tomada.

No estaban intentando destronar a Aralisse.

Estaban intentando controlar el reino… a través de ella.

La duquesa dejó escapar un suspiro contenido mientras apretaba la mandíbula con fuerza.

Odiaba aquella idea.

Pero también entendía que enfrentarse abiertamente al consejo en ese momento solo empeoraría la situación de su sobrina.

Así que cedió.

Porque, por ahora, aquello era lo único que podía hacer para seguir protegiendo a Aralisse.

—Bien —dijo finalmente Valery, obligándose a mantener la compostura—. Permitiré que alguien gobierne hasta que Aralisse esté preparada para asumir el trono.

Un murmullo inmediato recorrió la sala.

La tensión cambió casi al instante.

Porque ahora la verdadera discusión apenas comenzaba.

Lord Mikiells, tío materno de Alaric y Thalindra, aprovechó la oportunidad antes de que alguien más pudiera intervenir.

—Entonces propongo al hijo mayor del rey, Alaric —declaró con una voz firme y perfectamente calculada.

Varias miradas se dirigieron inmediatamente hacia él.

—Es competente en batalla, un estratega capaz y, además, acompañó a Su Majestad en numerosas campañas militares.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en el rostro del lord mientras continuaba:

—Es cierto que aún carece de experiencia administrativa, pero con la guía de este consejo, Lysirah permanecerá estable durante la transición.

Valery reaccionó de inmediato.

—No estoy de acuerdo.

La firmeza en su voz hizo que varios ministros guardaran silencio.

Sus ojos se clavaron directamente sobre Lord Mikiells.

Porque comprendía perfectamente lo que estaba ocurriendo. Era una lucha silenciosa por acercarse al poder.

Lord Mikiells sonrió con una suficiencia apenas disimulada.

—Usted es una princesa extranjera… y la hermana de la fallecida reina —declaró lentamente, dejando que cada palabra pesara dentro del salón—. No posee voz ni voto dentro de este consejo. Su función se limita únicamente a actuar como guardiana temporal de los herederos.

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