¿Alguna vez te ha gustado tanto una persona que no puedes aguantar las ganas de verla y la tienes presente en tu mente todo el día?
Ese es el caso de Amanda. Desde que conoció a Mauricio; personal de mantenimiento en su casa, quedó flechada instantáneamente con su voluptuoso cuerpo y forma de ser. No obstante, tratará de conquistarlo cueste lo que le cueste. Pero muchas veces no todo lo que se quiere se puede tener... ¿O tal vez sí?
¿Será que su amor será correspondido algún día?
¿A qué se deberá enfrentar Amanda para ganar su corazón?
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MAMÁ...
—No tengo idea de quién seas y tampoco me importa, pero a mí nadie me habla así.
—Bájale dos rayas a esa actitud, Teresa Mendoza — suelto con sarcasmo.
—No se peleen, por favor — pide Esme.
—No estamos peleando, princesa. Solo le estaba pidiendo que se calme, ya que olvidó tomarse el relajatex 800 antes de venir. ¿Por qué no vamos dentro y continúas realizando tus tareas?
—¿Por qué no vamos por un helado las dos? — le agarra la mano a Esme, pero ella retrocedió, hasta agarrar la mía.
—No puedo, tengo muchas tareas, señora.
—Ya la escuchó. Ella no irá con usted a ninguna parte. Mauricio es el único con quién debe hablar sobre este tema, no puede simplemente sonsacar a Esme como quiera. Tengo entendido que todavía no han llegado a un acuerdo, por lo tanto, Esme no sale de aquí.
—Esperaré a que Mauricio llegue y me lo diga. Tengo todo el derecho de esperarlo y compartir con mi hija, así que si me permites, pasaré la tarde con ella — entró a la casa y me mordí la lengua.
No puedo sacarla de aquí, porque estaría empeorando las cosas para Mauricio, pero no le quitaré los ojos de encima en ningún momento. Nos sentamos las tres en la mesa y, por obvias razones, el ambiente se sentía cargado, parecía una escena sacada de la rosa de Guadalupe. No me agrada esa mujer. Independientemente de que haya sido la exmujer de mi piponcito y de saber lo que le hizo a Esme, solo con verla hace que se me revuelva el estómago.
No sé si se trataba de la incomodidad o disgusto, pero comenzó a darle leves golpes a la mesa con las uñas, provocando un sonido capaz de producir ansiedad. Esme también estaba incómoda, se podía notar en todas las veces que levantaba la cabeza solo para mirarla.
—¿Tienes pulgas o garrapatas encima? ¿No te das cuenta de que la estás desconcentrando? — su mirada asesina fue correspondida con una sonrisa.
—¿Necesitas ayuda en algo, Esme? — evade por completo mis preguntas, tomando en sus manos la asignación de matemáticas —. No has hecho esta todavía y es la más sencilla.
—No sé álgebra — responde tímidamente.
—¿Tu tutora no pudo enseñarte? — me miró fijamente y no desvié la mirada.
—Ella no es mi tutora.
—Entonces, ¿quién es? ¿De dónde salió? No la había visto antes por aquí.
—No es como que a menudo saque unas horas de su ocupada agenda para visitarnos, ¿o sí? — arqueo una ceja y rechina los dientes.
Fue un poco incómodo verla haciendo la tarea con Esme, pues hubiera querido ayudarle y enseñarle. Con esto confirmo que debo tomar unas tutorías que me ayuden a aprender sobre lo básico de las Matemáticas y así en un futuro podré sentirme útil.
La última tarea, donde debía dibujar a su familia y colorearla, dibujó a tres personas juntas y una distante. A simple vista podía decir que se trataba de Mauricio, ella y su mamá, ya que de tamaño, la persona que estaba a ambos lados de ella, eran altas y la de la esquina era pequeña. Me sentí un poco mal con eso, pero debo aceptar que yo no soy su mamá y tampoco busco sustituir a esa mujer pues, aunque nunca ha estado para ella, es su madre biológica y por más que sea, Esme la quiere mucho y está bien que sea así. Me enseñó el dibujo emocionada, ya habiendo terminado de colorearlo y sonreí.
—Es hermoso. Serás una gran artista, preciosa — acaricié suavemente su cabeza y sonrió.
—Sí, es muy lindo. ¿Quiénes son? — cuestionó esa mujer.
—Mi papá, Amanda y yo — puso el dibujo de vuelta en la mesa y señaló a la persona que estaba distante —. Y esta es usted, señora — fue como un balde de agua fría para las dos.
—¿Quién es Amanda? — me miró a mí e inmediatamente miré a Esme.
—Es ella — me señaló.
—Pero yo no soy tan alta — comento, esperando que cambie su versión.
—Tienes zapatos altos, Ama.
—¿Y por qué ella se ve tan pequeña en el dibujo, princesa? Ella es más alta que yo — sonrío nerviosa.
—Porque está sentada.
—Ah, no lo vi venir — rio nerviosa, notando claramente el disgusto de esa mujer.
—¿Así que tú vienes siendo la nueva amante de Mauricio?
—¿La qué? — me quedo petrificada por la forma en que se refirió a mí delante de Esme.
—No creas que por estar saliendo con Mauricio, ya eso te hace la madre de mi hija. Te lo advierto, no te atrevas a llenarle la cabeza a mi hija, porque no respondo. Tú no eres nadie en su vida.
Le hubiera dicho hasta del mal que se iba a morir, pero debía morderme la lengua, porque a diferencia de ella, yo sí respeto que la niña está presente.
—No le hable así a Amanda, señora — Esme salió en mi defensa y la miré sorprendida—. Amanda es una buena persona y ella sí es mi mamá.