Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
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17- La paciencia se escapo por la ventana
🔴LAURA
Después de regresar del supermercado para buscar el desayuno de Javier y haberme encontrado con esa tiktoker, siento como si tuviera una soga en el cuello que se me ajusta cada vez más, mi cuerpo se rentaliza, me cuesta cruzar la puerta de entrada, mis movimientos se vuelven mecánicos.
Caminaba por el pasillo sintiendo que las paredes se venían encima. Cada rincón de esta casa, que alguna vez soñé como nuestro refugio, ahora me asfixiaba. Abrí la puerta del baño y el asco me golpeó de lleno: el piso estaba manchado, el rollo de papel higiénico vacío hacía días que nadie lo cambiaba, y la ropa sucia de Javier amontonada en la esquina como si el cesto no existiera.
Al entrar al cuarto, ahí estaba: su toalla empapada tirada directamente sobre las sábanas limpias que yo acababa de poner. Y él... Él solo estaba ahí, sentado en la cama, rascándose la barriga, soltando esos ruidos groseros apenas despertaba, como si estuviera solo en el mundo.
Por primera vez no vi al hombre del que me enamoré. Vi a un inútil. Un niño grande que me había tomado no como esposa, sino como un reemplazo de su madre. Yo limpiaba, ordenaba, yo aguantaba.
Javier se vistio tirando todos los pantalones planchados, para elegir la última de la pila, porque esa prefirió antes de sacar de manera prolija, lo mismo con las camisas, las deja arrugadas y desordenadas para sacar la última.
Se fue al trabajo, comiendo un yogur de paso, no saludo, no se despidió, como si yo fuera un mueble más.
Salí de esa casa, como si me persiguiera el mismo diablo, llegue a la casa de mi tío Toto, la minita está ahí, al verme se fue levantando las manos.
Mire a mi tío sería, preguntándole que hacía, él se encogió de hombros y suspiro pesado.
—Supongo que al no haber bebe, ya no debes casarte con ese mayor que tú.
Dijo tomando su café.
Me aproximé y sé lo quité tomando de la misma taza.
—Mira quien lo dice, o negaras que estaban a punto de hacerlo.
Le digo señalando hacia su secretaria que se fue.
—No cambies el contexto de lo que realmente importa, sin olvidar que lo pescaste besándose con otra.
—¿Cómo lo sabes?
—Eres mi única sobrina, a la que amo como a una hija biológica, no tengo esa bendición de tener descendencias y te cuido, por lo que sé todo sin que me lo digas.
—Eso asusta.
—Como sea, no me respondiste.
—No fue su culpa, la mina se le lanzó, no puedes negar que es muy atractivo, se mantiene bien para su edad...
—Ta, ta... No sigas... No quiero saber lo que hacen... Solo dime que leen la biblia.
—Nunca pensé que fueras tan conservador...
—Viniendo de ti, déjame creer que eres virgen...
—Ja, ja... Si y quede embarazada por el espíritu santo...
—Exacto... En fin, ¿A qué se debe tu visita?... No es que me moleste, pero tengo trabajo...
—Déjame quedarme, no molestaré, me siento asfixiada en esa casa, no sé si aguantare...
—Quédate todo el tiempo que quieras, mientras termino con mi trabajo.
Me pase el dia en casa de mi tio, me senti bien, sin tener que lidiar con la realidad de vivir con Javier, contando los dias para la boda.
Llegó la hora de la cena y la tensión se podía cortar con un cuchillo. De nuevo en un restaurante caro con los padres de Javier, de nuevo tener que fingir.
La señora Torres, mi suegra, no paraba de llenarle el plato y de alabarlo.
—¡Ay, qué hombre tan trabajador es mi Javier!
Decía ella con orgullo exagerado.
— Todo un proveedor, todo un caballero.
Algo dentro de mí se rompió. No podía callar más.
—¿Hombre?
Pregunté, y mi voz salió más firme de lo que esperaba.
— Si fuera un hombre no estaría actuando como un crío que no sabe ni bajar la tapa del inodoro. ¿Hombre? No sabe ni lavar un simple vaso para tomar agua, prefiere beber directo del pico de la botella y dejar el sachet de leche vacío en la nevera como si fuera un fantasma.
La mesa se quedó en silencio. Miré a Javier, que se encogía en su silla, y luego a ella:
—Señora, sería mejor que se lo meta otra vez en el vientre y lo vuelva a tener, porque esta vez salió sin enseñarle lo más básico.
—Laura, por favor...
Tartamudeó Javier, sudando frío.
—Es que... Es que tú estás así por lo que pasó. Por la pérdida del bebé. Los médicos dijeron que los nervios te tienen mal, que estás sensible.
Me quedé helada. Usaba la muerte de mi hijo para justificar su propia incompetencia y suciedad. Iba a responder cuando la puerta se abrió.
Entró Linda, al restaurante. Y no entró sola. Caminaba balanceándose, con esa sonrisa fingida y, sobre todo, mostrando sin pudor una panza prominente, redonda, de unos cuatro meses de embarazo.
—Hola a todos.
Dijo con voz dulzona, llevándose el celular al rostro.
— Perdón la tardanza, Javier me pidió que viniera para grabarle un video para su día especial, ¿verdad, amor?
Senti como si me apuñalaban en el estomago, ella me veia como la organizadora de su boda y sin pudor se mostraba como si exhibiera un trofeo con su embarazo y al creer que Javier le prepara la gran boda.
Ella levantó la mano y le guiñó un ojo de forma conspirativa. Javier se puso pálido, más blanco que la mesa. Lo vi tragar saliva, incapaz de hablar.
Todo encajaba. Las salidas, el desinterés, la distancia. Ahora mas claro que el agua.
Sentí un mareo de ira y decepción. Me levanté de un golpe, la silla raspó el piso.
—¡Laura, hija, espérate!
Gritaron sus padres poniéndose de pie para bloquearme el paso.
—No te vayas, por favor. Nosotros le vamos a dar su castigo, verás que sí. Es un desastre, lo sabemos, pero te va a cuidar mejor, te lo prometemos.
—Suélteme.
Dije fría, mirándolos a los ojos.
— No me toquen.
Y entonces lo entendí todo. Vi cómo se miraban, cómo su única preocupación era que no me fuera. No era por mí, no era por amor. Era por el miedo a que me llevara mi dinero, mis propiedades, todo lo que yo había construido y que ellos creían que iba a fusionar con la miseria de su hijo.
—No se preocupen
Les dije, escupiendo las palabras.
— No voy a cancelar nada... Voy a terminar esto de una vez por todas. Y quédense con su hijo y con su "familia perfecta". Yo me voy a respirar aire limpio.
—Que bien Laura. Si ve a despejarte y claro que no vas a cancelar nada o que dirán después, ya estan todos invitados, los peces gordos, que les aseguraran el futuro en los negocios.
Respiro aliviado el señor Torres.
Salí de ahí sin mirar atrás. Javier seguia temblando, sin decir nada, al lado de la mujer que le había sido infiel y ahora cargaba su hijo, mientras yo cargaba solo con la verdad.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril