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Amor De Guerra

Amor De Guerra

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Un amor apasionado nacido en medio de la guerra entre dos paises. La princesa Melany se enamora apasionada mente del tirano que juro odiar, por que nada es como parece

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Capítulo 11: Susurros en el Umbral

​A la mañana siguiente, la luz dorada del sol invernal se filtraba a través de las cortinas borgoña, bañando la habitación en un resplandor cálido. Antonio y Melany permanecían acostados juntos, con la cabeza de la princesa descansando sobre el pecho desnudo del emperador, escuchando el latido constante y pausado de su corazón.

​Un golpe seco y formal en la puerta de madera rompió la intimidad de la alborada.

​Antonio suspiró profundamente, acariciando el cabello de Melany antes de incorporarse. Se vistió la camisa con rapidez y caminó hacia la entrada, abriendo solo lo suficiente para mirar al exterior.

​Emanuel estaba de pie en el pasillo, luciendo una expresión grave que no presagiaba nada bueno.

​—Majestad —dijo el canciller, haciendo una breve reverencia, aunque su mirada intentaba escudriñar el interior de la estancia—. Debemos hablar de inmediato en el salón del consejo. Ha llegado una misiva urgente del frente.

​Antonio frunció el ceño.

​—Estaré allí en un momento, Emanuel.

​—Pido disculpas por la interrupción, Antonio —añadió Emanuel, utilizando su nombre de pila en un tono cargado de significado paternal y fraterno—. Pero la guardia de la frontera ha detectado movimientos inusuales. El ejército de Aethelgard se está movilizando en masa.

​Melany, que había escuchado las palabras desde la cama, se cubrió con una manta y se puso de pie, acercándose a la puerta.

​—¿El ejército de mi padre? —preguntó, mirando a Emanuel.

​Emanuel la observó con una mezcla de lástima y frialdad calculada.

​—Así es, princesa. Parece que la noticia de su desaparición ha llegado a oídos del rey. Tus generales no creen que estés prisionera... creen que fuiste ejecutada por las tropas imperiales. Tu padre, cegado por el dolor y la venganza, ha ordenado una ofensiva total. Si esa fuerza cruza el río de la frontera, la posibilidad de un tratado de paz desaparecerá para siempre y la batalla final será inevitable.

​Antonio miró a Melany, viendo cómo la palidez cubría el rostro de la joven. Luego volvió la vista hacia su asistente.

​—Reúne a los generales en el salón de estrategia —ordenó el emperador con voz imperiosa—. No tomaremos ninguna medida ofensiva hasta que yo analice la situación.

​—Como ordene, su majestad —asintió Emanuel, pero antes de girarse para partir, miró fijamente a Antonio a los ojos—. Recuerda quién eres, amigo mío. Eres el emperador de Solaria. No dejes que el corazón destruya lo que tus soldados han defendido con su sangre.

​

​Tras la partida de Emanuel, la estancia quedó sumida en un silencio tenso y sofocante. Melany caminaba de un lado a otro sobre la alfombra, con la mente hecha un caos de emociones contradictorias.

​—Mi padre destruirá a su propio ejército si marcha contra tus fortificaciones —dijo Melany, mirando a Antonio con angustia—. Los generales de Aethelgard están usando su dolor para obligarlo a firmar una ofensiva desesperada. Los matarán a todos, Antonio.

​El emperador caminó hacia ella, sujetándola con firmeza de los hombros para calmar su agitación.

​—No permitiré que esa batalla ocurra —aseguró Antonio, con una determinación de hierro brillando en sus ojos dorados—. Pero para detenerla, debemos actuar hoy mismo. Ya no basta con mantenerte escondida en esta torre. La única forma de evitar la masacre es que marches conmigo hacia el frente de batalla.

​Melany parpadeó, sorprendida.

​—¿Hacia el frente?

​—Sí —asintió Antonio—. Te presentarás ante las tropas de tu padre no como una prisionera rescatada, sino como la princesa de Aethelgard que ha descubierto la verdad sobre los consejeros corruptos de su corte. Te pararás a mi lado frente a ambos ejércitos y exigiremos la firma del tratado de paz.

​—Emanuel no estará de acuerdo con esto —advirtió Melany—. Considerará que te estás exponiendo a una emboscada en el campo abierto.

​—Emanuel es mi mejor amigo y el hombre más leal del imperio —respondió Antonio, rozando con ternura la mejilla de la princesa—, pero su pragmatismo a veces le impide ver que la paz requiere actos de fe valientes. Él intenta protegerme, pero yo debo proteger el futuro de nuestros reinos.

​Melany miró al gigante que tenía enfrente. Aquel muchacho dulce del jardín se había convertido en un líder dispuesto a arriesgar su propia corona y su vida para evitar el derramamiento de sangre. Sintiéndose embargada por un orgullo y un amor incondicional, la princesa se puso de puntillas y apretó sus labios contra los de él en un beso largo, profundo y lleno de promesas implícitas.

​—Iré contigo a la frontera, Antonio —dijo ella al separarse, mirándolo con fuego en los ojos—. Detendremos esta guerra juntos... o caeremos juntos.

​Antonio la estrechó con fuerza contra su pecho, sellando un pacto silencioso mientras en las afueras del palacio los tambores de guerra imperiales comenzaban a resonar, anunciando la partida inminente hacia el conflicto final.

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