Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 18
A la mañana siguiente, Alana se despertó a las 9 en punto. Al abrir los ojos, sintió una ligera molestia en su cuerpo, lo que la llevó a reflexionar sobre lo que había sucedido la noche anterior. Al darse cuenta de que estaba desnuda, un sentimiento de pánico la invadió. Se tapó rápidamente con las sábanas y pensó: No puede ser posible. Miró de reojo a su lado y vio a su jefe durmiendo allí, lo que la hizo sentirse aún más confundida. Se arropó completamente y murmuró para sí misma: ¿Qué hice? ¿Qué me pasó? ¿Cómo pudo suceder esto?.
Con cuidado, se levantó de la cama, tratando de no hacer ruido para no despertar a su jefe, y se dirigió al baño para meterse en la ducha. Aunque su cuerpo le dolía un poco, la experiencia de la noche anterior había sido su primera vez, lo que añadía un nivel de confusión a sus pensamientos. Mientras el agua caliente caía sobre ella, se preguntaba qué iba a hacer a continuación. La imagen del rostro de su jefe apareció en su mente y se dijo a sí misma: No puede ser. La incertidumbre la abrumaba y se sentía atrapada en una situación que nunca había imaginado.
A pesar de que no quería pensar en ello en ese momento, su mente le traía de vuelta la imagen de Alejandro besándola, la hizo sentir como si el agua le cayera en la cara. Alejandro, al despertar, vio a su lado el espacio vacío que había dejado Alana y, al no verla, pensó que quizás se había marchado. Se levantó y, al darse cuenta de la mancha de sangre en la cama, sonrió con una mezcla de orgullo y satisfacción, pensando para sí mismo: Fui el primero y ella ha sido la mejor de todas con las que he estado.
Después de unos momentos, se dirigió hacia el baño y, al llegar, llamó: Alana, ¿estás bien?. Al escuchar su voz, Alana sintió una punzada de nervios y vergüenza, pero se recompuso rápidamente y respondió con firmeza: Sí, estoy bien, ya salgo. Alejandro, al oírla, sonrió, sintiendo un alivio y una conexión especial.
Alana salió de la habitación envuelta en una toalla, sus cabellos aún húmedos. Al ver su imagen, Alejandro la llamó por su nombre: Alana. Ella, algo desorientada y avergonzada, lo interrumpió rápidamente: Lo siento, señor, no sé qué me pasó. Quizás fue por las copas, me pasé de tanto beber. Luego, con una mirada seria, añadió: Si tengo que renunciar, lo haré.
Alejandro, con una expresión comprensiva, se acercó a ella y le dijo: ¿De qué estás hablando? Ambos tuvimos que ver en lo que sucedió. Somos adultos, y no tengo ninguna razón para despedirte por esto. Tú no tienes novio, y yo tampoco tengo novia. No hicimos nada malo.
Con sinceridad, continuó: Alana, sinceramente me gustas y disfruté lo que pasó aquí anoche. Al escuchar sus palabras, Alana se sintió sonrojar y quedó completamente sorprendida, incapaz de articular una respuesta de inmediato. Su corazón latía con fuerza mientras asimilaba lo que Alejandro acababa de confesar.
Alejandro, al notar que ella estaba en silencio, le preguntó si se sentía arrepentida por lo que había sucedido. Alana, aún confundida, respondió que no era eso, sino que simplemente no debía haber ocurrido, ya que él era su jefe.
Alejandro se acercó y le dijo que eso no importaba en ese momento. Si ella lo permitía, podría ser algo más que su jefe, podría convertirse en su novio. Alana abrió los ojos con sorpresa y replicó que eso podría generar rumores en la empresa, haciendo que pensaran que había conseguido su puesto solamente por estar con él.
Alejandro, tratando de calmarla, le explicó que aunque eso no era cierto, si ella deseaba, en el trabajo podrían seguir siendo solo jefe y empleada. Sin embargo, en su vida personal, serían solamente ellos dos.
Alana se sintió abrumada y no sabía qué decir ni cómo reaccionar ante la propuesta de Alejandro.
Alejandro comprendía la situación, se daba cuenta de que para ella había sido un momento significativo, su primera vez, y que todo había sucedido de manera tan rápida que probablemente le resultara abrumador. Con suavidad, le dijo a Alana: Piénsalo, luego podemos hablar de esto con más calma.
Alana lo miró fijamente, parecía que iba a decir algo, pero en ese instante sonó un golpe en la puerta. Alejandro se levantó, diciendo: Voy a ver quién es. Sin embargo, Alana lo detuvo, sujetándolo de la mano con un gesto apresurado. ¡No! Esta es mi habitación, ¿qué pensarán si te ven saliendo de aquí?, dijo con preocupación.
Él le tocó la mano de manera tranquilizadora y sonrió. Ya no me llames 'usted' o 'señor', ahora somos amigos, así que simplemente dime Alejandro o como prefieras, le dijo en un tono amistoso.
Alana, sintiéndose un poco más tranquila por las palabras de Alejandro, le pidió que se quedara allí. Quédate aquí, yo voy a ver quién es, comentó con resolución.
Se acercó a la puerta, la abrió lentamente y, para su sorpresa, se encontró con Juan.
Juan se acercó a Alana y le saludó con un alegre ¡Buenos días! ¿Cómo amaneciste?. Alana, al escuchar su saludo, sonrió y respondió con entusiasmo: ¡Hola! Buenos días. Estoy muy bien, ¿y tú?.
Juan, contento por la respuesta de Alana, le dijo: Estoy bien. Quería invitarte a dar un paseo un rato, ¿te parece?. Alana, un poco sorprendida, preguntó: ¿A caminar?. Juan asintió y continuó: Sí, la idea es que caminemos y hablemos un poco. Quisiera conversar sobre algo contigo.
En ese instante, Alejandro, que estaba cerca y escuchó la conversación, se puso serio. Tenía ganas de salir, pero decidió detenerse, sintiendo que había algo en la dinámica que requería su atención.
Juan, notando el cambio en la atmósfera, preguntó a Alana: ¿Qué dices?.
Alana, sintiéndose un poco indecisa y al ver a Alejandro, pensó que si aceptaba la invitación, esto podría darle la oportunidad a Alejandro de salir de su habitación. Así que decidió responder: Está bien, dame un momento y ya salgo.
Juan, aliviado por su respuesta, le contestó: Está bien, te esperaré.