Alexa Hills desprecia a su jefe, el arrogante y poderoso Azkarion DArgent, casi tanto como a su asfixiante deuda. Sin embargo, cuando un oscuro incidente destruye su estabilidad, la renuncia parece su única salida... hasta que Azkarion le presenta una oferta imposible de rechazar.
A cambio de su libertad financiera, Alexa deberá firmar un contrato de matrimonio y entregarse al mundo de un hombre con obsesiones ocultas y una tentación secreta que roza lo prohibido. Atada por un papel y rodeada de lujos peligrosos, Alexa descubrirá que el mayor riesgo no es el contrato, sino sucumbir a los deseos irresistibles que su "esposo" despierta en ella.
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capitulo 24
Me puse de pie, sintiendo que el aire en la oficina se volvía más denso. La magnitud de la traición era abrumadora. El hombre que nos había destruido era su propia sangre. Sin pensar, me lancé a sus brazos de nuevo. Necesitaba el contacto físico para no desmoronarme ante la revelación. Azkarion me recibió con una urgencia que rompió cualquier barrera profesional que aún quedara en esa oficina.
Me levantó del suelo y me sentó sobre el escritorio, rodeando mi cintura con sus piernas mientras sus manos buscaban la cremallera de mi vestido. La sensualidad del momento era una válvula de escape para la presión de la guerra inminente. Sus besos eran exigentes, marcando mi piel como si quisiera tatuar su lealtad en mí antes de enviarme a territorio enemigo. En la penumbra de la oficina, con las luces de la ciudad como único testigo, nos entregamos a una pasión que era mitad amor y mitad desesperación.
—Recuerda —susurró él contra mi oído, su aliento cálido enviando oleadas de fuego por mi cuerpo—, mañana por la noche, ante las cámaras, me odiarás. Me llamarás monstruo. Me dejarás frente a todos. Pero cuando las luces se apaguen y Marcus crea que te tiene en su poder, recuerda este momento. Recuerda quién eres realmente.
—Soy Alexa Hills de DArgent —respondí, mi voz vibrando con una fuerza que me sorprendió—. Y voy a quemar el imperio de tu tío hasta los cimientos.
Él sonrió, una curva de orgullo y deseo que me hizo darme cuenta de que, a pesar de los sesenta capítulos planificados, nuestra historia era algo que ningún contrato podía contener.
Pasamos el resto de la noche en el ático de la torre, trazando el plan. Azkarion me mostró los puntos débiles de Marcus: su arrogancia y su debilidad por las mujeres que parecen necesitar rescate. Entrenamos las respuestas, las miradas, el lenguaje corporal. Debía parecer una mujer al borde de un colapso nervioso, lista para traicionar al hombre que la había "esclavizado".
Al amanecer, mientras el sol teñía de naranja el horizonte de Nueva York, me miré en el espejo del vestidor. Azkarion se acercó por detrás y me puso un collar diferente. No eran zafiros, sino diamantes negros.
—Estos pertenecieron a mi abuela —dijo, cerrando el broche—. Ella decía que el negro es el color de la protección más absoluta. Llévalos hoy.
—Parecen el uniforme de una villana —comenté con una sonrisa triste.
—En esta historia, Alexa, a veces hay que jugar a ser la villana para que los verdaderos monstruos salgan a la luz.
El día transcurrió en un borrón de preparativos. Los medios de comunicación ya estaban especulando sobre nuestra "crisis" debido a los rumores que Azkarion se encargó de filtrar cuidadosamente. Al llegar a la gala de beneficencia, el asedio de los periodistas fue brutal. Azkarion actuó con una frialdad exagerada, ignorándome en la alfombra roja y dándome órdenes bruscas frente a los fotógrafos. Mi papel de esposa humillada y al límite estaba funcionando a la perfección.
Entramos en el gran salón del Hotel Pierre. El lujo era cegador: lámparas de cristal de roca, orquestas de cámara y la élite de Nueva York luciendo sus mejores galas. Pero mi mirada buscaba a una sola persona. Marcus DArgent.
Lo vi al fondo del salón, rodeado de senadores y magnates. Parecía una versión más refinada y envejecida de Azkarion, con un cabello canoso impecable y una sonrisa que nunca llegaba a sus ojos. Al vernos entrar, se despidió de su grupo y caminó hacia nosotros con una elegancia de depredador.
—Azkarion, sobrino —dijo, abrazándolo con una falsedad que me dio escalofríos—. Qué alegría verte después de tu... aventura en Europa. Y tú debes de ser la encantadora Alexa. Las fotos no te hacen justicia.
—Tío Marcus —respondió Azkarion con voz gélida—. No sabía que habías regresado de tu retiro.
—El mundo de los negocios nunca duerme, muchacho. Y menos cuando la familia DArgent está en todos los titulares.
Marcus tomó mi mano y la besó, manteniendo el contacto visual un segundo más de lo necesario. Sentí una repulsión instintiva, pero mantuve mi máscara. Mis ojos estaban ligeramente enrojecidos gracias al maquillaje y mi mano tembló ligeramente a propósito.
—Parece que la vida matrimonial en Nueva York es agotadora, querida —murmuró Marcus, bajando la voz—. Si alguna vez necesitas un oído imparcial fuera de la influencia de mi impulsivo sobrino, ya sabes dónde encontrarme.
—Ella no necesita nada fuera de mi alcance, Marcus —intervino Azkarion con una brusquedad fingida, tomándome del brazo con demasiada fuerza—. Vamos, Alexa. Tenemos que saludar a los Miller.
Me dejó allí, prácticamente arrastrándome, mientras Marcus nos seguía con una mirada calculadora. El escenario estaba listo. La trampa estaba puesta, y yo era el cebo que Marcus no podría resistir.
A mitad de la cena, llegó el momento culminante. Durante el brindis principal, Azkarion hizo un comentario deliberadamente humillante sobre la gestión de mi padre frente a los invitados más influyentes. Fue la señal. Me levanté de la mesa con estrépito, tirando la copa de vino tinto sobre el mantel blanco.
—¡Basta, Azkarion! —grité, mi voz resonando en el silencio repentino del salón—. ¡No voy a permitir que sigas insultando a mi familia para alimentar tu ego! ¡El contrato no decía que tenías derecho a pisotear mi dignidad!
—¡Siéntate, Alexa! —respondió él, su rostro fingiendo una furia ciega—. Estás haciendo un espectáculo.
—¡El espectáculo eres tú y tu obsesión por el control! —me arranqué el collar de diamantes negros y lo tiré sobre la mesa—. ¡Me voy! ¡Y esta vez no vas a detenerme con tus abogados!
Salí corriendo del salón, ignorando los flashes de los teléfonos que captaban cada segundo del drama. Me refugié en la terraza exterior, fingiendo sollozos desesperados. El aire frío de la noche me golpeó, pero no me moví. Sabía que alguien me seguiría.
Pasaron apenas dos minutos antes de que escuchara el sonido rítmico de un bastón sobre el mármol. Marcus DArgent apareció en las sombras, envuelto en una capa de lana fina.
—Shhh, querida. No llores. El mundo no merece ver esas lágrimas —dijo, acercándose y poniéndome su capa sobre los hombros. El olor a tabaco caro y a una colonia antigua me rodeó—. Azkarion siempre fue un bruto. Nunca supo apreciar lo que tenía delante.
—Solo quiero que esto termine, Marcus —dije, mirándolo con una vulnerabilidad que me costó cada gramo de mi voluntad—. Él me tiene atrapada. Mi padre... las deudas...
—Yo puedo hacer que todo eso desaparezca, Alexa. Yo soy el verdadero jefe de esta familia. Si me entregas los códigos de acceso a la base de datos de NovelToon que Azkarion te confió, te prometo que mañana mismo estarás en un avión a donde quieras, con tu padre libre de cargos y una cuenta bancaria que nunca se agotará.
—¿Lo haría de verdad? —pregunté, acercándome a él.
—Por supuesto. La familia debe cuidarse entre sí. Y tú, Alexa, mereces pertenecer a la parte de la familia que sabe cómo tratar a una Reina.
Marcus me tomó del mentón, su cercanía era una amenaza silenciosa. En ese momento, sentí que la red se cerraba. Él creía que me tenía. No sabía que en mi bolso, el micrófono de Argos estaba transmitiendo cada palabra directamente al equipo de grabación de Azkarion.
—Acepto —susurré—. Pero necesito protección. Él me encontrará.
—No te preocupes. Esta noche te quedarás en mi residencia privada. Allí, ni siquiera el todopoderoso Azkarion puede entrar.
Mientras Marcus me guiaba hacia su limusina privada, vi a través del cristal a Azkarion en la distancia. Estaba apoyado en la barandilla de la otra terraza, fumando un cigarrillo, con una expresión de derrota absoluta para el mundo. Pero cuando nuestros ojos se cruzaron por un segundo, vi el destello de la victoria. La fase cuatro de nuestro plan acababa de comenzar.
Al entrar en la mansión de Marcus, una propiedad fortificada en el Upper East Side, me di cuenta de la magnitud del peligro. No era solo una casa; era una central de inteligencia. Marcus me llevó a su biblioteca personal y me sirvió una copa de coñac.
—Aquí estaremos tranquilos, querida. Mañana por la mañana, cuando me des los códigos, este contrato de pesadilla será solo un mal recuerdo.
—¿Puedo dárselos ahora? —pregunté, fingiendo una urgencia nerviosa—. Quiero terminar con esto.
—Esa es mi chica —sonrió él, abriendo su computadora portátil—. Adelante. El futuro te espera.
Me senté frente a la pantalla. Mis dedos temblaban, pero no por miedo, sino por la adrenalina. Introduje una serie de códigos que Azkarion había diseñado específicamente. No eran los de NovelToon. Eran los códigos de "caballo de Troya" que, una vez introducidos en la red de Marcus, empezarían a extraer todos los registros de lavado de dinero de los últimos veinte años.
—Listo —dije, apartándome.
Marcus se inclinó sobre la pantalla, sus ojos brillando con avaricia.
—Excelente. Sabía que serías más inteligente que él.
En ese momento, las luces de la biblioteca parpadearon. Un sonido agudo de estática llenó la habitación. La pantalla de la computadora se volvió roja y una sola frase apareció en el centro: "PROPIEDAD DE AZKARION DARGENT".
Marcus retrocedió, su rostro volviéndose lívido.
—¿Qué has hecho? —gritó, girándose hacia mí.
—He cumplido mi parte del contrato, Marcus —dije, levantándome y recuperando mi postura firme—. He protegido a mi familia.
La puerta de la biblioteca se abrió de golpe. Azkarion entró solo, con las manos en los bolsillos de su pantalón, caminando con una calma aterradora. Detrás de él, no había guardias, sino el silencio de un hombre que ya ha ganado.
—Hola, tío Marcus. Gracias por abrir la puerta de tu servidor privado. Ha sido mucho más fácil de lo que pensaba.
—¡Esto es una trampa! —rugió Marcus, buscando algo en el cajón de su escritorio.
—No te molestes. Mi equipo ya ha desactivado el sistema de seguridad y el arma que guardas ahí ha sido descargada —Azkarion caminó hacia mí y me rodeó con su brazo, reclamándome frente a su tío—. Alexa nunca te traicionaría. Ella es la única cosa en este mundo que es verdaderamente mía.
Marcus miró de Azkarion a mí, dándose cuenta de que su arrogancia lo había llevado directamente a la ruina. Las sirenas empezaron a escucharse cerca de la mansión.
—Creíste que podías usar a la hija de Arthur Hills como un peón —continuó Azkarion, su voz bajando a un susurro mortal—. No sabías que ella es la que sostiene la espada.
Me pegué a Azkarion, sintiendo su victoria como propia. Habíamos arriesgado todo en este capítulo, cruzando líneas de las que no había retorno. Marcus fue reducido por los agentes federales que entraron momentos después, llevándose consigo los secretos que habían destruido nuestras vidas.
Al salir de la mansión, el aire de la madrugada se sentía fresco y limpio. Azkarion me llevó hacia su coche, pero antes de entrar, se detuvo y me miró con una intensidad que me hizo temblar.
—Lo hiciste, Alexa. Te pusiste en el centro del fuego por mí.
—Lo hice por nosotros, Azkarion.
Él me tomó del rostro y me besó con una ternura que borró todo el rastro de la farsa de la noche. Pero mientras nos abrazábamos, vi a través de su hombro una figura en las sombras del callejón opuesto. Era una mujer, joven, con un parecido asombroso a la foto de la madre de Azkarion, pero con una mirada de odio que me heló la sangre. Sostenía una cámara y, antes de que pudiera decir nada, desapareció en la oscuridad.
Azkarion no la vio. Me subió al coche y arrancó, alejándonos de la escena del crimen. El capítulo doce terminaba con el arresto de Marcus, pero el misterio de la rosa roja y la mujer en las sombras sugería que el contrato de sesenta capítulos todavía tenía muchas páginas en blanco por llenar.