Un simple tropiezo frente a la universidad cambió la vida de Amelia para siempre. Ahora su corazón y su hijo están atrapados entre dos mundos el humano y el del Reino de Fuego. Con Gael a su lado y el poderoso rey Dante observándola, Amelia deberá enfrentarse a decisiones, secretos peligrosos y una magia que puede alterar su destino… para siempre.
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La distancia imposible
El parque había quedado casi vacío.
Las luces de los faroles iluminaban débilmente los caminos mientras el cielo oscuro anunciaba que la noche ya se había instalado por completo.
Amelia seguía sentada en la banca.
Sus manos descansaban sobre sus piernas, pero su mente estaba lejos de estar tranquila.
Gael permanecía a su lado.
En silencio.
Esperando.
—Entonces… —dijo Amelia finalmente.
Su voz era más calmada que antes, aunque todavía se notaba la confusión.
—Tu hermano es un rey.
Gael asintió lentamente.
—Sí.
Amelia soltó un pequeño suspiro.
—Y tú eres un príncipe.
—Técnicamente.
Amelia lo miró.
—¿Técnicamente?
Gael encogió ligeramente los hombros.
—No es un título que me guste usar.
Amelia negó con la cabeza.
—Claro… porque eso es lo raro de toda esta situación.
Gael casi sonrió.
Por un momento el ambiente se relajó un poco.
Pero la realidad seguía allí.
Pesando entre ellos.
—Gael —dijo Amelia después de unos segundos.
—¿Sí?
—¿De verdad esperas que crea esto?
Gael la miró directamente.
—No.
Amelia parpadeó.
—¿No?
—Espero que confíes en mí.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Amelia bajó la mirada al suelo.
—Eso es más difícil de lo que parece.
Gael lo entendía.
Perfectamente.
—Lo sé.
El viento movió suavemente las hojas de los árboles.
El parque estaba casi completamente vacío ahora.
Amelia levantó la mirada nuevamente.
—Entonces dime algo.
Gael esperó.
—Si ese lugar existe…
Su voz fue más baja.
—¿Por qué estás aquí?
Gael no respondió inmediatamente.
Había muchas razones.
Pero solo una realmente importaba.
—Porque encontré algo que no esperaba.
Amelia lo miró.
—¿Qué cosa?
Gael sostuvo su mirada.
—A ti.
El corazón de Amelia dio un pequeño salto.
No había dramatismo en su voz.
No había exageración.
Solo sinceridad.
Amelia apartó la mirada un momento.
Intentando procesar lo que acababa de escuchar.
—Eso suena muy bonito…
Gael no dijo nada.
—Pero también suena muy complicado.
—Lo es.
Amelia lo miró nuevamente.
—¿Significa que te vas a ir?
La pregunta quedó flotando entre ellos.
Gael tardó unos segundos en responder.
—No quiero hacerlo.
—Pero puede que tengas que hacerlo.
Gael no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
Amelia dejó escapar un suspiro.
—Genial.
Miró hacia el cielo oscuro.
—Definitivamente mi vida se volvió extraña esta semana.
Gael la observaba con atención.
Esperando que se alejara.
Que se asustara.
Pero Amelia no lo hizo.
En cambio, volvió a mirarlo.
—Quiero ver.
Gael frunció ligeramente el ceño.
—¿Ver qué?
—Algo.
Amelia señaló alrededor.
—Si ese reino existe… si todo esto es real…
Su voz se volvió firme.
—Quiero pruebas.
Gael dudó.
Mucho.
Revelar demasiado podía ser peligroso.
Pero después de lo ocurrido esa noche…
Tal vez ya no había otra opción.
—¿Estás segura?
Amelia asintió.
—Muy segura.
Gael respiró profundamente.
Luego miró alrededor del parque.
No había nadie cerca.
Las sombras de los árboles cubrían gran parte del lugar.
Gael extendió lentamente su mano.
Amelia lo observaba con atención.
Durante un segundo no ocurrió nada.
Pero luego…
Una pequeña llama apareció sobre la palma de Gael.
Era pequeña.
Pero brillante.
Se movía suavemente, como si estuviera viva.
Amelia abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué…?
La llama danzaba entre sus dedos sin quemarlo.
Gael la observaba con calma.
Luego cerró la mano.
Y el fuego desapareció.
El silencio volvió al parque.
Amelia se quedó completamente inmóvil.
—Eso…
Tragó saliva.
—Eso no es posible.
Gael habló con suavidad.
—En mi mundo lo es.
Amelia lo miró como si lo estuviera viendo por primera vez.
—Entonces… todo lo que dijiste…
—Es verdad.
Amelia apoyó la espalda en la banca.
—Ok.
Se quedó mirando al frente.
—Necesito unos segundos para procesar esto.
Gael no la presionó.
Pasaron varios momentos en silencio.
Finalmente Amelia volvió a hablar.
—Tu hermano también puede hacer eso.
—Sí.
—Y ese hombre del parque…
—También.
Amelia suspiró lentamente.
—Genial.
Volvió a mirarlo.
—Ahora sí entiendo por qué dijiste que podía ser peligroso.
Gael asintió.
—Mucho.
Amelia se quedó pensativa.
—Entonces ese reino…
—Reino de Fuego.
—Claro.
Sacudió la cabeza.
—Suena como algo salido de un libro.
Gael la observó con seriedad.
—Para mí es hogar.
Amelia guardó silencio unos segundos.
Luego dijo algo que Gael no esperaba.
—Quiero verlo algún día.
Gael levantó ligeramente las cejas.
—¿Estás segura?
Amelia lo miró con una pequeña sonrisa.
—Después de ver eso…
Señaló su mano.
—Mi curiosidad acaba de duplicarse.
Gael soltó una pequeña risa.
Pero en el fondo sabía algo.
Ese deseo de Amelia…
Podía convertirse en una realidad mucho más pronto de lo que imaginaba.
Porque en ese mismo momento…
Muy lejos de allí.
En el gran salón del palacio del Reino de Fuego.
Dante escuchaba el informe del guardia.
—Entonces se negó a regresar.
El guardia inclinó la cabeza.
—Sí, majestad.
Dante permaneció en silencio unos segundos.
Luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Perfecto.
El consejero más cercano frunció el ceño.
—¿Perfecto?
Dante se levantó lentamente de su trono.
—Porque si mi hermano no quiere volver al reino…
Sus ojos brillaron como brasas.
—Entonces el reino irá a buscarlo.
Y esta vez…
No vendría solo.