📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 9: El reflejo de la inseguridad
Entré en mi casa casi tropezando con mis propios pies. Tiré las llaves sobre la mesa de la entrada y, sin siquiera quitarme los zapatos de la fábrica, me desplomé en el sofá. El teléfono seguía vibrando en mi mano. Con el corazón en la garganta, abrí WhatsApp.
Allí estaba el mensaje de ese número desconocido. Pero lo que me detuvo el pulso no fueron las palabras, sino la foto de perfil. Toqué el pequeño círculo para ampliarla y la imagen se abrió en toda la pantalla.
—Oh, no... —susurré, sintiendo un vacío en el estómago.
Julián ya no era el niño de cabello alborotado y sonrisa tímida de la foto escolar. El hombre que me miraba desde la pantalla era... guapo. Realmente guapo. Tenía una mandíbula marcada, unos ojos profundos que parecían atravesar la cámara y esa misma chispa de luz que recordaba, pero ahora con una madurez que me intimidaba. Vestía una camisa informal y sonreía de esa manera que te hace sentir que el mundo está en orden.
De repente, la alegría de haber recuperado el contacto se evaporó, siendo reemplazada por una ola de desconfianza que me golpeó como un balde de agua fría.
«¿Qué he hecho?», pensé, cerrando la foto de golpe como si me hubiera quemado. «Él es... él es demasiado. Mira esa seguridad, mira cómo se ve. ¿Y yo? Yo soy solo Emma, la chica que se esconde tras una máquina de coser, con las manos ásperas por el cuero y ojeras de tanto ver dramas coreanos».
Me levanté del sofá y empecé a caminar de un lado a otro por la pequeña sala. El pánico empezó a crecer.
—Se va a desilusionar —me dije en voz alta, mi voz temblando—. Cuando me vea de verdad, cuando se dé cuenta de que sigo siendo la misma niña asustada que no sabe mantener una conversación... se va a arrepentir de haberme buscado. ¡Ay, no! ¿Por qué le di mi número? ¡Qué tonta soy!
Me llevé las manos a la cabeza, sintiendo que el aire me faltaba. Mi mente, experta en sabotearme, empezó a proyectar el peor escenario: el momento en que nos conociéramos y él pusiera esa cara de decepción al ver que yo no era la "princesa" que él recordaba en su nota.
Me detuve frente al espejo del pasillo. Me miré el cabello desarreglado por el turno de la fábrica y el rostro pálido por el cansancio.
—¡Cálmate, Emma! —me regañé a mí misma, golpeando suavemente mis mejillas con las palmas de las manos—. ¡Basta! Deja de pensar esas cosas. Él te buscó a ti. Él guardó tu nota por trece años. No te buscó por una foto de revista, te buscó por lo que fuiste... y por lo que eres.
Respiré hondo, tratando de calmar el temblor de mi pecho.
—Sé positiva una vez en tu vida, Emma. Solo una vez. No dejes que el miedo te robe esto antes de que empiece.
Volví a tomar el teléfono. El cursor parpadeaba en el chat de Julián. El mensaje de "Hola, Emma" seguía allí, esperando. Mis dedos todavía dudaban, pero esta vez, obligué a mi mente a callar. No podía dejar que la chica tímida ganara esta batalla.