"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."
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Capítulo 17: El nido de la serpiente
POV: SEBASTIÁN
El tintineo de la plata contra la porcelana me produce una jaqueca insoportable. Estamos cenando en el comedor principal de la mansión Alarcón: mi madre Beatriz, Victoria y yo. Fuera, la tormenta azota los ventanales, pero el frío real está dentro, sentado en esta mesa.
—Sebastián, querido, apenas has tocado tu filet mignon —dijo Beatriz, observándome con esos ojos que ahora sé que me compraron en una transacción clandestina—. Estás pálido. ¿Es por el exceso de trabajo en el hospital o por la presión de los Monteclaro?
—Es por la hipocresía, madre —respondí, forzando una sonrisa gélida mientras miraba a Victoria—. Me resulta fascinante cómo los De la Vega siguen caminando con la cabeza en alto mientras sus fundaciones están siendo desmanteladas por la fiscalía.
Victoria dejó su copa de vino con una lentitud calculada. Sus ojos brillaron con un odio que ya no se molestaba en ocultar del todo.
—La fiscalía no encontrará nada que no queramos que encuentre, Sebas —susurró ella, inclinándose hacia mí—. Mi padre tiene amigos en lugares muy oscuros. Lugares donde los apellidos no importan, solo el silencio. Deberías estar agradecido de que estemos bajo el mismo techo. Fuera de aquí, el mundo es... peligroso. Especialmente para residentes embarazadas que creen que pueden heredar imperios.
Apreté el cuchillo bajo la mesa hasta que mis nudillos se pusieron blancos. Era una amenaza directa. Victoria estaba perdiendo la paciencia, y una fiera acorralada es capaz de cualquier cosa.
POV: ELENA
La mansión Monteclaro se siente vacía a pesar de los lujos. Mi madre, Elvira, ha reforzado la seguridad, pero yo no puedo dejar de sentirme observada. Pasé la tarde en la biblioteca, buscando registros antiguos de la clínica de San Pedro. Necesito entender cómo fue que Arturo, el hombre que hoy camina por esta casa como un fantasma culpable, permitió que me vendieran.
De pronto, la puerta se abrió. Era Arturo. Se veía demacrado, con ojeras profundas y un temblor en las manos que nunca antes le había visto.
—¿Qué haces aquí, Arturo? —pregunté, cubriendo instintivamente mi vientre.
—Vine a advertirte, Elena —dijo con voz ronca—. Beatriz Alarcón me llamó hoy. Quieren que firme un documento reconociendo que tu nacimiento fue fruto de una infidelidad de tu madre con un desconocido, para invalidar tu derecho a la herencia y a la gerencia del hospital.
—¿Y lo vas a hacer? —lo reté, con el corazón latiéndo con fuerza.
Él se quedó callado un largo tiempo, mirando un retrato de mi madre de hace veinte años.
—No lo sé. Si no lo hago, los De la Vega publicarán fotos de mis desfalcos en la empresa familiar. Pero si lo hago... te perderé para siempre.
—Ya me perdiste hace veinte años, Arturo —sentencié—. Lo que decidas ahora solo determinará si vas a la cárcel como un estafador o como un cómplice de secuestro.
Él retrocedió, golpeado por mis palabras, y salió de la biblioteca sin decir más. Sabía que estaba contra la pared. Los Alarcón lo estaban chantajeando para destruirme.
POV: SEBASTIÁN
Después de la cena, me encerré en mi despacho. Saqué el teléfono desechable y verifiqué las cámaras que instalé a escondidas en el salón. Vi a Victoria hablando por teléfono en voz baja.
"Sí... háganlo mañana. Cerca del hospital. Arturo ya está ablandado, si ella desaparece, él no tendrá a quién defender".
Mi sangre se congeló. Mañana. Iban a actuar mañana.
Intenté llamar a Elena, pero mi señal estaba siendo interferida. Alguien en la casa había instalado un bloqueador de frecuencias. Salí al pasillo y me encontré con Beatriz. Ella me miró con una calma aterradora.
—¿A dónde vas tan tarde, hijo? —preguntó.
—Necesito aire, madre.
—Quédate en casa, Sebastián. Mañana es un día importante para la familia. No querrías estar en el lugar equivocado cuando el destino decida poner a cada uno en su sitio.
Me di cuenta entonces de que yo también era un prisionero. Me habían comprado para ser su heredero, y ahora me mantenían cautivo para que no interfiriera en la eliminación de la única mujer que amaba.
POV: ELENA
Esa noche, el bebé pateó con una fuerza inusual. Me senté en la cama, tratando de calmarlo.
—Tranquilo, pequeño... papá vendrá por nosotros. Lo prometió.
Pero en el fondo de mi alma, sentía un vacío negro. Miré hacia el jardín de la mansión. Una sombra se movía entre los arbustos de rosas. No era uno de nuestros guardias. Era alguien que conocía las entradas secretas de la casa.
Un sobre pasó por debajo de mi puerta. Lo abrí con manos temblorosas. Dentro no había una carta, sino una vieja medalla de cuna con el nombre "Sebastián" grabado, y una nota escrita a mano:
"Ellos te compraron a ti, pero a él lo robaron. Mañana, la verdad saldrá de las sombras. No confíes en Arturo. Firma: Los Castellanos".
Me quedé petrificada. Los padres de Sebastián estaban en la ciudad. La red de mentiras estaba a punto de colapsar, pero el precio de la verdad parecía que se pagaría con sangre.