Ella es mejor amiga del chico popular el cual comienza a sentir algo por el Pero los prejuicios por las apariencias complican todo
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Capitulo 6
Esa noche, el teléfono de Abril vibró.
"Hola, soy Pablo. ¿Cómo estuvo tu fin de semana?"
Ella lo miró un rato. Milo le había dicho que se alejara. Pero también Milo a veces la sobreprotegía.
"Bien, tranquilo. ¿Y el tuyo?" respondió.
Pasaron los días.
Pablo escribía cada día. Buenos días, buenas noches, ¿qué hiciste?, ¿qué te gusta?, ¿cuál es tu película favorita?
Abril respondía cortante al principio. Pero él era insistente sin ser molesto. Y ella, que no estaba acostumbrada a que alguien le prestara atención, empezó a soltarse.
—Es raro —le dijo a Milo en el almuerzo—. Es amable. No se ha burlado de mí ni una vez.
Milo apretó la mandíbula.
—Sigue siendo raro. No confíes.
—¿Por qué eres tan negativo? —preguntó ella, molesta—. ¿No quieres que sea feliz?
Milo quiso gritar.
No quiero que te lastimen otra vez, pensó.
Pero dijo:
—Solo cuídate.
Pablo pidió una cita.
Abril le contó a Milo, emocionada. Sus ojos brillaban como no brillaban hace meses.
—¿Qué me pongo? —preguntó—. ¿Qué le digo? ¿Dónde quedamos?
Milo sintió que se ahogaba.
—No voy a ayudarte a salir con él —dijo, seco.
Abril frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no me gusta— respondió Milo
—No se trata de ti —respondió ella, con una frialdad que Milo no le conocía—. Es mi vida.
Se dio vuelta y se fue.
Milo se quedó solo.
Y por primera vez, tuvo miedo de verdad.
Luego él corrió detrás de ella.
—Por favor —le dijo Milo a Abril.
Ella se detuvo. Lo miró con los ojos brillantes, pero no de felicidad.
—Lo siento —dijo Abril—. Es que últimamente estoy sensible. No me gusta estar enojada contigo. Pero no me ayudas.
Milo respiró hondo.
—Bien. Voy a ayudarte.
—¿De verdad? —preguntó ella, con una mezcla de esperanza y desconfianza.
—Sí. Vamos a practicar.
—¿Practicar qué? —dijo Abril, frunciendo el ceño.
—Románticamente —respondió Milo, y una sonrisa torcida apareció en su rostro—. Porque eres muy mala en eso.
Abril lo golpeó en el brazo, pero sin fuerza.
—Seguro que tú eres todo un profesional, ¿verdad? —dijo con sarcasmo.
Milo se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.
—He tenido mis momentos.
—No me hagas reír —respondió ella, cruzando los brazos—. La única vez que intentaste ligar con alguien delante de mí, te trabaste y dijiste que tenías que estudiar.
—¡Eso fue una estrategia! —se defendió Milo, riéndose.
Abril soltó una risa corta. La primera en días.
—Está bien —dijo—. Enséñame, maestro.
Y Milo sintió que acababa de firmar su propia condena.
—Bien, tendremos muchas citas —exclamó Milo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Abril sonrió, por fin, y se giró para irse. Sus pasos eran más ligeros que antes. Milo la vio alejarse y sintió el peso de lo que acababa de prometer.
La voy a ayudar a conquistar a otro hombre.
Y voy a morir en el intento.
Mientras tanto, en otro lugar de la universidad
Pablo caminaba junto a Diana, con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido.
—Es más difícil de lo que creí —dijo, sin mirarla—. Ella no confía en mí. Para nada.
Diana puso los ojos en blanco.
—Solo dale tiempo. La gorda nunca recibe atención, así que obviamente le será difícil creer que alguien tan lindo como tú se fijaría en ella.
Pablo asintió, aunque no del todo convencido.
—Tienes razón.
Hizo una pausa. Luego la miró de reojo.
—¿Y qué tal vas con Milo?
Diana sonrió, pero era una sonrisa fría. Calculadora.
—Nada. Es solo un juguete. Me distraigo con él. Yo solo tengo ojos para chicos como tú.
Pablo soltó una carcajada. Una carcajada sincera, cruel.
—¿Yo? Sigue soñando. No me fijaría en ti ni aunque fueras la última mujer en el mundo. Mira, hasta me quedaría con Pepa Pig antes que contigo.
El rostro de Diana se transformó.
—¡Maldito imbécil!
Le pegó un golpe en el brazo, fuerte, y se giró. Sus tacones resonaron en el pasillo mientras se alejaba furiosa.
Pablo se quedó solo, riéndose todavía.
Pero cuando la risa se apagó, su mirada se volvió seria.
Pepa Pig.
Ese era el apodo. El chiste. El plan.
Y sin embargo...
¿Por qué no podía dejar de pensar en la forma en que Abril había sonreído cuando le pidió su número?