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Sweet Blood

Sweet Blood

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.

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Capítulo 02

El silencio que siguió a la partida de su madre fue más pesado que cualquier estruendo. Wang XiaoXuan permaneció de pie en el centro del gran salón, observando cómo la silueta de la mujer que la había criado se desvanecía tras las pesadas puertas de roble. Su madre no había mirado atrás; la mezcla de alivio por la salvación de su hijo y la vergüenza por el sacrificio de su hija la habían empujado a huir casi a trompicones hacia el coche que la esperaba.

XiaoXuan se miró el dedo. La herida ya no sangraba, pero el aroma seguía allí, flotando en el aire como una esencia invisible que parecía haber despertado a la mansión misma.

—No te quedes ahí como una estatua de sal —dijo la Matriarca, su voz cortando el aire con la frialdad de una cuchilla—. El tiempo no es un lujo que nos sobre. Sígueme.

La mujer, que se hacía llamar Lady Liu, comenzó a caminar hacia una de las alas más oscuras de la mansión. XiaoXuan, con las piernas pesadas como si caminara a través de lodo, la siguió. Cada paso la alejaba más del mundo que conocía y la adentraba en una arquitectura de sombras y secretos.

—¿Qué es exactamente lo que tiene mi sangre? —preguntó XiaoXuan, tratando de que su voz no temblara—. Mi madre mencionó que era "especial", pero usted habló de una "anomalía de dulzura". ¿Qué significa eso para su hijo?

Lady Liu no se detuvo, ni siquiera giró la cabeza al responder.

—La mayoría de los humanos tienen una sangre que sabe a metal y miedo. Es funcional, nos alimenta, pero no nos cambia. Sin embargo, una vez cada varias generaciones, nace alguien con el linaje del "Corazón de Azúcar". No es azúcar real, por supuesto. Es una composición espiritual y biológica única. Tu sangre no solo nutre; tiene propiedades regenerativas que pueden purificar lo que está corrupto.

Se detuvieron frente a una puerta de metal reforzado, custodiada por dos hombres de aspecto severo que ni siquiera parpadearon al verlas.

—Mi hijo, Chen Yi —continuó Lady Liu, bajando el tono de voz a un susurro casi reverente pero cargado de amargura—, sufre de la Maldición de la Sombra Podrida. Es una herencia de nuestros ancestros, un castigo por un pecado cometido hace siglos. Su sangre se está volviendo ceniza dentro de sus venas. Se está secando, XiaoXuan. Y cuando un vampiro de su linaje se seca, no solo muere; se convierte en un monstruo de pura agonía que devasta todo a su paso antes de desintegrarse.

XiaoXuan sintió un nudo de terror en el estómago.

—¿Y mi sangre puede detener eso?

—Tu sangre es el único antídoto. Es la "dulzura" que puede diluir la amargura de la sombra. Pero no es una cura instantánea. Necesita ser administrada con cuidado, y bajo condiciones muy específicas.

Lady Liu abrió la puerta, revelando lo que parecía ser un laboratorio médico de última generación mezclado con una biblioteca de ocultismo. En el centro, un hombre de unos cincuenta años, vestido con una bata blanca impecable pero con ojos que delataban siglos de cansancio, analizaba el frasco con la gota de sangre de XiaoXuan bajo un microscopio de aspecto extraño.

—Doctor Han —llamó la Matriarca—, dígame que no nos hemos equivocado.

El hombre levantó la vista. Sus ojos se clavaron en XiaoXuan con una mezcla de fascinación científica y una piedad que la hizo sentir aún más inquieta.

—Es ella, Milady —confirmó el doctor Han—. La densidad de los corpúsculos de luz en su plasma es tres veces superior a la media de los registros históricos. Es la sangre más pura que he visto en mis cuatrocientos años de práctica. Es... casi celestial.

—¿Celestial? —XiaoXuan soltó una risa nerviosa y amarga—. Solo soy una chica que intenta pagar las facturas de un hospital. No hay nada celestial en ser tratada como un banco de sangre.

—No te equivoques, niña —dijo el doctor Han, acercándose a ella con una jeringuilla y varios tubos de ensayo—. Tu vida acaba de adquirir un valor que no podrías calcular ni con todo el oro del mundo. Pero ese valor conlleva un peligro proporcional.

—¿A qué se refiere?

—La maldición de Chen Yi es... agresiva —explicó el doctor mientras le indicaba que se sentara en una silla de cuero—. Su cuerpo rechazará tu sangre al principio. El orgullo de un vampiro de sangre pura es inmenso. Él ve su enfermedad como su destino, y verá tu sangre como una intrusión, un recordatorio de su debilidad. Además, la reacción química entre su sombra y tu luz será... dolorosa. Para ambos.

—¿Para mí también? —XiaoXuan sintió que el aire faltaba en la habitación—. Se supone que yo solo doy la sangre.

Lady Liu intervino, cruzando sus brazos elegantemente sobre su pecho.

—El intercambio no puede ser mecánico, XiaoXuan. Para que tu sangre conserve sus propiedades purificadoras, debe ser entregada voluntariamente y bajo un estado emocional de calma. El miedo corrompe el sabor, la ira lo vuelve tóxico para un vampiro enfermo. Si quieres salvar a tu hermano, tendrás que aprender no solo a darme tu sangre, sino a dársela a él con una aceptación que roce el afecto.

—¡Eso es imposible! —exclamó XiaoXuan, levantándose de la silla—. Ni siquiera lo conozco. ¡Ustedes me están comprando! ¿Cómo esperan que sienta "afecto" por alguien que me va a usar como alimento?

Un estruendo repentino sacudió las paredes. Venía de la habitación contigua. Fue un rugido de dolor, seguido del sonido de cristales rompiéndose y el pesado golpe de un mueble contra la pared. XiaoXuan se encogió de hombros, asustada.

—¡Sáquenla de aquí! —rugió una voz masculina desde el otro lado de la pared. Era una voz profunda, rasposa, cargada de un sufrimiento tan real que XiaoXuan sintió un pinchazo de dolor en su propio pecho—. ¡Puedo olerla! ¡Huele a mentiras y a una pureza que me da asco! ¡No quiero su maldita sangre!

—Es Chen Yi —susurró el doctor Han, mirando la puerta con preocupación—. Está en medio de una crisis. La presencia de la "sangre dulce" en la casa ha acelerado la reacción de su maldición. Es como poner agua fría sobre hierro incandescente.

Lady Liu se acercó a la puerta comunicante, pero no la abrió. Su rostro, antes impasible, mostró por un segundo la grieta de una madre desesperada.

—¡Chen Yi, basta! —gritó ella—. Esta joven es tu única oportunidad. ¡Mírate! Tus manos ya están empezando a volverse ceniza. ¿Quieres que el linaje de los Liu termine contigo como un montón de polvo en el suelo?

—¡Prefiero el polvo a la esclavitud de depender de una humana! —respondió él con un odio vibrante—. ¡Llévensela o juro que, si me acerco a ella, no dejaré ni una gota para que pueda volver a casa!

XiaoXuan escuchaba la disputa con el corazón acelerado. Aquel hombre, o monstruo, no era el villano frío que ella había imaginado. Parecía alguien atormentado, alguien que odiaba su situación tanto como ella la suya. La rabia en su voz no era contra ella, sino contra su propia impotencia.

—Él tiene miedo —murmuró XiaoXuan, sorprendiéndose a sí misma.

Lady Liu se giró hacia ella, sus ojos brillando con una luz peligrosa.

—Él no tiene miedo. Él tiene orgullo. Y el orgullo es lo que lo matará si tú no intervienes. Doctor Han, proceda con la extracción inicial. Necesitamos preparar el suero concentrado para la primera fase del tratamiento.

El doctor Han se acercó a XiaoXuan. Ella extendió el brazo, cerrando los ojos con fuerza. Sintió el pinchazo de la aguja y luego el ligero tirón de su vida fluyendo hacia el tubo de plástico. Pero esta vez, no pensó en el dolor. Pensó en XiaoHui. Pensó en la operación que le devolvería la vida a su hermano.

"Si esto es lo que cuesta", pensó XiaoXuan mientras veía cómo su sangre llenaba el recipiente, "entonces pagaré el precio. Pero no dejaré que me rompan".

—La sangre está lista —anunció el doctor minutos después, sosteniendo el tubo que brillaba con un rubí inusualmente intenso—. El aroma es abrumador. Milady, esto debería estabilizarlo por unas horas, pero no es suficiente. El contacto directo es necesario.

Lady Liu asintió y miró a XiaoXuan.

—Esta noche dormirás en la habitación contigua a la suya. Hay una puerta que conecta ambos cuartos. Estará cerrada con llave por fuera, pero él puede olerte a través de la madera. Queremos que se acostumbre a tu esencia. Mañana, se conocerán formalmente.

—¿Y si intenta hacerme algo? —preguntó XiaoXuan, frotándose el brazo donde la aguja había dejado una marca roja.

—No lo hará —dijo la Matriarca con una frialdad absoluta—. Está demasiado débil para forzar nada, y sabe que, si te mata, se suicida a sí mismo. Además, mis guardias vigilan cada sombra.

XiaoXuan fue escoltada a su nueva habitación. Era un lugar lujoso, decorado en tonos plata y azul medianoche, con una cama de dosel que parecía una nube. Pero para ella, no era más que una celda dorada.

Se sentó en el borde de la cama, escuchando el silencio de la mansión. Entonces, un gemido bajo llegó desde la habitación de al lado. No era un rugido esta vez, sino un suspiro de pura agonía.

—Duele... —escuchó ella, una voz apenas audible a través de la pared.

XiaoXuan se acercó a la puerta de conexión y apoyó la frente contra la madera fría. Podía sentir el frío que emanaba del otro lado, una gélida presencia que parecía querer devorar el calor de su propio cuerpo.

—Sé que puedes oírme —dijo ella en voz baja—. No quiero estar aquí tanto como tú no quieres que esté. Pero mi hermano se está muriendo, y tú también. Así que, por favor... deja de pelear. Si mi sangre es tu veneno o tu salvación, no lo sé, pero es lo único que tenemos.

Del otro lado, hubo un largo silencio. Luego, el sonido de alguien arrastrándose por el suelo hasta apoyarse contra el otro lado de la misma puerta.

—Tu sangre... apesta a esperanza —respondió la voz de Chen Yi, ahora más clara, pero llena de un cinismo cortante—. Y la esperanza es lo más cruel que puedes traer a esta casa, humana. Vete a dormir. Disfruta de tus sueños mientras todavía te pertenezcan.

XiaoXuan se alejó de la puerta, sintiendo un escalofrío. Se acostó en la cama sin quitarse la ropa, mirando hacia el techo oscuro. La maldición de los Liu no era solo física; era una sombra que envolvía todo lo que tocaban. Y ahora, esa sombra la había alcanzado a ella, entrelazando su sangre dulce con la oscuridad de un hombre que prefería morir antes que ser salvado.

Fuera, la tormenta finalmente estalló, y los relámpagos iluminaron la habitación, revelando por un segundo la silueta de XiaoXuan: una pequeña mancha de luz en un océano de tinieblas. El capítulo de su vida como una simple humana había terminado; ahora comenzaba su existencia como la cura de un monstruo.

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Helena Palomino Olaya
ojalá el acepte la ayuda de ella
Lorena Montoya
Amé!
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