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La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

Status: En proceso
Genre:La mimada del jefe / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Se supone que mi corazón no debe detenerse cada vez que entras en una habitación...

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo I

La noche se desplomó sobre Nueva York como una bestia herida, exhalando humo y luces de neón agonizantes. Desde el pináculo de su imperio, en el último piso, Kennedy Douglas contemplaba la urbe con una quietud que no era paz, sino una represión calculada. Abajo, las luces palpaban como un cardumen desorientado; arriba, en su sanctasanctórum privado, el orden reinaba: el cristal impecable, el whisky escocés vertido y desdeñado, el silencio, un lacayo sumiso.

Odiaba el silencio no solicitado, ese intruso que se colaba en su fortaleza mental.

El matrimonio.

La palabra resonaba en su cráneo como una gangrena, infectando cada pensamiento.

Casarse con Madison Beckham.

La progenie de Jeremy Beckham.

El precio a pagar.

La mandíbula de Kennedy se tensó, proyectando sombras duras sobre su rostro esculpido. Había sentenciado vidas a la nada con menos turbación que la que le provocaba este pacto. Nueva York siempre había exigido sacrificios, pero esta vez, la ciudad reclamaba sangre joven, un linaje, una atadura que, una vez forjada, no podría ser rota sin desatar el caos.

—Una idiotez superlativa —escupió, más para exorcizar el demonio interno que para dirigirse al espectro sentado frente a él.

Alexander Moore permaneció inmutable. Se había desplomado en el sillón de cuero como si le perteneciera, una pierna cruzada con desdén, el abrigo aún aferrado a su forma. Era el único que se permitía tales libertades en su presencia, el único que se atrevía a sostenerle la mirada. No por carecer de temor, sino por conocer las profundidades de su alma.

—No es una idiotez —replicó con un tono grave que resonaba con la solemnidad de un réquiem—. Es estrategia, Kennedy. Y tú eres un maestro en ese arte, aunque te repela.

Kennedy giró el rostro, apenas perceptible. Sus ojos, obsidiana pura, no reflejaban la ciudad, sino un pozo más profundo: un cansancio ancestral, una brutalidad grabada a fuego en su ser.

—Estrategia era tomar puertos, manipular mercados, doblegar voluntades —articuló con un veneno sutil—. No representar el papel del patriarca feliz con una cría mimada.

Alexander arqueó una ceja, desafiante.

—Veinte años, Kennedy, no cinco. Y es una Beckham. No cometas el error de subestimarla.

Una risa seca, desprovista de alegría, escapó de los labios de Kennedy.

—Precisamente por eso la desdeño. Jeremy Beckham ha creado una princesa, no una camarada. —Se giró por completo, apoyando las manos sobre la superficie pulida del escritorio—. No necesito una consorte. Necesito Nueva York.

La palabra "esposa" dejó un regusto amargo en su lengua. Nunca había sido un hombre de lazos. Vivía en soledad, operaba en las sombras, dormía con el frío consuelo del acero bajo la almohada y los recuerdos sepultados en las catacumbas de su mente. Kennedy Douglas no compartía, no se exponía, no transigía. Había aprendido demasiado pronto que todo aquello que se ama puede ser utilizado como un arma letal.

—Te noto… —Alexander vaciló, buscando la palabra precisa—. Contrariado.

La mirada gélida de Kennedy lo atravesó como una daga.

—Me siento traicionado por la lógica. Eso es infinitamente peor.

Se sirvió otro trago, sin siquiera ofrecerle la cortesía a su amigo. El líquido quemó al descender, pero no lo suficiente para extinguir el fuego que lo consumía.

Madison Beckham. La había observado en fotografías: piel impecable, mirada altiva, vestidos con precios exorbitantes, sonrisas vacías. Una existencia desprovista de barro, de sangre, de temor genuino.

Un error costoso.

—No encajará —prosiguió Kennedy, como si articulara un soliloquio—. Y cuando no encaje, se desmoronará. Y cuando se desmorone, Beckham me culpará. —Sus dedos tamborilearon sobre el cristal con un ritmo impaciente—. Es una bomba de relojería envuelta en seda.

Alexander suspiró, resignado.

—O tal vez, una sorpresa.

La mirada de Kennedy fulminó a su amigo.

—No me permito creer en sorpresas.

El silencio retornó, más denso, más opresivo. Afuera, una sirena ululaba como un vaticinio sombrío. Kennedy volvió a dirigir su mirada hacia la metrópolis que se extendía a sus pies. La anhelaba. La necesitaba. Nueva York no era simplemente un territorio; era la prueba irrefutable de su valía, la última frontera que debía conquistar, la confirmación de que había sobrevivido a todo lo que intentó destruirlo.

Incluso a sí mismo.

—Me casaré —sentenció finalmente, con una calma que no era rendición, sino un decreto inquebrantable—. No por ella. No por Beckham. Por la ciudad.

Alexander asintió, consciente de que el destino estaba sellado.

—Entonces, hazlo a tu manera, Kennedy.

Kennedy apretó el vaso hasta sentir el frío entumecer su piel.

—Siempre lo hago.

Pero en un rincón recóndito de su mente, una inquietante certeza comenzaba a tomar forma, silenciosa y peligrosa: Madison Beckham no sería un mero peón en su juego. Y este matrimonio… no dejaría a nadie ileso.

La noche continuó respirando afuera, lúgubre, paciente, como si la mismísima Nueva York estuviera observando, aguardando el momento de cobrar su precio.

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Malu Enriquez
Pinta interesante 😸
Anonymous
Interesante
Anonymous
Hasta aquí en este último y penúltimo capítulo fue q me pareció interesante esta novela, espero lo sea
Lelis Vellejo
Me está gustando la historia 👏
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