"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 18: El juicio del Fénix
El Gran Salón del Consejo olía a incienso rancio y a miedo contenido. Las columnas de madera roja se alzaban como guardianes silenciosos de una tradición que se sentía morir ante mis propios pasos. Caminaba por el pasillo central, sintiendo el peso de la seda real sobre mis hombros y el de mil miradas inquisidoras sobre mi nuca. A mi lado, Youngjae caminaba con la mano apoyada en el pomo de su espada, su mandíbula tan tensa que parecía tallada en granito.
Al final del salón, sentada en un trono apenas un escalón más bajo que el del Rey, la Gran Reina Viuda nos esperaba. A sus pies, los ministros del Consejo Real estaban agrupados como cuervos hambrientos. Sabía que este no era un debate; era una emboscada política.
—Su Majestad —dijo el Ministro de Ritos, un hombre cuya piel parecía pergamino viejo—, el Consejo ha deliberado. La presencia de esta mujer en vuestros aposentos y, peor aún, su pretensión al título de Reina, es una mancha que los ancestros no perdonarán. No tiene nombre, no tiene clan, no tiene pasado.
Youngjae dio un paso al frente, pero yo le puse una mano en el antebrazo. Habíamos acordado que esta vez, el acero no sería la respuesta. Mi arma era el futuro.
—Ministro —dije, mi voz resonando clara y sin el temblor que sentía en las entrañas—, ustedes hablan de antepasados, pero yo vengo a hablarles de supervivencia. Dicen que no tengo pasado, pero la realidad es que tengo vuestro pasado memorizado. Sé que su clan, el de los Ryu, ha estado desviando fondos de las minas de plata del norte desde hace tres décadas. ¿Es ese el "honor" que defienden?
El silencio que siguió fue tan pesado que se podía escuchar el crepitar de las brasas. El ministro palideció, retrocediendo como si lo hubiera golpeado.
—¡Insolente! —gritó la Reina Viuda, poniéndose de pie—. ¿Cómo te atreves a difamar a los pilares de Joseon con tus mentiras de bruja?
—No son mentiras, Majestad —respondí, caminando hacia ella—. En mi tiempo, estudiamos los registros ocultos que ustedes creen haber quemado. Sé que la sequía que se avecina el próximo mes no es un castigo divino, sino un fenómeno cíclico. Si siguen con el sistema de riego actual, el pueblo morirá de hambre y la rebelión de los Park parecerá un juego de niños comparada con lo que vendrá.
Usé términos de agronomía y gestión de recursos que les resultaban alienígenas, pero que tenían una lógica matemática que no podían ignorar. Los ministros empezaron a murmurar entre ellos. La duda, ese virus letal para la autoridad, estaba empezando a propagarse.
Youngjae me miraba con una mezcla de orgullo y asombro. Él sabía que yo era especial, pero verme desarmar a los hombres más poderosos del reino con palabras era una victoria que ni él había imaginado.
—Lo que Yoona propone —intervino Youngjae, su voz cortando los murmullos— no es solo un cambio de leyes, es una evolución. Ella no necesita un clan porque ella es el conocimiento que Joseon necesita para no colapsar. Si quieren una Reina que solo sepa bordar y callar, busquen en otro lugar. Yo quiero a la mujer que sabe cómo salvar mi reino.
La Reina Viuda apretó su abanico de seda hasta que la madera crujió.
—Un reino no se salva con extraños, Youngjae. Se salva con sangre pura. El Consejo exige que tomes a Lady Ha-eun como segunda consorte para asegurar la estabilidad. Ella tiene el respaldo de las provincias. Esta... Yoona... puede quedarse como una distracción en tus noches, pero nunca será la madre de un heredero legítimo.
Sentí una punzada de dolor en el pecho, pero no por mí, sino por la furia que vi estallar en los ojos de Youngjae. Se acercó a su abuela, ignorando todo protocolo.
—Si vuelves a sugerir que ella es una "distracción" —susurró él, tan bajo que solo nosotros tres pudimos oírlo—, me encargaré de que pases el resto de tus días en un templo remoto en las montañas. Yoona es mi única Reina. Y si el Consejo no lo acepta hoy, mañana buscaré un nuevo Consejo que sí lo haga.
La amenaza surtió efecto. La Reina Viuda se hundió de nuevo en su trono, derrotada por la voluntad inquebrantable de su nieto. El juicio del Fénix había terminado, y aunque no habíamos ganado su amor, habíamos ganado su miedo.
Regresamos a nuestros aposentos cuando la luna ya estaba alta. El cansancio nos pesaba en los huesos, pero la adrenalina de la victoria política seguía vibrando. Yoona se dejó caer en el diván de seda, despojándose de la pesada corona de oro.
—Lo hiciste —dijo Youngjae, arrodillándose ante ella, tomando sus manos entre las suyas—. Los dejaste mudos. Nunca había visto a mi abuela tan pequeña.
—Solo les dije la verdad, Youngjae —respondí, acariciando su rostro—. Pero sé que esto no ha terminado. Ha-eun no se rendirá tan fácilmente.
—Que lo intente —gruñó él, subiendo sus manos por mis brazos, desatando con urgencia los cordones de mi túnica real—. Esta noche solo quiero olvidar que existe un trono. Solo quiero ser el hombre que te ama.
El romance y el erotismo volvieron a reclamar su espacio. Youngjae me despojó de las capas de seda con una mezcla de reverencia y hambre. Cada centímetro de piel que quedaba al descubierto era reclamado por sus labios. La tensión del día se transformó en un deseo abrasador.
Me levantó en vilo, llevándome hacia el lecho de seda roja. Allí, bajo la mirada de las estrellas que se filtraban por la ventana abierta, nos amamos con una intensidad que rozaba la desesperación. Sus manos, antes cerradas en puños frente a los ministros, ahora eran suaves sobre mis senos, trazando círculos de fuego que me hacían arquear la espalda.
—Dime que eres mía —susurró él, hundiéndose en mí con un empuje que me hizo ver el futuro y el pasado en un solo parpadeo.
—Siempre tuya —respondí, mis gemidos perdiéndose en el silencio del palacio.
Fue un encuentro duro y apasionado, una celebración de nuestra victoria sobre la tradición. Youngjae me tomaba con una fuerza que me recordaba que, aunque yo trajera el conocimiento, él era el acero que me protegía. Nos perdimos el uno en el otro, el sudor brillando sobre nuestra piel como perlas bajo la luz de la luna, hasta que el éxtasis nos dejó exhaustos y completos.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞