REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

Capítulo 1: El despertar de Gaya

El picor comenzó en las manos.

Era una sensación familiar, antigua, como un fantasma que regresaba después de años de silencio. Primero un hormigueo apenas perceptible en la yema de los dedos, luego un ardor que trepaba por las palmas, avanzando hacia las muñecas como una enredadera venenosa. Luisa Méndez conocía bien ese camino. Lo había recorrido tantas veces que podría dibujarlo con los ojos cerrados: las manos, luego los antebrazos, después el pecho, y finalmente... la garganta.

Pero Luisa Méndez estaba muerta.

Esa era la parte que no encajaba. La última imagen que flotaba en su memoria era la del techo blanco de la ambulancia, las luces parpadeantes, el rostro desencajado de Sebastián inclinándose sobre ella mientras una máquina emitía ese pitido uniforme y aterrador que en las películas siempre significaba lo mismo. Había sentido cómo sus pulmones se negaban a trabajar, cómo su corazón tropezaba una y otra vez como un caballo que no puede más, y luego…

Nada.

Oscuridad total. Un vacío tan absoluto que ni siquiera podía llamarse silencio.

Por eso el picor no tenía sentido. Por eso despertar no tenía sentido.

Abrió los ojos.

La luz era blanca, cegadora, y por un momento pensó que seguía en la ambulancia, que todo había sido una pesadilla, que lo de Lauren y Vanesa y el pastel de almendras no había ocurrido realmente. Pero la luz no era la de un vehículo en movimiento, sino la estática y fría de un hospital. El techo tenía esas placas cuadradas de fibra de vidrio que tanto odiaba, esas que siempre le recordaban a la sala de espera donde supo que su padre no volvería.

—¿Señorita Gaya? ¿Señorita Gaya, me escucha?

La voz llegó desde algún lugar a su derecha. Una voz de mujer, con ese tono preocupado que usan las enfermeras cuando no quieren asustar al paciente pero tampoco pueden disimular la inquietud. Luisa intentó girar la cabeza y el cuello protestó con una rigidez que no le pertenecía. Su cuello siempre había sido flexible, gracias a años de estiramientos marciales. Esto era diferente. Esto era…

—¿Señorita Gaya? Voy a llamar al doctor, ¿sí? No se mueva, no se mueva por favor.

Una figura se inclinó sobre ella. Luisa parpadeó varias veces tratando de enfocar la imagen, y cuando finalmente lo logró, el aire se atascó en su garganta—en la garganta de alguien más—como un puño cerrado.

Pauline.

Era Pauline, pero no era Pauline. Tenía el mismo rostro alargado, los mismos ojos bondadosos que habían cuidado a sus hijos desde que Tomás era un recién nacido. Pero había algo diferente. El cabello, que ella recordaba castaño oscuro salpicado de algunas canas prematuras, ahora era casi completamente gris. Las arrugas alrededor de sus ojos eran más profundas, y había una tristeza en su mirada que antes no existía.

—¿P-Pauline? —La voz que salió de su boca no era su voz. Era más joven, más suave, con un timbre casi musical que le sonaba completamente ajeno.

La mujer se quedó inmóvil, con los ojos abiertos de par en par.

—¿Señorita Gaya? ¿Me... me reconoce?

Luisa no tuvo tiempo de responder. Apenas había formulado la pregunta cuando un dolor punzante le atravesó la sien derecha, y de repente su cabeza se llenó de imágenes que no le pertenecían.

Una niña de cabello oscuro corriendo por un jardín inmenso. Una mujer mayor, elegantemente vestida, mirando por una ventana con expresión severa. Un hombre joven y apuesto susurrando algo al oído de esa misma niña, ahora adolescente, haciéndola reír. Una boda en una iglesia diminuta, con pocos invitados, y al fondo... al fondo, un rostro que conocía demasiado bien.

Sebastián.

El Sebastián que ella había amado, el Sebastián que había envejecido a su lado durante diez años, pero también un Sebastián diferente. Más maduro, sí, pero también más duro. Los ojos que en las imágenes miraban a esa novia—a Gaya—tenían una frialdad que Luisa no recordaba en los primeros años de su matrimonio. Era como si alguien le hubiera robado esa chispa que lo hacía Sebastián.

Las imágenes siguieron llegando como una cascada implacable. Gaya Santoro, veinticinco años, hija única de una familia adinerada que había perdido su fortuna en malas inversiones.

Gaya Santoro, criada entre algodones por una madre viuda y sobreprotectora. Gaya Santoro, tímida hasta la invisibilidad, incapaz de alzar la voz, de negarse a nada, de defender sus propios límites. Gaya Santoro, que había conocido a Sebastián Guillén en un evento benéfico y se había enamorado como solo se enamoran las jóvenes que han vivido encerradas en torres de cristal.

Y luego, las imágenes más recientes. Las más dolorosas.

Gaya caminando detrás de Sebastián como una sombra. Gaya soportando las miradas de desaprobación de los empleados de la casa, que la comparaban constantemente con "la señora Luisa". Gaya intentando ganarse el cariño de Lauren, que la miraba con desprecio apenas disimulado. Gaya sonriendo nerviosamente cada vez que Vanesa llegaba a la casa—porque Vanesa siempre estaba en la casa—y la trataba con esa falsa amabilidad que tanto conocía Luisa.

Gaya, sentada sola en el comedor mientras Sebastián cenaba fuera "por trabajo". Gaya, llorando en silencio después de que Lauren le dijera que "nunca sería su madre". Gaya, aceptando un café de manos de Vanesa, un café con un sabor ligeramente amargo, diferente, mientras la otra mujer la observaba con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Y luego... el ataque.

La alergia.

Las almendras.

La sensación de ahogo, el pánico, la búsqueda desesperada del autoinyector que siempre llevaba consigo y que esa tarde, misteriosamente, no estaba en su bolso.

—No... —susurró Luisa, o Gaya, o quienquiera que fuese ahora—. No, no, no…

—¿Señorita Gaya? ¡Señorita Gaya, está temblando! ¡Voy por el médico!

La mano de Pauline se apartó y Luisa escuchó sus pasos alejándose, pero no podía concentrarse en eso. Las imágenes seguían llegando, superponiéndose unas sobre otras, mezclándose con sus propios recuerdos. Su muerte y la muerte de Gaya ocurriendo en paralelo, como dos ríos que convergían en el mismo océano de traición.

Porque ambas habían sido asesinadas.

Y por la misma persona.

—Vanesa —siseó, y el nombre supo a veneno en su lengua.

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Comments

Vanesa Alvarado

Vanesa Alvarado

interesante la historia nadie sospecha por la alergia que no fueron accidentalmente

2026-05-06

0

Nancy Parraga

Nancy Parraga

Vanessa debes dos vidas y ahora no te va hacer nada fácil seguir jodiendo

2026-03-30

1

Isa 🇻🇪

Isa 🇻🇪

excelente la narrativa, muy buen comienzo me gusta estas historias de renacer 👏👏👏

2026-05-10

0

Total
Capítulos
1 Capítulo 1: El despertar de Gaya
2 Cap. 2 Verdades a medias
3 Cap. 3 Todo más claro
4 Cap. 4 Me lo dices a mi
5 Cap. 5 Volver a casa
6 Cap. 6 El abrazo
7 Cap. 7 Los dibujos
8 Cap. 8 La madre o la madrastra
9 Capítulo 9 La dueña de la casa
10 Capítulo 10 La serpiente y el niño
11 Capítulo 11 Sonrisa Radiante.
12 Capítulo 12 La madre y la hija
13 Capítulo 13 Pinky y Cerebro
14 Capítulo 14 Los Secretos
15 Capítulo 15 La Amarga y Dulce Verdad
16 Capítulo 16 Los Planes
17 Capítulo 17 El Colegio
18 Capítulo 18 La autorizada
19 Capítulo 19 La felicidad
20 Capítulo 20 La princesa de la casa
21 Capítulo 21 Una rendija
22 Capítulo 22 La ausencia
23 Capítulo 23 Negación.
24 Capítulo 24 La Apertura
25 Capítulo 25 Las Dudas
26 Capítulo 26 Luisa
27 Capítulo 27 El estudio olvidado
28 Capítulo 28 El estudio olvidado
29 Capítulo 29 ¿Qué hace aquí?
30 Capítulo 30 Claro que no sabías.
31 Capítulo 31 ¿Agresiva?
32 Cap. 32 Están jugando
33 Cap. 33 ¿Quién salvó a Luisa de Vanesa?
34 Cap. 34 Tu hermano acaba de entender eso
35 Cap. 35 ¿A quién le recuerdo?
36 Cap. 36 ¿Tortitas de atún?
37 Cap. 37 No te lo permito
38 Cap. 38 ¿Cómo va todo por ahí?
39 Cap. 39 ¡Eso es una humillación!
40 Capítulo 40 Guerra declarada
41 Cap. 41 ¿Lo que viste?
42 Cap. 42 ¡Ayuda!
43 Cap. 43 ¿Estás bien?
44 Cap. 44 Siempre
45 Cap. 45 La primavera de la serpiente
46 Cap. 46 Y si pido dinero
47 Cap. 47 ¿Ya te vas?
48 Cap. 48 ¿Cerebro? ¿Qué pasa?
49 Cap. 49 Gracias, Gaya. Por todo.
50 Cap. 50 ¿Sabes por qué me casé contigo, Gaya?
51 Cap. 51 ¿Por qué me lo dices?
52 Cap. 52 Sebastián
53 Capítulo 53 Probióticos y nuevas rutinas
54 Capítulo 54 Nuevas Amistades
55 Capítulo 55 El Orden
56 Capítulo 56 Probióticos y nuevas rutinas
57 Capítulo 57 El peso de las maletas
58 Capítulo 58 El orgullo
59 Capítulo 59 Los sueños
60 Capítulo 60 La modelo de Victoria's Secret
61 Capítulo 61 El Ataque
62 Capítulo 62 Las Sospechas
63 Capítulo 63 La noticia que incendió la red
64 Capitulo 64 La Entrevista
65 Capítulo 65 La Confrontación.
66 Capítulo 66 El corazón que lo ve todo
67 Capítulo 67 La Defensa
68 Capítulo 68 El corazón que lo ve todo
69 Capítulo 69 El sabor de la traición
70 Capítulo 70 El corazón que lo ve todo
71 Capítulo 71 El Atentado
72 Capítulo 72 La Promesa de Quedarse
73 Capítulo 73 Las Culpas
74 Capítulo 74 El Despertar
75 Capítulo 75 La que baja del coche
76 Capítulo 76 La compañía
77 Capítulo 77 La locura.
78 Capítulo 78 El último golpe
79 Capítulo 79 La agonía.
80 Capítulo 80 El perdón que se debe ganar.
81 Capítulo 81 Los secretos al sol.
Capítulos

Updated 81 Episodes

1
Capítulo 1: El despertar de Gaya
2
Cap. 2 Verdades a medias
3
Cap. 3 Todo más claro
4
Cap. 4 Me lo dices a mi
5
Cap. 5 Volver a casa
6
Cap. 6 El abrazo
7
Cap. 7 Los dibujos
8
Cap. 8 La madre o la madrastra
9
Capítulo 9 La dueña de la casa
10
Capítulo 10 La serpiente y el niño
11
Capítulo 11 Sonrisa Radiante.
12
Capítulo 12 La madre y la hija
13
Capítulo 13 Pinky y Cerebro
14
Capítulo 14 Los Secretos
15
Capítulo 15 La Amarga y Dulce Verdad
16
Capítulo 16 Los Planes
17
Capítulo 17 El Colegio
18
Capítulo 18 La autorizada
19
Capítulo 19 La felicidad
20
Capítulo 20 La princesa de la casa
21
Capítulo 21 Una rendija
22
Capítulo 22 La ausencia
23
Capítulo 23 Negación.
24
Capítulo 24 La Apertura
25
Capítulo 25 Las Dudas
26
Capítulo 26 Luisa
27
Capítulo 27 El estudio olvidado
28
Capítulo 28 El estudio olvidado
29
Capítulo 29 ¿Qué hace aquí?
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Capítulo 30 Claro que no sabías.
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Capítulo 31 ¿Agresiva?
32
Cap. 32 Están jugando
33
Cap. 33 ¿Quién salvó a Luisa de Vanesa?
34
Cap. 34 Tu hermano acaba de entender eso
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Cap. 35 ¿A quién le recuerdo?
36
Cap. 36 ¿Tortitas de atún?
37
Cap. 37 No te lo permito
38
Cap. 38 ¿Cómo va todo por ahí?
39
Cap. 39 ¡Eso es una humillación!
40
Capítulo 40 Guerra declarada
41
Cap. 41 ¿Lo que viste?
42
Cap. 42 ¡Ayuda!
43
Cap. 43 ¿Estás bien?
44
Cap. 44 Siempre
45
Cap. 45 La primavera de la serpiente
46
Cap. 46 Y si pido dinero
47
Cap. 47 ¿Ya te vas?
48
Cap. 48 ¿Cerebro? ¿Qué pasa?
49
Cap. 49 Gracias, Gaya. Por todo.
50
Cap. 50 ¿Sabes por qué me casé contigo, Gaya?
51
Cap. 51 ¿Por qué me lo dices?
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Cap. 52 Sebastián
53
Capítulo 53 Probióticos y nuevas rutinas
54
Capítulo 54 Nuevas Amistades
55
Capítulo 55 El Orden
56
Capítulo 56 Probióticos y nuevas rutinas
57
Capítulo 57 El peso de las maletas
58
Capítulo 58 El orgullo
59
Capítulo 59 Los sueños
60
Capítulo 60 La modelo de Victoria's Secret
61
Capítulo 61 El Ataque
62
Capítulo 62 Las Sospechas
63
Capítulo 63 La noticia que incendió la red
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Capitulo 64 La Entrevista
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Capítulo 65 La Confrontación.
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Capítulo 66 El corazón que lo ve todo
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Capítulo 67 La Defensa
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Capítulo 68 El corazón que lo ve todo
69
Capítulo 69 El sabor de la traición
70
Capítulo 70 El corazón que lo ve todo
71
Capítulo 71 El Atentado
72
Capítulo 72 La Promesa de Quedarse
73
Capítulo 73 Las Culpas
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Capítulo 74 El Despertar
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Capítulo 75 La que baja del coche
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Capítulo 76 La compañía
77
Capítulo 77 La locura.
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Capítulo 78 El último golpe
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Capítulo 79 La agonía.
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Capítulo 80 El perdón que se debe ganar.
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Capítulo 81 Los secretos al sol.

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