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Matemos Las Ganas

Matemos Las Ganas

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Completas
Popularitas:36.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Novela no apta para 🔞🔞🔞

"Cinco años de silencio no fueron suficientes para apagar el fuego."
Mía es la heredera perfecta; Julián, el hombre que ella traicionó cuando él no tenía nada. Ahora, él ha vuelto: es un abogado poderoso, letal y viene de la mano de la prima de Mía.
Atrapados en una red de mentiras, ella finge amar al mejor amigo de él mientras Julián la devora con la mirada en cada rincón de la mansión. Entre pasillos oscuros y encuentros prohibidos, el odio se mezcla con una pasión incontenible.
Las excusas se terminaron. Es hora de dejar de huir y matar las ganas, aunque el precio sea destruirlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: El trono de espinas

La cena en el exclusivo Club Alvear era el evento del año. Ricardo Van Doren caminaba por el salón con el pecho inflado, creyendo que la fusión con el grupo de Marcos era su salvación definitiva. A su lado, Mía intentaba sonreír, pero cada movimiento le recordaba el roce de la seda negra de Julián en su piel apenas unas horas antes. El vestido de gala que llevaba, de un rojo intenso, ocultaba perfectamente las marcas que los dedos de Julián habían dejado en sus muslos, marcas que ella sentía palpitar como una confesión silenciosa.

De repente, los murmullos cesaron. Julián Rivas entró al salón. No vestía como un empleado; vestía como un conquistador. Se movió entre la élite con una arrogancia que heló la sangre de Ricardo.

—Señores —dijo Julián, levantando una copa de champán cuando llegó al centro del círculo de inversores—. Antes de brindar por esta unión, creo que hay un detalle del balance de los Van Doren que todos deberían conocer. Una "cláusula de veracidad" que el señor Ricardo parece haber olvidado mencionar.

Ricardo palideció, su copa temblando en su mano.

—Rivas, no es el momento... —balbuceó Ricardo.

—Es el momento exacto —replicó Julián, su voz resonando con una autoridad implacable—. Los activos que respaldan esta fusión no existen. Son castillos de papel. Ricardo Van Doren no les está ofreciendo una alianza, les está ofreciendo compartir su bancarrota.

El salón estalló en susurros de horror y sorpresa. Los inversores retrocedieron como si Ricardo tuviera la peste. Julián miró a Van Doren a los ojos, con una sonrisa gélida que decía: "Te dije que te destruiría". Ricardo se quedó allí, pequeño y humillado frente a toda la sociedad que tanto amaba, mientras Julián se daba la vuelta y salía del salón sin mirar atrás.

Una hora después, Mía entró como un torbellino en el despacho de Julián. El edificio estaba casi vacío, sumido en una penumbra cómplice.

—¡Eres un animal, Julián! —gritó ella, arrojando su bolso sobre el sofá de cuero—. ¡Lo destruiste! Lo humillaste frente a todos. ¿Es que no tienes límites? ¿Es que no te importa lo que me pase a mí después de esto?

Julián, que estaba sentado tras su escritorio con la corbata floja y una copa de whisky, ni siquiera se inmutó. La miró con una intensidad que hizo que la rabia de Mía se transformara, en contra de su voluntad, en una corriente de calor eléctrico.

—No lo destruí yo, Mía. Su propia ambición lo hizo. Yo solo encendí la luz para que todos vieran la basura que escondía —respondió él, levantándose lentamente—. Y no me hables de límites cuando viniste aquí buscando exactamente esto.

—¡Mientes! Vine a decirte que te odio...

Julián acortó la distancia en dos zancadas. Antes de que ella pudiera terminar la frase, él la sujetó por el cuello con firmeza, sin lastimarla, y le cerró la boca con un beso salvaje. Fue un beso cargado de dominio, de lenguas que se buscaban con la desesperación de dos náufragos. Mía intentó empujarlo, pero sus manos terminaron enredadas en el cabello de él, atrayéndolo más, rindiéndose a la verdad que quemaba en sus entrañas: ella lo deseaba más cuando él era un monstruo.

Julián se separó apenas unos milímetros, jadeando contra sus labios.

—Dime que me odias mientras tiemblas así —le retó él.

Sin darle tiempo a respirar, la giró con un movimiento brusco y experto. Mía soltó un grito ahogado cuando sintió el impacto de sus manos contra la madera fría de su escritorio. Julián la obligó a inclinarse, poniéndola en cuatro, con su torso pegado a la superficie donde horas antes él había firmado la sentencia de muerte financiera de su padre.

—Este es tu lugar, Mía Van Doren —susurró él, levantando la seda roja de su vestido hasta su cintura.

Mía sintió el aire frío de la oficina en su piel desnuda antes de sentir el calor abrasador de Julián. Él no fue delicado. La tomó por las caderas con una posesión que le dejó claro quién mandaba allí. Antes de entrar, Julián bajó su rostro y la recorrió con su lengua, saboreándola con una voracidad que la hizo gemir de forma incontrolable, sus manos arañando la madera del escritorio, dejando marcas de sus uñas en el barniz caro.

—Julián... por favor... ahora... —suplicó ella, con la cabeza baja y los ojos cerrados por el placer puro que él le estaba dando.

Él no la hizo esperar más. Se posicionó y entró en ella con una sola embestida profunda y poderosa, haciéndola gritar su nombre en el silencio de la oficina. Cada movimiento de Julián era un reclamo, una forma de decirle que, aunque su padre hubiera perdido su trono, él había construido uno nuevo sobre el cuerpo de ella.

Mía se entregó por completo, sus gemidos llenando el despacho mientras Julián la poseía con una furia rítmica que la hacía vibrar desde los pies hasta el alma. Era un sexo sucio, cargado de poder y venganza, pero también de una necesidad que ninguno de los dos podía ocultar. Julián le sujetaba las manos contra el escritorio, inmovilizándola mientras la llenaba una y otra vez, buscando ese punto exacto que la hacía perder el sentido.

—Eres mía —le decía él, su voz ronca de lujuria golpeando el oído de ella—. Ni tu padre, ni Marcos, ni nadie podrá borrar lo que te estoy haciendo sentir ahora.

Mía alcanzó el clímax con una intensidad que la dejó sin aire, sintiendo cómo las paredes de su interior se contraían alrededor de él en espasmos violentos. Julián la siguió segundos después, rugiendo su nombre mientras se derramaba dentro de ella, entregando su propia semilla como el sello final de su victoria.

Se quedaron así unos minutos, unidos en el silencio de la oficina, con el único sonido de sus respiraciones agitadas. Julián se retiró lentamente y la ayudó a incorporarse, pero no la soltó. La miró a los ojos, y por primera vez, Mía no vio odio, sino una posesión absoluta.

—Vuelve a casa, Mía —le dijo, acomodándole el cabello desordenado—. Mañana tu padre vendrá a pedirme perdón de rodillas para que salve lo que queda de su nombre. Y tú estarás allí para verlo.

Mía salió del edificio con las piernas temblando y el corazón en pedazos, dándose cuenta de que ya no quedaba nada de la niña que una vez fue. Julián se lo había llevado todo, y lo peor era que ella quería que él volviera por más.

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Tere Jimenez
gracias por compartir muchas felicidades
Tere Jimenez
muy hermosa novela muchas felicidades y gracias por compartir te deseo muchos éxitos más gracias un abrazo
Tere Jimenez
que pasara se va a dar cuenta que está en la oficina o escapara
Martha Patricia Corozo Angulo
Bonita historia 🤗😊💞
Sonia Cheuquepil
me encantó!!
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Edith Villamizar
EXCELENTE
Edith Villamizar
me encantó esta historia candente 🔥
muchas gracias 🌹
Jul Mesa
Muy buena tu novela felicitaciones
Maria M. Rosario
Asi me gustan cortas pero con esencia muy bonita.
Maria M. Rosario
Que salvaje este chico, la verdad es q la avaricia no tiene limites.
Maria M. Rosario
Waoo, la ambiciòn y el desecho no don buenos aliados.
Maria M. Rosario
Me gusto su entrega.
Maria M. Rosario
Esto se esta complicando. Ella debe decirle a Julian todo.
JANET GARZÓN
Julián quiere vengarse de Mía Pero ella no tiene la culpa, ella sacrificó su felicidad para salvar a la madre de el x eso obedeció a Ricardo
Lisbeth Torres
excelente
Isabelen Marquez
en esta vida todo se paga ☺️
Isabelen Marquez
en esta vida todo se paga ☺️
Isabelen Marquez
me encanta, queremos más en este estilo erótico 🥰🥰🥰
Isabelen Marquez
me encanta esta historia, pero más Julián ❤️❤️❤️
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