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Pandora: El Viaje Al Fin Del Mundo

Pandora: El Viaje Al Fin Del Mundo

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Aventura / Piratas / Completas
Popularitas:34
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.

Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.

¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #17: Rodeados por Basiliscos

Siendo sincera, en el fondo quería que el viaje siguiera siendo tranquilo, más que nada porque el viaje al fin del mundo parecía unas vacaciones familiares más que una misión.

—Qué extraño… —murmuró Levy con el oído pegado a la pared—. A excepción de Palas, Len y Jen, ninguno de nuestros compañeros ha hecho ruido desde que llegamos a la finca.

—Ese idiota Zarrapastroso trae algo entre manos —suspiré alimentando a Adonis con un pedazo de carne—.

Mi pequeña amiga estaba por apartar el oído cuando vio las sombras de unos seres con una afilada cola de serpiente en la pared. Ambas sin pensar, nos asomamos por la ventana, viendo a lo lejos a unos asquerosos basiliscos, que estaban en lo alto de una colina, listos para atacar la finca en pleno mediodía.

“Son ellos…” pensé tragando saliva y retrocediendo de la ventana.

—Están aquí —añadió Levy—.

Con mis amigas ocultas en mi mochila, salí de mi habitación estando armada con mi rifle, mi arco, mi espada y, como un misil, corrí por el pasillo para llegar a la habitación de los únicos compañeros que estaban en la finca.

—¡¡Jen!! ¡Len! ¡Palas! —los llamé, dándole golpes a las puertas de sus habitaciones—.

Estábamos rodeados por una horda de basiliscos, lo primero que intentamos fue encontrar a nuestros compañeros y a la señorita Aracne. No encontramos a nadie, la finca estaba vacía, casi como si nos hubieran olvidado dentro para que fuéramos masacrados por esos monstruos.

—¡Len! ¡Jen! No se separen de Adonis y por nada del mundo dejen que ellos pasen al centro de la ciudad —les ordené, sacando a mi dragona de nieve de mi mochila para dársela a Jena—. Su aliento tiene propiedades curativas, por lo que puede mantenerlos a salvo.

—Okey —me respondieron tragando saliva al mismo tiempo—.

Esos monstruos reptilianos con una corona de plumas, pero con una cabeza de un temible dragón, sus brazos eran tan amenazantes que solo les hacía falta tener tres dedos para darte un mortal golpe y su cola de serpiente con pinchos les daba movilidad por los cultivos, las calles de basura y por el bosque, aparte de, claro, darles un arma con la cual lanzarte y despedazarte a distancia.

—¡Palas! ¡Yo iré por la derecha! —le gritó Len usando su escudo de agua y su espada para pelear contra los basiliscos con ayuda de su novia—.

—¡Sí! —Palas volteó a verme para darme una orden con la mirada—. ¡Eve!

—¡Déjamelo a mí! —le respondí esquivando los ataques de algunos basiliscos y dirigiendo mi atención hacia el basilisco que era protegido por los otros—.

Con saltos precisos en los animales de granja más rígidos y en las vallas pude hacer piruetas en el aire para esquivar sus ataques, de la misma manera que pude dirigirme hacia el centro de su ejército.

“¡Te tengo!” pensé con mi mano apoyada en el mango de mi espada.

El basilisco que era el líder llevaba una armadura de caballero, una espada en su cintura y un tapiz de los dioses que usaba como bandera. Era distinto, aun así, no podía retroceder y con toda la fuerza de mis piernas me impulsé hacia él para cortarlo.

“¡Se terminó! ¡Idiota!”

Sin embargo…

—¡¡Ayuda!! —sollozó un hombre atado en un escudo de metal—.

—¡Por favor! ¡Sálvanos! —añadieron unas cuantas personas atadas a otros escudos de metal—.

—No… —jadeé temblando y soltando mi espada—.

Esos monstruos usaron personas vivas como escudos para proteger a su Rey; ellos no dejaban de gritar, de llorar y de pedir piedad, cuando su vida se había reducido cruelmente a simples sacos de carne. Mi estómago se revolvió al instante, mi espada estuvo a nada de impactar contra la cara de una persona de mi edad, si no fuera porque alcancé a soltarla.

Soltarla fue un error, lo sé… más cuando uno de ellos alcanzó a herirme en el abdomen con un pincho de su cola. Mi primera reacción al volver a la batalla fue usar una parte del escudo como plataforma para caer y rodar en el suelo con algunos rasguños.

“¿Te trae recuerdos de Medusa? Niña de la manzana”, se burló la voz de una mujer, en el fondo de mi mente.

“¿Qué? Esa voz…” pensé jadeando y con la mano en el abdomen, en un intento por detener el sangrado.

A la primera gota de sangre cayendo de mi abdomen, los basiliscos me atacaron con sus pinchos y con sus garras de los dedos, sin espada, no me quedó otra que usar mi arco y las flechas del estuche de lana que estaba sujeto en mi espalda.

Con saltos y piruetas en los árboles del bosque intenté crearme una ventana hacia el Rey sin dañar a esos inocentes. A diferencia de la espada, a mis flechas no las podía controlar del todo, lo que ocasionó tragedias que me hicieron cerrar los ojos con fuerza para pedirle al maldito de mi padre que les diera un descanso eterno a esas pobres almas que ellos usaban como escudo de mis flechas.

—Malditos… —susurré en la copa de un árbol, apretando la mandíbula al ver que al morir las personas por mis flechas, esos miserables los lanzaban al suelo como basura—.

Mi poder divino no se quedó quieto, por el ardor de mi sangre en mis venas, los árboles en señal de mi rabia e impotencia se llenaron de pinchos. Ese dolor me recordaba a esa noche, y me carcomía mi cuerpo de la misma manera que la culpa por no ser capaz de salvarlos.

“Lo siento, lo siento” pensé en la copa de un árbol con la mano en la boca para no ser descubierta por ellos.

Lo siento… pero no pude salvar a ninguno de esos hombres, de esos niños, de esas mujeres…

—¡¡M-Mierda!! —rugí golpeando el tronco de un árbol con fuerza, destrozando el tronco y lanzando lejos la parte superior con todo y sus hojas—. Mierda… estúpida… estúpida…

Aun así, en un intento desesperado por traer justicia a esas pobres personas, disparé flechas sin piedad, acabando con cada basilisco que protegía al Rey de esos miserables. Ellos cayeron como piezas de dominó, dándome una ventana para usar mi rifle. Con precisión y con toda la fuerza que mis piernas tenían en ese preciso momento, me lancé hacia el aire para dispararle al Rey de los Basiliscos.

“Te mataré…” pensé con las venas marcando mi rostro, con la mandíbula apretada y un brillo verde saliendo de mi cuerpo.

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