Mi nombre es Katherine, soy maestra sustituta en la universidad de Ozark las cosas se me complican cuando mi vida se topa con un Estudiante de nombre Teo, ese chico es la rebeldía en persona y el Diablo salido del Infierno.
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capítulo 2
El silencio del aula vacía se volvió denso, cargado de una tensión eléctrica que Katherine no podía controlar. La pregunta de Teo, cargada de una arrogancia peligrosa, la dejó helada por un segundo.
—¿Estás loco? —logró decir ella, forzando una expresión de indignación que ocultara el repentino acelerón de su corazón—. Deja de jugar en este momento. Soy tu maestra, aunque sea sustituta, y me debes respeto.
La respuesta de Teo no fue verbal. Con la agilidad de un depredador que finalmente ha acorralado a su presa, el joven atleta presionó su cuerpo contra el de ella. Antes de que Katherine pudiera reaccionar, Teo atrapó ambas muñecas de la mujer con una sola mano, alzándolas por encima de su cabeza y anclándolas contra el frío marco de la puerta.
—¡Teo! ¿Qué haces? —exclamó ella, forcejeando inútilmente contra la fuerza bruta del chico.
Él no se detuvo. Con un tirón seco y preciso de su mano libre, desgarró la blusa de Katherine. Los botones saltaron, rebotando contra el suelo con un tintineo que pareció retumbar en todo el salón. Acto seguido, Teo hundió su rodilla entre las piernas de ella, frotando su intimidad con una presión rítmica que buscaba desarmar cualquier rastro de autoridad que a ella le quedara.
—¡Suéltame! ¿Quieres que me despidan? ¿Qué demonios te pasa, idiota? —siseó Katherine, su rostro era una mezcla de rabia y pánico mientras su cuerpo empezaba a traicionarla ante la cercanía de aquel chico.
—Shhh... —Teo deslizó su mano libre bajo el encaje de su lencería, apretando y estimulando su pecho con una posesividad experta. Se inclinó sobre su cuello, dejando que su aliento cálido le erizara la piel—. Si no te callas, te van a escuchar... y entonces sí que te van a correr.
Katherine apretó los dientes, mordiéndose el labio para contener un jadeo que amenazaba con escapar. Sus ojos azules, antes gélidos, ahora ardían con una furia impotente.
—¿Qué crees que haces? —susurró entre dientes—. ¡He dicho que te detengas!
Teo la ignoró por completo. Bajó el rostro hacia el escote de ella, dejando que su lengua recorriera la piel suave, provocando que Katherine cerrara los ojos con fuerza, luchando por no emitir un solo sonido que le diera la victoria al joven.
—Parece que a la maestra le está gustando... —se burló él, mirándola de reojo con una chispa de malicia en sus ojos morados.
—¿Qué... qué es lo que buscas? —repitió ella, con la voz quebrada.
De repente, con la misma rapidez con la que había atacado, Teo se apartó. Se llevó las manos tras la nuca, entrelazando los dedos con una parsimonia exasperante, como si nada hubiera pasado.
—Nada, maestra... —respondió él, ladeando la cabeza con una sonrisa cínica—. Solo me preguntaba... ¿no le da vergüenza venir vestida así a una universidad? Es usted una descarada; viene solo a provocar a sus alumnos.
Katherine, temblando de indignación, se apresuró a sujetar los restos de su blusa, tratando de recomponer su dignidad mientras sus manos aún flaqueaban.
—¡Eres un mocoso idiota! —estalló ella—. ¡El que yo vista así no te da ningún derecho a tocarme! ¿Acaso no piensas dejarme salir?
Teo la recorrió de arriba abajo con una mirada lenta y depredadora, mordiéndose el labio inferior con descaro.
—¿Descarado yo? —soltó una carcajada corta—. La que está casi desnuda en el aula es usted, no yo.
Fuera de sí, Katherine golpeó el suelo con el tacón de su zapato y abrió la puerta de par en par, señalando el pasillo con un gesto violento.
—¡Maldito mocoso! ¡Lárgate ahora mismo!
Teo caminó hacia la salida con paso relajado, deteniéndose justo al lado de ella para dedicarle una última mirada burlona.
—No se enoje tanto, maestra, que le van a salir arrugas —se despidió con un guiño.
—¡FUERA! —gritó ella, cerrando la puerta de golpe en cuanto él cruzó el umbral.
Katherine se apoyó contra la madera, tratando de recuperar el aliento. "Maldito idiota", pensó, mientras su corazón seguía martilleando contra sus costillas. "Menos mal que siempre cargo una blusa extra en el bolso".
En el pasillo, Teo caminaba con las manos en los bolsillos, saboreando el momento. Se relamió los labios con una sonrisa oscura, sintiendo todavía el rastro del perfume de Katherine.
"No sabe nada mal...", admitió para sus adentros, mientras sus ojos morados brillaban con la promesa de que esto era solo el principio.