Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo XVIII: El peso del vacío
Andrés deslizó el documento que había redactado sobre el escritorio de Fabián, y observó su reacción, el abogado se ajustó sus gafas y leyó las cifras en silencio.
En el testamento anterior, movido por el rencor y la duda sembrada por Ifigenia, Andrés le había dejado a Kendra un 52% de los bienes, a Anabella un 40% mientras que para Keila un humillante 8%.
Fabián observaba alternamente entre el documento y el rostro de Andrés y estaba incrédulo porque esto era un giro de ciento ochenta grados en la dirección de la familia Barreto.
—He tomado una decisión —dijo Andrés con voz firme—Quiero que la nueva proporción sea:40% Anabella, 30% para Kendra y 30% para Keila.
Fabián estaba visiblemente sorprendido, pero a la vez satisfecho, porque al darle el 40% a Anabella, Andrés no solo estaba reconociendo la lealtad de su hermana, sino que la convertía en una figura de equilibrio; ni Kendra, ni Keila podrían tomar decisiones de forma unilateral sin el aval de su tía, y era una manera de asegurarse que esta guerra entre hermanas finalmente acabaría.
—Me parece una proporción muy justa, señor Barreto—respondió Fabián con profesionalismo—Al igualar a sus hijas elimina el favoritismo que tanto daño ha causado en la familia.
—Sí, además al dejar a mi hermana como socia principal, protejo el patrimonio de cualquier … influencia externa.
Fabián asintió, entendiendo perfectamente a que se refería Andrés con “influencia externa”, porque ese era el nombre clave que ambos le daban a Ifigenia.
—Kendra es muy capaz, pero su ambición por momentos la ciega, y en cuanto a Keila es una mujer apasionada, que no le interesa la dirección de la empresa, así que Anabella será el puente entre ambas.
Sin importar los resultados de las pruebas de ADN, Andrés sabía que debía compensar a Keila, pero no podía abandonar a Kendra, y lo más importante es que ya no quería que sus hijas volvieran a pelear por el tema de la herencia, así que por primera vez actuaría con justicia.
—¿Cuándo quiere que este documento sea legalmente vinculante? —preguntó Fabián con tono profesional.
—Hoy mismo, porque no sabemos cuanto nos queda antes de que Ifigenia descubra que cambié el testamento.
Andrés sabía que este era el primer paso para su divorcio, y que al quitarle poder a Kendra, estaba desarmando a su esposa, la cual no podría usar a su “hija favorita” como un títere para controlar la mayoría de las acciones, pero también ponía a Kendra en una situación muy complicada por eso debían moverse con cautela pero a la vez con prisa.
El día lunes Kendra fue a trabajar y a pesar de que sentía todas las miradas curiosas sobre ella era muy orgullosa así que daba órdenes y trabajaba con la misma eficiencia de siempre, aunque la única diferencia era que su padre la evitaba.
—Supongo que tengo que darle tiempo—se dijo a sí misma, intentando acallar la punzada de culpa en su pecho.
Recibía los constantes mensajes de Marisela e intentaba responder con entusiasmo, pero era imposible, se sentía atrapada; no deseaba aquel compromiso, sin embargo, la idea de renunciar a su carrera y marcharse con las manos vacías le resultaba muy insoportable.
—Si no me doy prisa, voy a llegar tarde a mi cita —dijo con cansancio.
Axel la esperaba en el estacionamiento y condujo en silencio, una parte de él quería advertirle que debía estar preparada porque las cosas se pondrían muy difícil para ella, pero su profesionalismo le decía que no debía intervenir, su empleador era Andrés y no podía traicionarlo.
—No hace falta que me esperes —dijo Kendra antes de cerrar la puerta.
Axel la vio tan solitaria ese día que decidió seguirla, sabía que iba a una consulta con el obstetra, pero el cobarde de Ángel y supuesto padre del bebé, no pudo acompañarla, la observaba desde la distancia, y negó con la cabeza; porque le frustraba ver cómo una mujer tan inteligente se hundía cada vez más solo por complacer la ambición de su madre.
Kendra entró al consultorio del especialista con el corazón acelerado, no había dormido bien, todo el ambiente de su familia era muy pesado, además de que no podían encontrar a Keila y eso la tenía preocupada, irónicamente lo único que la mantenía en pie era ese "niño" que crecía en su vientre.
El doctor Jiménez revisó los resultados de la ecografía y el análisis de sangre con una expresión neutra que a Kendra le pareció desesperante porque tardaba mucho tiempo en hablar.
—Señorita Barreto —dijo el obstetra, dejando los papeles sobre el escritorio—me temo que no hay buenas noticias, o más bien, hay una explicación para sus síntomas.
Kendra contuvo el aliento sintiendo un frío repentino.
—¿Qué sucede doctor? ¿Hay algún problema con el bebé?
—No hay bebé, Kendra, lo que tuviste fue un embarazo químico.
Kendra se quedó petrificada, y las palabras del doctor resonaron por el consultorio como una burla.
—Pero... la prueba de orina dio positivo, tuve mareos, un retraso... ya toda mi familia lo sabe.
—Se trató de un falso positivo —explicó el doctor con calma profesional—. A veces, el cuerpo produce la hormona hCG en niveles bajos por un óvulo que se fecunda, pero no logra implantarse, o incluso por un desajuste hormonal severo debido al estrés, tus niveles ahora están en cero, por lo que nunca hubo un embrión desarrollándose.
Kendra puso los ojos en blanco y sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies, no escuchó el resto de las explicaciones médicas sobre el estrés y los ciclos irregulares porque todo se volvió negro y se desmayó debido a la fuerte impresión de la noticia.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —la voz de Axel retumbó con autoridad.
Al escuchar la conmoción, Axel que esperaba afuera entró de forma intempestiva en el consultorio, y encontró al doctor tratando de reanimar a una Kendra pálida y sin vida, por un segundo la furia le nubló el pensamiento y estuvo a punto de arremeter contra el médico, hasta que notó la presencia de la enfermera que le acercaba sales de amonio y comprendió que algo muy grave había pasado.
—Está en shock —dijo el Dr. Jiménez, ajustándose las gafas mientras observaba a Axel con curiosidad— ¿Es usted el esposo?
—Soy su guardaespaldas —respondió Axel con voz cortante—¿Qué le dijo para que ella se pusiera así?
Aunque era información privada, la hostil actitud de Axel lo intimidaba así que el doctor suspiró señalando los análisis.
—No hay embarazo, fue un proceso químico, una ilusión biológica alimentada por un estrés extremo, físicamente está sana, pero emocionalmente... acaba de recibir una fuerte impresión.
Tras despertar Kendra notó que estaba descansando en la camilla del consultorio y tenía una vía puesta, Axel estaba a su lado con una expresión de preocupación mal disimulada en su rostro.
—No hay ningún bebé—dijo Kendra con pesar.
Axel sintió una inesperada punzada de alegría interna porque sentía que ese hombre cobarde no merecía el milagro de la paternidad, y mucho menos a través de una mujer que claramente estaba siendo coaccionada por su propia familia.
—Quizás sea mejor así —respondió Axel con voz grave.
—¿Axel, cómo va a ser mejor?, mi reputación está destrozada, mi hermana me desprecia, mi padre me evita como a la peste y ahora resulta que mi bebé no existe.
A pesar de que cualquier contacto físico estaba fuera de sus protocolos, Axel se acercó y le tomó la mano, sus dedos eran cálidos y firmes, y se sentían como un ancla en medio de la tormenta que era la vida de Kendra en ese momento.
—Señorita Barreto—dijo él, obligándola a mirarlo con amabilidad—en el futuro podrá tener un hijo sin que sea una condena, piense que ese bebé solo era la evidencia de que hizo algo con lo que usted no está de acuerdo.
Kendra guardó silencio y se sintió muy pequeña, dejó que Axel la ayudara a levantarse y en un gesto que la hizo sentir protegida por primera vez en mucho tiempo, permitió que él la cargara con mucha facilidad hasta el auto.
—No hay nada, Axel —susurró ella, apoyándose en la puerta del coche mientras se alejaban del lugar—No hay hijo, no hay embarazo, todo lo que hice fue por nada.
La magnitud de este desastre la golpeó como un rayo, era un falso positivo, y por culpa de la indiscreción de Ifigenia enviando esa foto a Ángel, este había cancelado la boda.
—Por una mentira de mi cuerpo, Ángel canceló la boda, Keila huyó de la casa y ahora mi papá me mira con asco—dijo en voz baja sintiendo desazón.
Sin embargo, en medio de su dolor, tuvo una idea que se sintió como un rayo de esperanza en medio de tanta oscuridad, pensó en que tal vez esto le daría una excusa a Ángel para no casarse y se sintió bien con eso.