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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

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I luv it

La habitación estaba cargada de un magnetismo pesado, casi eléctrico. El aire no solo olía a la batalla reciente; olía a una necesidad biológica que había llegado a su punto de no retorno. Cass estaba tendido sobre las sábanas revueltas, con el pecho subiendo y bajando con rapidez, observando al hombre que se cernía sobre él.

Kenny parecía un dios de la guerra en busca de descanso. La sangre de sus nudillos se había secado, pero sus ojos seguían fijos en Cass con una intensidad que quemaba más que cualquier herida. El aroma a roble del Alfa era ahora tan denso que Cass sentía que podía saborearlo en la lengua, una mezcla de madera antigua y humo que lo envolvía, asfixiando cualquier rastro del jengibre de Danilo que hubiera quedado en el ambiente.

—Tienes miedo —susurró Kenny, su voz rasposa acariciando la piel de Camilo como una lija fina—. Tus pupilas están dilatadas y tu corazón late tan fuerte que puedo escucharlo desde aquí.

Cass tragó saliva, sintiendo un escalofrío que no era de frío, sino de una anticipación que le recorría los huesos.

—No es miedo, Kenny —respondió Cass en un susurro valiente, estirando las manos para delinear los músculos tensos del abdomen del Alfa—. Es que sé lo que viene. Y sé que después de esto, ya no habrá un "yo" y un "tú" por separado.

Kenny soltó un gruñido bajo, una vibración que Cass sintió en sus propias entrañas. El Alfa se inclinó, atrapando las manos del Omega sobre su cabeza con una sola de las suyas, inmovilizándolo contra el colchón con una fuerza que desbordaba posesividad. Con la mano libre, Kenny empezó a acariciar el cuello del chico, justo sobre la glándula que latía desesperada por el contacto.

—Si te marco permanentemente ahora, Cassy, no habrá vuelta atrás —advirtió Kenny, aunque su mirada decía que ya había tomado la decisión—. No importa cuántos bloqueadores uses, no importa a dónde vayas. Cada fibra de tu ser gritará mi nombre. Serás mío en este mundo y en cualquier otro.

Cass arqueó la espalda, buscando el roce de los dedos de Kenny. La adrenalina de la pelea exterior todavía le zumbaba en los oídos, y el pensamiento de pertenecerle a este Alfa diabólico lo llenaba de una euforia oscura.

—Hazlo —suplicó Cass, sus ojos empañados por el deseo—. Reclámame. Borra todo lo demás. No quiero ser solo Cass nunca más. Quiero ser tu Omega.

Esa fue la invitación que el instinto de Kenny esperaba. El Alfa se lanzó sobre su cuello, pero esta vez no hubo la delicadeza de los besos anteriores. Sus labios se abrieron sobre la piel blanca del Omega, succionando y preparando la zona. El joven soltó un gemido largo, sus dedos retorciéndose bajo el agarre de Kenny. La humedad de la boca del Alfa, el calor de su aliento y la presión de su cuerpo lo hacían sentir que se estaba desintegrando.

Kenny se detuvo un segundo, rozando con sus colmillos la glándula inflamada. Podía sentir el aroma a miel y café brotando en su estado más puro, una esencia que lo llamaba, que le rogaba que sellara el pacto.

—Eres mi adicción, pequeño Omega —susurró Kenny antes de cerrar la mandíbula con firmeza.

El dolor fue agudo, un estallido de fuego que atravesó el sistema nervioso de Cass, pero inmediatamente después vino la gloria. En el momento en que los colmillos de Kenny perforaron la piel, una conexión invisible se soldó entre ambos. Cass sintió como si una ráfaga de viento helado y fuego líquido recorriera sus venas, llenando cada vacío de su alma con el aroma a roble de Kenny.

El chico gritó, pero no fue un grito de agonía, sino de una liberación absoluta. Sus piernas se envolvieron con fuerza alrededor de la cintura de Kenny, pegándolo a él como si quisiera fundir sus huesos. El lazo se estaba formando, una cuerda de oro y sombras que los ataba para siempre. Las feromonas de ambos explotaron en la habitación, creando una atmósfera tan saturada que el aire parecía brillar.

Kenny no se soltó de inmediato. Se quedó allí, bebiendo la esencia de Cass, dejando que su propia marca se asentara profundamente en el tejido del Omega. Sus manos bajaron para acariciar las caderas de Cass con una ternura posesiva que decía más que cualquier palabra. Estaba reclamando su territorio, plantando su bandera en el único lugar que le importaba.

Cuando finalmente Kenny se alejó, el cuello de Cass mostraba una marca roja y profunda, un sello que nunca se borraría. El Omega respiraba con dificultad, sus ojos desenfocados mientras asimilaba la nueva presencia en su mente: ahora podía sentir a Kenny, su calma victoriosa, su deseo insaciable y su amor obsesivo, todo vibrando dentro de él.

—Ya está —dijo Kenny, su voz llena de un orgullo feroz. Limpió con su pulgar una gota de sangre que bajaba por el cuello de Cass y luego la lamió, sin quitarle la vista de encima—. Ahora puedes intentar huir si quieres, pero mi aroma te seguirá hasta el fin del mundo.

Cass soltó una risa suave, cargada de una alegría diabólica. Se incorporó un poco y unió su frente con la del Alfa, entrelazando sus dedos con los de él.

—¿Huir? —preguntó Cass, rozando los labios de Kenny con los suyos—. ¿Por qué huiría del lugar donde finalmente me siento vivo? Me encanta estar atrapado contigo, Kenny.

Kenny lo besó de nuevo, pero esta vez fue un beso diferente. No era la búsqueda de un extraño, era el encuentro de dos partes de un mismo caos. En la penumbra del estudio, el aroma a miel y café se había transformado; ahora era una miel ahumada por el roble, un café que sabía a bosque y a peligro.

La marca permanente en el cuello de Cass palpitaba al ritmo del corazón de Kenny. Afuera, el mundo podía seguir en guerra, Danilo podía seguir buscando venganza, pero dentro de esas cuatro paredes, el trato estaba hecho. Cass había aceptado su destino supersónico, y mientras se hundía de nuevo en los brazos de su Alfa, supo que este era solo el comienzo de una eternidad de fuego.

—Me encanta romperte, para volver a reconstruirte.

La marca en el cuello de Cass ardía, un fuego líquido que reclamaba cada terminación nerviosa de su cuerpo. Pero en lugar de someterse, Cass sintió una oleada de audacia eléctrica. La conexión del lazo le devolvía el deseo oscuro de Kenny multiplicado por mil. Miró al Alfa, que lo observaba con un orgullo posesivo, y sonrió con una malicia que Kenny no le conocía.

—¿Me rompiste, Kenny? —susurró Cass, su voz ahora cargada de un tono bajo, seductor—. Creo que solo me abriste el apetito.

Sin previo aviso, Cass se deslizó bajo el cuerpo del Alfa con una agilidad felina y se arrodilló entre sus piernas. Kenny soltó un gruñido de advertencia, pero sus manos se clavaron en el colchón cuando vio a su Omega mirarlo desde abajo con ojos hambrientos. Cass no esperó permiso. Con manos temblorosas pero decididas, deshizo lo que quedaba de la ropa de Kenny, liberando su virilidad, que ya pulsaba con una gota de preseminal brillando en la punta.

Cass lo envolvió con sus dedos, admirando el contraste de su piel pálida contra el tamaño imponente del Alfa. Luego, lamió la punta con una lentitud tortuosa, saboreando la esencia pura de Kenny. El Alfa echó la cabeza hacia atrás, sus músculos tensándose como cuerdas de acero mientras Cass lo tomaba en su boca. El Omega se entregó a un sexo oral desesperado y profundo, queriendo demostrarle a Kenny que él también podía devorarlo. El sonido de la succión y los gemidos roncos de Kenny llenaron el aire saturado de feromonas.

—Cass... basta —gruñó Kenny, enterrando sus dedos en el cabello del chico para obligarlo a subir—. No voy a aguantar si sigues así. Quiero estar dentro de ti. Ahora.

Cass se separó con un hilo de saliva conectándolo al Alfa, sus labios rojos e hinchados.

—Entonces hazlo. Lléname de ti hasta que no quede espacio para nada más.

Cass se giró, apoyando las manos y las rodillas en la cama, ofreciéndose en una postura de sumisión absoluta que era, a la vez, un reto. Su propio cuerpo había reaccionado a la marca y a la cercanía del Alfa: su lubricación natural, ese aroma a miel espesa y café, ya empapaba su entrada, brillando bajo la luz tenue de la habitación.

Kenny no usó lubricantes artificiales; no los necesitaba. El Omega estaba desbordando deseo, su cuerpo preparado biológicamente para recibir a su Alfa. Kenny se posicionó detrás de él, su pecho sudoroso chocando contra la espalda de Cass. Con un movimiento brutal y certero, Kenny se hundió en él de una sola estocada.

El grito de Cass fue una mezcla de dolor exquisito y alivio. Se sintió desgarrar y completar al mismo tiempo. Kenny comenzó a embestir con la misma violencia con la que había peleado contra Danilo; cada golpe de sus caderas contra las de Cass sonaba como un aplauso húmedo y carnal.

—¡Eres mío! —rugió Kenny al oído de Cass, mordiéndole el hombro mientras sus manos apretaban sus caderas hasta dejar marcas moradas—. ¡Dilo!

—¡Soy tuyo! ¡Maldita sea, Kenny, más fuerte! —gritó Cass, echando la cabeza hacia atrás, buscando la boca del Alfa en un beso desordenado y hambriento.

La habitación era un caos de fluidos y feromonas. El roce de sus cuerpos generaba un calor insoportable. Cass sentía cómo el nudo de Kenny empezaba a formarse dentro de él, una presión creciente que amenazaba con anclarlos en un clímax eterno. Con cada embestida, la lubricación natural de Cass y el preseminal de Kenny se mezclaban, creando un sonido rítmico y sucio que alimentaba el frenesí.

Finalmente, el Alfa llegó a su límite. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, Kenny se aferró a Cass y descargó oleadas de semen caliente dentro de él. Cass sintió la plenitud total, sus propios músculos internos espasmándose alrededor del Alfa mientras él también llegaba al orgasmo, manchando las sábanas y su propio abdomen en una explosión de placer ciego.

Kenny no se retiró. El nudo se hinchó por completo, sellándolos. Se desplomó sobre la espalda de Cass, ambos jadeando, empapados en sudor y fluidos, unidos por el lazo y por la carne. El aroma a roble y miel ahumada era ahora una capa física en el aire.

Cass cerró los ojos, sintiendo el calor del semen de Kenny dentro de él, el recordatorio líquido de que la guerra había terminado y él había sido el premio.

—I luv it —susurró Cass contra la almohada, con una sonrisa exhausta—, maldita sea, Kenny... amo cómo me destruyes.

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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