Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Silencio 2
Cuando el duque Nolan decidió hablar directamente con Emily, lo hizo como siempre.. sin rodeos.
La encontró en uno de los salones, revisando algunas cuentas del taller. La luz de la tarde entraba por las ventanas, iluminando su figura tranquila… demasiado tranquila.
—Emily —dijo, tomando asiento frente a ella—. Quiero hablar contigo.
Ella levantó la vista de inmediato.
—Claro, tío.
Él no perdió tiempo.
—He recibido algunas propuestas.
Emily entendió de inmediato.
No necesitaba más explicación.
Aun así, mantuvo la compostura.
—¿Propuestas?
—Pretendientes.. Jóvenes adecuados. De buena familia. Sin complicaciones.
El silencio cayó entre ambos.
Emily bajó la mirada un segundo.
Respiró.
Y respondió con suavidad..
—Preferiría esperar un poco.
No fue una negativa brusca.
Fue… una petición.
Pero el duque Nolan no era hombre de medias decisiones.
—No veo razón para esperar.. Eres joven, estás en una posición ideal, y..
Se detuvo.
Porque algo cambió.
Emily seguía de pie, frente a él… pero su expresión ya no era la misma.
Sus ojos brillaban.
No con alegría.
Con algo contenido.
Muy contenido.
Por días.
El duque frunció ligeramente el ceño.
—Emily…
Ella apretó apenas los dedos entre sí, como si se sostuviera.
Había aguantado.
Días enteros.
Sin llorar.
Sin quejarse.
Sin mostrar nada.
Pero en ese momento… estuvo a punto de romperse.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
No cayeron.
Pero estaban ahí.
Claras.
Visibles.
Y eso… fue suficiente.
—Tío… Por favor.
Su tono no era débil.
Era sincero.
—Solo deme un poco de tiempo.
Respiró hondo, intentando mantener el control.
—Agradezco su preocupación… de verdad.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero ahora… solo quiero dedicarme a mis obras sociales.
Levantó apenas la mirada.
—Y quizás… más adelante, ayudar también a niños.
Sus palabras eran simples.
Pero cargadas de algo más profundo.
El duque Nolan la observó en silencio.
Por primera vez…
No supo qué decir.
Nunca había sido un hombre afectuoso.
No sabía consolar.
No sabía cómo acercarse a ese tipo de dolor.
Pero lo veía.
Y le dolía.
Ver a Emily así… le dolía más de lo que esperaba.
Porque ella…
Era la luz de la casa Nolan.
Y verla apagarse, aunque fuera un poco…
No lo aceptaba.
Finalmente, asintió.
—Está bien.
No insistió más.
No ese día.
Emily bajó la mirada, agradecida, recomponiéndose poco a poco.
Y él…
Se quedó observándola unos segundos más antes de levantarse.
En silencio.
Pero con un pensamiento claro, firme… y poco amable.
[Ese conde pagará por esto.]
Porque nadie…
Nadie…
Entristecía a la flor de la casa Nolan… sin consecuencias.
Asi que, el duque Nolan no esperó más.
No era hombre de quedarse inmóvil cuando algo le molestaba… y mucho menos cuando se trataba de Emily.
Salió de la mansión con una decisión clara y directa.. hablar con el conde Harlen.
Cuando llegó a la mansión Harlen, no pidió rodeos.
Fue recibido de inmediato y conducido a la oficina.
El conde lo esperaba de pie, serio, consciente de que esa visita no traía nada sencillo.
—Duque Nolan —saludó con respeto.
El duque no perdió tiempo en formalidades.
—Estoy buscando esposo para mi sobrina.
La frase cayó como un golpe seco.
El conde sintió una tensión inmediata en el pecho… pero no reaccionó de forma evidente.
—Sin embargo.. ella no quiere recibir a nadie por ahora.
Hubo una pausa breve.
—Pero eso cambiará.
El mensaje era claro.
La haría cambiar de opinión.
El conde, por un instante, sintió algo inesperado.
Alivio.
Si Emily se negaba… si no aceptaba a otros…
Pero no alcanzó a decir nada.
Porque el duque dio un paso más adelante, y su tono cambió.
Se volvió más frío.
Más duro.
—Y usted… se arrepentirá por cada lágrima que ha provocado en ella.
El aire pareció tensarse.
El conde frunció apenas el ceño.
—Yo no—
Intentó hablar.
Explicar.
Pero el duque no lo dejó.
—Más le vale mantenerse alejado.
No fue una sugerencia.
Fue una advertencia.
Y sin esperar respuesta, sin darle espacio para defenderse, el duque giró y salió de la oficina con la misma firmeza con la que había entrado.
La puerta se cerró.
Y el silencio quedó.
El conde permaneció de pie unos segundos.
Inmóvil.
Procesando.
Las palabras del duque no dejaban de resonar.
[“No quiere recibir a nadie…”]
Eso… era bueno.
Pero no fue eso lo que se quedó en su mente.
Fue otra cosa.
[“Cada lágrima…”]
Su expresión cambió.
—¿Lágrimas…? —murmuró.
El recuerdo de las palabras de su asistente volvió con fuerza.
[“Probablemente cree que usted la ha dejado…”]
Entonces lo entendió.
No era una suposición.
Era una realidad.
Emily… había sufrido.
Por su silencio.
Por su ausencia.
El pecho del conde se apretó con fuerza.
Doloroso.
Inesperado.
La imaginó.
En el taller.
Sonriendo… pero no igual.
Cantando… pero más triste.
Sola… preguntándose.
Y por primera vez desde que decidió alejarse “por su bien”
Sintió el peso real de esa decisión.
No como un sacrificio.
Sino como un error.
Un error que la había herido.
—George tenía razón… —murmuró, casi en un suspiro.
Apoyó una mano sobre el escritorio, bajando la mirada.
Y esa imagen… la de Emily triste por su culpa…
Se instaló en su mente.
Persistente.
Dolorosa.
Porque esta vez…
No era una posibilidad.
Era algo que ya había ocurrido.
Y él… había sido la causa.
El silencio en la oficina se volvió insoportable.
El conde Harlen permaneció de pie unos segundos más… sin moverse, sin pensar con claridad. Luego, casi por inercia, se acercó a la mesa lateral y se sirvió una copa de vino.
La bebió de un solo trago.
No por gusto.
Por necesidad.
Apoyó la copa con más fuerza de la necesaria… y se quedó mirando el líquido restante en la botella.
Emily apareció en su mente.
Como siempre.
Pero esta vez no riendo.
No cantando.
Sino… distante.
—Siempre estuvo fuera de mi alcance… —murmuró, con la voz baja y áspera.
Hermosa.
Noble.
Bondadosa.
Perfecta.
Todo lo que él no creía merecer.
Y aun así…
Ella lo había mirado.
A él.. con esa mirada indiscreta en un lugar lleno de hombres que seguramente ahora están en ese listado del duque..
Lo había elegido.
Había sonreído por él.
Había reído con él.
El conde volvió a servirse.
Otra copa.
Y otra vez, la bebió sin pausa.
—Y ahora… soy yo quien la hace sufrir.
Apretó la mandíbula.
—Como un imbécil.
Porque no había sido traición.
No había sido rechazo.
Había sido silencio.
Un maldito silencio lleno de suposiciones… que solo había creado distancia.
Tomó la botella directamente esta vez.
Ya no le importó la copa.
Bebió.
Y la presión en su pecho no disminuyó.
Al contrario.
Creció.
—La única persona… que me devolvió la sonrisa…
Su voz se quebró apenas.
Y eso lo enfureció más.
De un movimiento brusco, barrió todo lo que había sobre el escritorio.
Papeles.
Tinta.
Objetos.
Todo cayó al suelo con un golpe seco.
—¡Maldita sea! —gruñó, pasando una mano por su cabello.
La frustración lo consumía.
No era solo enojo.
Era culpa.
Era miedo.
Porque ahora entendía algo con claridad brutal.
Incluso si lograba el divorcio…
Incluso si resolvía todo…
No había garantía de que Emily lo aceptara de nuevo.
Esa posibilidad se clavó en su mente.
Y dolió.
Más de lo que esperaba.
Se apoyó en el borde del escritorio, respirando con dificultad.
—Aun así… lo haré.
No dudaba en eso.
Iba a resolverlo.
Iba a liberarse de ese pasado.
No por orgullo.
No por conveniencia.
Por ella.
Pero el pensamiento siguiente fue inevitable.
Un futuro sin Emily.
La idea lo atravesó.
Como fuego.
Como algo que quemaba desde adentro.
Cerró los ojos con fuerza.
Y por primera vez… no fue rabia lo que predominó.
Fue miedo.
Un miedo real.
Profundo.
Porque ahora sabía que no se trataba solo de quererla.
Sino de no querer perderla.
Y esa posibilidad… le dolía como si ya fuera real.
hermosa novela
ame a Fred