"Las 10 Locuras" es una vibrante comedia dramática que sigue la vida de diez mujeres excepcionales, unidas por la amistad y la convivencia en una casa compartida. Lo que comenzó como un pacto para dividir gastos, pronto se transforma en un hogar bullicioso, lleno de risas, conflictos y un apoyo incondicional. Pao, Hazel, Diana, Mar, Jequena, Angie, Isyuris, Marytanchy, Vilmaris y Viviana Cada una de ellas, con personalidades tan diversas como entrañables, aportan una chispa única a esta peculiar hermandad.
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19 - Un encuentro inesperado
La casa seguía siendo un remolino de vida, risas y a veces, pequeños desacuerdos que siempre se resolvían con una buena charla y abrazos. Las relaciones de Diana, Angie, Jequena, Hazel y Mar seguían floreciendo, cada una con su estilo, y los novio ya eran parte del paisaje, trayendo sus propias dinámicas, sus gustos, y sus dramas controlados
Isyuris, aunque feliz por sus amigas, a veces sentía un pequeño vacío, le gustaba su independencia, su trabajo, su espacio, pero ver tanto amor a su alrededor la hacía pensar en que quizás también era hora de que el suyo llegara, no era de las que buscaba activamente, pero una parte de ella deseaba esa conexión especial que veía en sus compañeras de casa
Esa semana, le tocaba a Isyuris la tarea de hacer las compras para la casa, una labor que, para ella, siempre venía con un toque de aventura y, a veces, de confusión, la lista era larga, escrita por Viviana con letra clara y organizada por secciones, pero Isyuris sabía que el supermercado era un laberinto de posibilidades y distracciones
— Oigan, chicas, ¿están seguras de que la salsa tártara va en la sección de lácteos? — preguntó Isyuris, mientras revisaba la lista y se ponía sus gafas — Pensé que estaba junto con las mayonesas
— Si, Isy, la salsa tártara va con las mayonesas y aderezos, en la sección de conservas — le explicó Jequena — Y recuerda bien las marcas, que Marytanchy es muy específica con sus cereales integrales
— Y por favor, Isyuris, nada de improvisaciones — advirtió Vilmaris — Las compras deben ser estrictas a la lista para mantener el presupuesto bajo control, cualquier desviación podría afectar el balance financiero de la casa
— ¡Ay Vilmaris, que la pobre Isyuris vaya tranquila! — exclamó Mar — ¡No la presiones! Si se le antoja un chocolate, que lo compre. La vida es para disfrutarla, no para vivir con números y estadísticas en la cabeza
Mar, por supuesto, aprovechó para dramatizar un poco, defendiendo el derecho de Isyuris a la improvisación y al placer
Isyuris, con una sonrisa, asintió, aunque sabía que en el fondo, la lista era su mejor guía para no perderse en la inmensidad del supermercado. Cogió sus llaves, su cartera y un bolso reutilizable, y salió de la casa, dispuesta a cumplir su misión
El supermercado era un mundo aparte, lleno de luces brillantes, carritos ruidosos y el murmullo constante de la gente. Isyuris, con su lista en mano, se movía con una determinación tranquila, pero a veces, se quedaba un poco perdida entre los pasillos interminables
— A ver, el café orgánico va en la sección de... ¿cereales o especias? — se preguntó Isyuris, mientras miraba a su alrededor, con una pequeña arruga en la frente — Creo que lo vi cerca de los tés, pero no estoy segura
Mientras Isyuris estaba en plena encrucijada del café, un hombre alto, con una barba bien cuidada y una sonrisa amable, se acercó a ella
— Disculpa, ¿buscas algo en particular? — preguntó el hombre con voz suave — Te veo un poco perdida, quizás pueda ayudarte
Isyuris levantó la vista sorprendida, y se encontró con unos ojos amables que la miraban con curiosidad, sintió un leve sonrojo en sus mejillas
— Oh, sí, estoy buscando el café orgánico, pero no sé si va aquí o en otro pasillo — dijo Isyuris, señalando su lista con el dedo — Y también tengo que encontrar la salsa tártara, que mis amigas dicen que va con las mayonesas, pero yo la buscaba en los lácteos
El hombre sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro
— El café orgánico suele estar con los cafés especiales, un poco más allá de los cereales — explicó el hombre, señalando con el dedo — Y sí, la salsa tártara está con las mayonesas, mis amigos también se confunden a veces con eso
— ¡Ah, qué alivio! — exclamó Isyuris — Es que a veces me confundo un poco con estas cosas, y mis amigas son muy estrictas con la lista, no quiero comprar algo que no es
— Te entiendo perfectamente — dijo el hombre — A mí también me pasa, los supermercados son un mundo, ¿verdad? Por cierto, mi nombre es Martín, mucho gusto
— Isyuris, el gusto es mío — respondió Isyuris, sintiendo una comodidad instantánea con Martín — Eres muy amable por ayudarme
Martín y Isyuris continuaron su camino por el supermercado juntos, Martín, que parecía saberse el supermercado de memoria, le fue indicando dónde estaban las cosas, y Isyuris, agradecida, le contaba pequeñas anécdotas de la casa y sus amigas
— Y Vilmaris, que es la más organizada, hace unas tablas de presupuesto que parecen de una empresa multinacional — contaba Isyuris, riendo — Y Mar, bueno, Mar es un drama constante, pero es la más divertida de todas
Martín escuchaba con atención, riendo con las historias de Isyuris, y compartiendo algunas de sus propias anécdotas
— Yo vivo solo, así que mis dramas son más bien conmigo mismo y con la nevera vacía — dijo Martín con humor — Pero me encanta la idea de vivir en una casa tan llena de vida y de amigas
Pasaron por el pasillo de las verduras, y Martín le dio algunos consejos sobre cómo elegir los aguacates maduros, y en el pasillo de los lácteos, le explicó las diferencias entre los distintos tipos de leche vegetal
El tiempo pasó volando, Isyuris, que había entrado al supermercado con una misión, se encontró disfrutando de la compañía de Martín, sus conversaciones eran fáciles, divertidas y llenas de esa química especial que no se encuentra todos los días
Cuando llegaron a la caja, el carrito de Isyuris estaba lleno, y su corazón también se sentía un poco más lleno
— Muchísimas gracias por tu ayuda, Martín — dijo Isyuris, mirándolo con gratitud — En serio, sin ti, me hubiera perdido en este laberinto
— Fue un placer, Isyuris — dijo Martín, con esa sonrisa amable que tanto le había gustado a Isyuris — Me la pasé muy bien contigo, eres muy divertida
Martín le ayudó a llevar las bolsas hasta el auto, y antes de despedirse, Isyuris sintió un impulso, algo que no era común en ella, pero que le decía que no podía dejarlo ir sin más
— Oye, Martín — dijo Isyuris, un poco nerviosa — Si... si alguna vez necesitas ayuda para encontrar algo en el supermercado, o si quieres escuchar más dramas de Mar, puedes llamarme, si quieres
Martín sonrió, sacó su teléfono y se lo extendió a Isyuris
— Sería un placer, Isyuris — dijo Martín — Anota mi número, y no solo para dramas de supermercado, sino para lo que quieras
Intercambiaron números, y Isyuris, con una emoción que no sentía desde hace mucho tiempo, regresó a casa, la lista de compras estaba completa, pero algo más importante se había añadido a su vida, una nueva amistad que prometía mucho
Al llegar a la casa, las chicas la recibieron con un aluvión de preguntas
— ¡Isyuris! ¡Ya llegaste! — exclamó Jequena — ¿Lo encontraste todo? ¿No te perdiste? ¿Compraste las marcas correctas?
— ¡Y trajiste algún chocolate extra para mi alma sensible! — dramatizó Mar — ¡Espero que no hayas olvidado mi dosis de dulzura!
Isyuris, con una sonrisa en el rostro, las miró a todas
— Chicas, lo encontré todo, y algo más — dijo Isyuris, con un brillo especial en los ojos — Conocí a alguien en el supermercado, se llama Martín, y es muy amable
El silencio se hizo en la cocina, y luego, una avalancha de preguntas y exclamaciones
— ¡AY DIOS MÍO! ¡ISYURIS TIENE UN NOVIO! — exclamó Angie — ¡Es el milagro del supermercado!
— Cuéntanos todo, Isyuris — dijo Diana — ¿Es guapo? ¿Es inteligente? ¿Tiene buen sentido del humor?
Mar, por supuesto, no tardó en dramatizar
— ¡Ay Isyuris, qué emoción! — exclamó Mar — ¡Siento que mi corazón explota de felicidad por ti! ¡Pero no te olvides de nosotras cuando te enamores perdidamente! ¡Recuerda que tu familia está aquí!
Isyuris, con una sonrisa tímida, les contó su encuentro con Martín, la forma en que la había ayudado, sus risas compartidas, y el intercambio de números, las chicas escuchaban con atención, emocionadas por su amiga
— Me alegro mucho por ti, Isyuris — dijo Pao con dulzura — Te mereces encontrar a alguien especial
— Esto altera nuestras estadísticas de soltería en la casa — comentó Vilmaris, ya haciendo cálculos en su mente — Pero es un desarrollo positivo para la felicidad general del grupo, así que lo incluyo en mis análisis
Los días siguientes, Isyuris y Martín empezaron a hablar, mensajes de texto, llamadas, y luego, una invitación a salir. La primera cita fue tranquila, una caminata por el parque y un café, donde la conversación fluyó con la misma naturalidad que en el supermercado
Martín era un hombre sencillo, amable y con un gran sentido del humor, valoraba la autenticidad de Isyuris, sus pequeñas confusiones, su risa sincera, y su corazón enorme, e Isyuris, por primera vez en mucho tiempo, se sintió vista, comprendida y valorada por alguien especial
La amistad entre Isyuris y Martín florecía con cada encuentro, y poco a poco, esa amistad empezó a transformarse en algo más profundo, Isyuris, que había ido al supermercado a hacer las compras para la casa, había encontrado, en el pasillo de los sueños, la chispa de un amor que prometía ser tan auténtico y hermoso como ella misma
La casa, que ya era un nido de amores y amistad, se preparaba para recibir una nueva historia, la de Isyuris y Martín, un amor que había empezado en un lugar inesperado, pero que prometía ser tan sólido y duradero como la amistad que unía a las diez chicas.