Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Celos
La fiesta terminó entre reverencias elegantes y despedidas cargadas de sonrisas que no siempre eran sinceras.
Las lámparas comenzaban a apagarse una a una cuando Lady Smith, todavía impecable en su vestido que parecía ahora estar aun mas ajustado, se deslizó entre los últimos invitados hasta colocarse frente al duque Cassian Rathborne.
Su sonrisa era dulce.
Demasiado dulce.
—Su gracia.. Espero que haya disfrutado la velada. Me encantaría que asistiera a mi pequeña fiesta de té este jueves. Será algo íntimo… selecto.
Cassian estaba a punto de responder con la cortesía habitual cuando una voz suave, perfectamente modulada, intervino desde su lado.
—Encantados iremos.
Eveline.. sonrió con radiante naturalidad, tomando con delicadeza el brazo de su prometido.
El silencio fue breve.
Pero suficiente.
Lady Smith parpadeó.
Su sonrisa se tensó.
—Oh.. En realidad… la invitación era solo para el duque.
La frase cayó con una suavidad venenosa.
Eveline pestañeó.
Sus labios temblaron apenas.
Y luego ocurrió algo que nadie esperaba.
Sus ojos se humedecieron.
—Oh… comprendo.. Claro… no debería haber supuesto…
Se llevó una mano al pecho como si la herida fuera profunda.
Cassian se tensó de inmediato.
—¿Eveline?
Ella bajó la mirada, como si intentara contener las lágrimas.
—No pasa nada… entiendo que hay reuniones donde la futura duquesa de Rathborne no es bienvenida…
Su voz se apagó casi en un hilo.
Cassian sintió que algo frío y firme se instalaba en su pecho.
Alzó la vista hacia Lady Smith.
La cortesía desapareció.
—Lady Smith.. donde no reciban con respeto a la futura duquesa Rathborne… difícilmente podrán considerarme un invitado apropiado.
La firmeza fue absoluta.
No había agresividad.
Pero tampoco margen para interpretación.
Lady Smith palideció.
—No quise insinuar..
—Lo hizo —respondió Cassian, sin elevar la voz.
Eveline dio un pequeño sollozo perfectamente ensayado.
Cassian, preocupado, dio un paso al frente y se colocó ligeramente delante de Eveline, como si su sola presencia bastara para protegerla.
—No permitiré que se la menosprecie..
Lady Smith apretó los labios.
La compostura comenzaba a resquebrajarse.
—Solo era una reunión de amigos…
—Entonces será mejor que invite también a caballeros.. Porque mi prometida y yo asistimos juntos a los eventos sociales.
El mensaje era inequívoco.
Un último silencio incómodo se extendió entre los tres.
Lady Smith inclinó la cabeza con rigidez.
—Como desee, su gracia.
Dio media vuelta con elegancia forzada y se alejó.
Cassian bajó la mirada hacia Eveline.
—¿Está bien?
Ella tardó apenas un segundo en responder.
Demasiado poco para alguien que supuestamente estaba al borde del llanto.
—Sí… —murmuró, aún con la cabeza inclinada.
Él levantó suavemente su mentón con dos dedos.
Y entonces lo vio.
Sus ojos no estaban rojos.
No había rastro real de lágrimas.
Y en el instante en que la mirada de Eveline se cruzó con la de Lady Smith.. que todavía observaba desde la distancia.. ocurrió algo completamente impropio de una futura duquesa.
Eveline le sacó la lengua.
Breve.
Rápido.
Infantil.
Descarado.
Lady Smith abrió los ojos con indignación furiosa.
Cassian lo vio.
Todo.
Y por un segundo luchó contra la risa.
—Eveline… —murmuró en tono bajo, entre divertido y reprobatorio.
Ella volvió a adoptar expresión compungida en cuanto él la miró de nuevo.
—¿Qué sucede? su gracia…
Él soltó una exhalación que fue casi una carcajada contenida.
—Es usted una criatura peligrosa.
Ella alzó la mirada con inocencia brillante.
—Solo protejo lo que es mío.
Cassian sintió un calor extraño y agradable ante esa afirmación.
Pasó el brazo por su cintura con firmeza.
—No necesita fingir lágrimas para que la defienda.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué lo hace?
Eveline inclinó la cabeza con un gesto felino.
—Porque funciona.
Cassian finalmente rió en voz baja.
Detrás de ellos, Lady Smith se retiraba rígida, claramente humillada.
Y mientras descendían los escalones de la mansión hacia el carruaje, Cassian pensó que aquella joven que alguna vez fue tímida y vacilante se había convertido en algo mucho más fascinante.
Una leona elegante.
Astuta.
Y absolutamente decidida a no soltar lo que consideraba suyo.
Y, por primera vez en mucho tiempo, el duque Rathborne descubrió que no solo no le molestaba…
Sino que le encantaba.
El carruaje avanzaba por las calles iluminadas tenuemente por faroles nocturnos. El sonido rítmico de los cascos de los caballos llenaba el silencio… un silencio que no duró demasiado.
Eveline miraba por la ventanilla.
Muy erguida.
Muy digna.
Demasiado callada.
Cassian, sentado frente a ella, entrecerró los ojos con una sonrisa apenas contenida.
—Está pensando demasiado..
Ella giró lentamente el rostro hacia él.
—¿Yo?
—Sí.
—Solo recordaba algo que dijo esta noche.
Su tono era suave.
Peligrosamente suave.
Cassian apoyó el codo en el respaldo.
—¿Ah, sí?
Eveline cruzó los brazos.
—“Ha sido una decisión complicada”.
Repitió sus palabras con perfecta imitación.
—¿Le resultó tan difícil negarse a bailar con Lady Smith?
Cassian la observó unos segundos.
Ella estaba fingiendo molestia.
Pero lo hacía con una convicción encantadora.
—Fue una decisión diplomática —respondió él con calma.
—Claro… diplomática.. Tal vez debería asistir a su fiesta de té. Si tanto le cuesta decirle que no… no quisiera interferir en sus sacrificios sociales.
Cassian soltó una risa baja.
No estaba irritado.
Estaba… entretenido.
Eveline, sentada a su lado, parecía pequeña dentro del carruaje. Delgada, elegante, casi delicada.
Y sin embargo…
Su carácter lo desafiaba sin miedo.
Lo celaba sin disimulo.
Y eso, lejos de incomodarlo, le provocaba una chispa divertida.
—Entonces supongo que usted tampoco tendría problema en bailar con cualquier joven que la invite..
Ella lo miró con inocencia exagerada.
—No con cualquiera.
Él alzó una ceja.
—Ah, ¿no?
—Elegiría uno guapo.
Cassian se quedó en silencio un segundo.
Luego dos.
—¿Guapo?
—Por supuesto. Si voy a provocar celos, al menos que valga la pena.
Eso no le pareció gracioso.
En un movimiento rápido, la tomó por la cintura y la sentó sobre sus piernas.
Eveline soltó una pequeña exclamación sorprendida, seguida de una risa.
—¿Qué está haciendo?
—Aplicando un correctivo —respondió él con voz grave, aunque sus ojos brillaban divertidos.
La sostuvo con firmeza, como si realmente estuviera castigándola.
Ella lo miró de cerca.
Demasiado cerca.
Sus manos descansaron sobre los hombros del duque.
—¿En serio cree que esto es un castigo?
Él no respondió de inmediato.
Ella inclinó apenas la cabeza.
—Sentarme en sus piernas… su gracia… es más bien premiarme por ser territorial.
Cassian sintió que la compostura peligrosa que siempre mantenía empezaba a resquebrajarse ante esa mezcla de audacia y dulzura.
—Es usted insoportable.
—Y aun así me eligió.
—No lo dude.
Ella sonrió, satisfecha.
El carruaje avanzaba, ajeno al pequeño duelo que ocurría en su interior.
Cassian apoyó la frente contra la de ella.
—No fue difícil decirle que no.. Lo que fue complicado fue hacerlo sin ofender a su padre.
Eveline lo observó atentamente.
Ya no fingía enojo.
—Lo sé.
—No disfruto que dude de mí.
Ella suavizó el gesto.
—No dudo. Solo me divierte molestarlo.
Él deslizó una mano con firmeza segura por su espalda, manteniéndola en su sitio.
—Y a mí me divierte que crea que podría reemplazarme por “uno guapo”.
Ella rió.
—¿Está celoso?
—Tal vez.
—Bien.
Sus ojos brillaron.
—Eso significa que también soy importante para usted.
Cassian la sostuvo con un poco más de intensidad.
—No necesita provocar para saberlo.
El carruaje disminuyó la velocidad al acercarse a la mansión.
Eveline suspiró suavemente.
—Entonces no irá a la fiesta de té sin mí.
—No.
—¿Ni aunque se lo pida su “amiguita”?
Él sonrió de lado.
—Mucho menos por eso.
Ella apoyó la cabeza en su hombro, aún sentada sobre sus piernas.
Pequeña.
Delgada.
Pero con un carácter que lo desafiaba y lo reclamaba sin miedo.
Y Cassian comprendió que lo que más le gustaba de esa nueva Eveline no era solo su belleza bajo los hilos plateados… Sino la seguridad con la que decía, sin palabras..
Eres mío..
Y la forma en que él, sin discutirlo, pensaba exactamente lo mismo.
me encanta súper bien narrada
nunca perdió el hilo narrativo
ella con su suerte y el siempre ahí al lado