un caos en tacones
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Cap 21
La Conciencia: ¡Agárrense, que este viaje no lo tiene ni la mejor aerolínea! Tenemos una persecución a 160 km/h por la autopista, balas silbando afuera y, adentro del Mercedes, un despliegue de honestidad brutal que está dejando a Alek y a Ivan más vulnerables que un examen sorpresa. El alcohol y la adrenalina son una mezcla peligrosa, amigos.
El auto zigzagueaba entre el tráfico nocturno. Ivan, desde el asiento trasero, sacó su arma por la ventana para responder al fuego de los dos sedanes que los seguían, mientras trataba de que Sofía no le quitara la pistola porque "brillaba muy bonito".
—¡Ivan, no seas gacho, déjame disparar a los globos! —decía Sofía, jalándole el brazo al ruso mientras este intentaba apuntar—. ¡Es como en las ferias! ¡Tú eres el peluche que me quiero ganar!
—¡Señorita Sofía, por favor, esto no es una feria, es un ajuste de cuentas! —gritaba Ivan, rojo como un tomate, tratando de no reírse mientras esquivaba un beso de la mexicana—. ¡Jefe, apresúrese, que esta mujer me va a desarmar con pura mirada!
En el asiento del copiloto, Renata no tenía miedo. Estaba en esa etapa de la embriaguez donde uno se siente filósofo y juez. Miraba a Alek, quien maniobraba el volante con una fuerza bruta, esquivando balas y coches.
—Alek… —dijo Renata, acariciándole la nuca con una lentitud que casi hace que el ruso pierda el control del auto—. ¿Por qué te esfuerzas tanto en ser el malo? Tienes una cara de niño triste cuando crees que no te veo.
—Renata, ahora no, por favor —gruñó Alek, con el sudor corriéndole por la frente—. Estoy tratando de que no nos maten.
—Nadie nos va a matar —sentenció ella, con una seguridad absoluta—. El universo no dejaría que muera alguien que se ve tan bien con antenas de grillo. Pero dime la verdad… ¿me sacaste de mi casa porque me amas o porque soy la única que te dice "no"?
La Conciencia: ¡Directo al mentón! Alek casi pisa el freno en seco. Las balas impactaban en el cristal blindado, pero la pregunta de Renata le dolía más que cualquier proyectil. Miren su cara: está a punto de colapsar entre el deber del mafioso y el hombre que se muere por ella.
—¡Porque eres la única que me hace sentir que no soy un monstruo! —estalló Alek, dándole un giro violento al volante para sacar a un perseguidor de la carretera—. ¡Porque desde que te vi, no he podido pensar en otra cosa que no sea tu lengua larga y tus rizos! ¿Eso querías oír? ¡Sí, me tienes loco, Maestra!
—¡Vieron! ¡Lo admitió! —gritó Sofía desde atrás, aplaudiendo mientras Katia balbuceaba dormida "papi grillo"—. ¡Ivan, aprende! Tu jefe tiene pantalones, ¡tú solo tienes una pistola grande!
Ivan se tapó la cara con una mano mientras con la otra enviaba un mensaje por radio a sus hombres para que terminaran de limpiar el camino.
—¡Jefe, llegamos a la casa de seguridad en cinco minutos o me tiro del auto! —rogó Ivan—. ¡Estas mujeres son más peligrosas que la mafia italiana y la Bratva juntas!
La Conciencia: Finalmente, el Mercedes entró derrapando en una fortaleza escondida en las montañas. El silencio regresó, pero la tensión apenas comenzaba. Los perseguidores quedaron atrás, pero ahora Alek e Ivan tenían que bajar del auto a dos mexicanas borrachas, valientes y extremadamente dispuestas a seguir sacando verdades.
Alek apagó el motor y se quedó mirando al frente, respirando agitado. Renata se acercó a su oído y le dio un mordisquito en el lóbulo de la oreja.
—Bienvenido a la casa de seguridad, Grillo. Ahora… termina la frase que empezaste en el auto.
La Conciencia: ¡Ay, mi madre! Entraron a la casa de seguridad, pero dudo que alguien esté seguro ahí dentro esta noche. ¿Qué va a pasar cuando el efecto del vino empiece a bajar pero la sinceridad se quede?
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