Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: ¿Quién eres realmente?
—Pues, yo no le tengo miedo, ni a usted, ni a nadie —dijo Florencia, con los brazos cruzados y un desdén que intentaba ser firme—. Le recuerdo que no estamos en la empresa, aquí usted no es nada para mí, y ya le dejé claro: si me busca, me encuentra.
Shane la miró en silencio, sus ojos oscuros como carbón penetraban en ella, pero la rabia le subía por cada vena.
¿Quién era esa joven audaz, atrevida y, sobre todo, insolente, que se atrevía a hablarle de esa manera?
Nadie, absolutamente nadie, lo trataría así sin consecuencias. Salió del auto con paso firme, cada movimiento calculado, y Florencia sintió cómo un hilo de temor recorría su espina dorsal.
Sin embargo, permaneció estática, decidida a no mostrar nada. No permitiría que él viera miedo en sus ojos.
Shane abrió la puerta del copiloto con un golpe seco, colocándose frente a ella. Florencia desvió la mirada, consciente de que no podía perder el control de la situación, de que cualquier indicio de temor lo haría más poderoso sobre ella.
—No quiero que mañana me digan que mi empleada fue asaltada y que no hice nada por ella —dijo Shane, con voz baja pero cargada de autoridad—. Así que sube al auto.
—¡No lo haré! —respondió Florencia, firme, tratando de mantener la voz estable, aunque el corazón le latía con fuerza en el pecho.
—¿Por qué eres tan maldita rebelde? —gruñó Shane, su frustración evidente, sus puños apretándose junto a sus costados.
—¿Y quién se cree usted para controlar la vida de todos? —replicó Florencia, mirándolo de reojo—. Conmigo no tiene poder.
Shane sonrió con alevosía, un gesto que hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Florencia.
Antes de que pudiera reaccionar, él la tomó en brazos con facilidad, como si fuera liviana, y la subió al asiento del auto. Cerró la puerta con un clic firme y seguro.
Florencia gritó, golpeó el vidrio, intentó abrir la puerta con desesperación, pero todo fue inútil. Nadie acudió a su auxilio. Nadie escuchaba, y en ese instante entendió que la situación era más seria de lo que había imaginado.
Shane entró al auto, tomando el volante con una seguridad aplastante. Sintió los golpes que Florencia le daba en los hombros.
—¡Pero, ¿qué rayos hace?! —gritó ella, con el corazón latiendo desbocado.
Era demasiado tarde.
Shane arrancó con velocidad, tomando las calles de Nueva York como un depredador. Florencia, tras los primeros segundos de pánico, decidió quedarse quieta.
Ya no gritaba, ya no luchaba contra él; se sintió ridícula por su reacción inicial, absurda, como si estuviera haciendo un berrinche infantil. Pero a pesar de ello, no podía dejar de observarlo.
Shane la miraba de reojo y, sorprendentemente, su expresión era de admiración contenida. Esa calma que mostraba después de su furia inicial lo intrigaba; parecía apreciar el temple que ella exhibía en tan poco tiempo.
—Parece que al fin comprendiste la situación —dijo Shane, con voz grave, cargada de autoridad.
—Lo único que comprendí —respondió Florencia, manteniendo la mirada baja y la voz firme— es que no debo engrandecer el ego de un hombre como usted. Se nota que se cree mejor que todo el mundo, pero, señor, usted solo es un humano más, no tiene nada de especial.
Shane mordió su labio inferior.
Esa frase le quemaba, le provocaba una frustración que le erizaba la piel, pero la contuvo. Sonrió de lado, una sonrisa que mezclaba ironía y algo más profundo, un dejo de complicidad que Florencia ni siquiera podía percibir del todo.
—No creo merecerlo todo en la vida —dijo él, suavizando la tensión—. Te equivocas, Florencia. Soy voluntarioso, caprichoso y arrogante, no lo niego. Tengo muchos defectos y apenas algunas virtudes. No hago esto para demostrar nada, solo… no quiero que te pase algo malo.
Florencia sintió cómo su corazón se encogía por un instante. Bajó la mirada, y por primera vez desde que estaba dentro del auto, se sintió culpable.
Su dureza, su desdén, incluso su rebeldía… todo eso había sido una defensa frente a un hombre que, de alguna manera inexplicable, parecía preocuparse por ella.
—¿Por qué le importa tanto lo que suceda a una simple empleada más? —susurró, con un dejo de vulnerabilidad que le hizo temblar los labios.
El auto se detuvo en un semáforo rojo, y Shane aprovechó el instante para mirarla con atención. Su mirada no era solo de curiosidad; era penetrante, intensa, y contenía un matiz que Florencia no podía descifrar del todo.
—¿De verdad solo eres una simple empleada más? —preguntó él, la voz cargada de segundas intenciones,
Ella tragó saliva. Por un momento, el mundo pareció encogerse dentro de ese auto.
Shane no la miraba como lo hacía cualquiera; sus ojos la escrutaban, buscando algo que ella no estaba segura de tener.
Ella tuvo miedo de que él la hubiese reconocido.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad