Náyrel siempre creyó que la soledad era el precio de su existencia. Oculta entre los árboles de un bosque encantado, guardaba un secreto que podía cambiar el destino de todos los reinos sobrenaturales: era la última hija de la Luna Blanca. Pero su mundo cambia el día que Darian Varek, el temido señor del Reino de las Sombras, descubre su existencia. Frío, dominante y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes, Darian decide llevarla a su castillo, convencido de que ninguna fuerza podrá arrebatársela. Sin embargo, Náyrel no nació para vivir entre muros ni para inclinar la cabeza ante ningún hombre. Se resistirá a sus órdenes, desafiará su autoridad y escapará tantas veces como sea necesario. Pero Darian siempre la encontrará. Entre persecuciones, secretos ancestrales y una atracción que ninguno logra comprender, Náyrel descubrirá que detrás de la frialdad de aquel inmortal existe una oscuridad mucho más profunda de lo que imaginaba. Y Darian aprenderá que la única criatura capaz de desafiar su poder también podría convertirse en su mayor debilidad. Ella desea escapar de él. Él está dispuesto a desafiar a la eternidad para conservarla a su lado. Pero cuando la verdad sobre el origen de Náyrel salga a la luz, ambos descubrirán que su encuentro no fue una coincidencia y que el destino les tiene reservado algo mucho más peligroso que el amor. Porque algunas almas están destinadas a encontrarse… incluso cuando una de ellas haría cualquier cosa por escapar. 🌙 ¿Podrá Náyrel conquistar su libertad sin perder el corazón ante el único hombre del que jamás debió enamorarse?
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La voz al otro lado
—Náyrel… hija mía. No dejes que entre.
La voz de Aveline era débil, pero Náyrel la reconoció de inmediato. Había escuchado aquellas palabras en sus recuerdos, en sueños que nunca comprendió y en las noches en que la luna parecía llamarla desde el bosque. Su madre estaba al otro lado de aquella puerta. Viva. Después de tantos años, podía estar a unos pasos de ella.
—¡Mamá! —gritó, apoyando ambas manos sobre la piedra—. Soy yo. Estoy aquí.
Un resplandor plateado recorrió los símbolos de la entrada. La marca de su muñeca respondió con una luz intensa y la puerta vibró bajo sus dedos.
Darian se acercó rápidamente.
—Náyrel, espera.
—¡Es mi madre!
—Lo sé.
—¡Entonces apártate!
Él no intentó sujetarla. Se colocó a su lado y examinó las siete estrellas grabadas en la piedra.
—Escúchame. No quiero impedir que la encuentres. Pero esta puerta apareció después de que tu padre intentara comunicarse con nosotros. No sabemos si lo que hay detrás puede alcanzarte a través de ella.
—Acabo de escuchar su voz.
—Y yo también. Pero hay fuerzas antiguas capaces de imitar recuerdos y voces. Necesitamos asegurarnos de que realmente sea Aveline.
Náyrel lo miró con rabia.
—¿Cómo quieres que lo haga? ¿Esperando otros veinte años?
—No. Preguntándole algo que solo ella pueda responder.
La joven volvió el rostro hacia la puerta.
—Mamá, si eres tú, dime qué me enseñaste cuando era pequeña y tenía miedo de dormir durante las tormentas.
Durante unos segundos no hubo respuesta. Náyrel sintió que el corazón le golpeaba con fuerza. Entonces, desde el otro lado, llegó una risa suave, quebrada por la emoción.
—Te decía que escucharas los árboles, mi niña. Que sus raíces siempre encontraban el camino de regreso, incluso cuando la tierra parecía haber olvidado su nombre.
Náyrel cerró los ojos. Aquellas palabras pertenecían a su infancia. Nadie más las conocía.
—Es ella —susurró.
La puerta se iluminó y una línea plateada apareció en el centro, formando una abertura estrecha. Al otro lado se distinguía una habitación cubierta de niebla. Una figura femenina permanecía de rodillas junto a una columna, con el cabello blanco cayéndole sobre los hombros.
—¡Mamá!
Náyrel intentó cruzar, pero una fuerza invisible la detuvo. El aire se volvió helado y las estrellas de la puerta comenzaron a apagarse.
—¡No puedo salir! —gritó Aveline—. ¡Náyrel, tienes que escucharme! Tu padre ha encontrado una forma de alcanzar el sello. Si consigue atravesarlo, los siete reinos estarán en peligro.
—¿Por qué? ¿Qué hay detrás de esa puerta?
Aveline levantó el rostro. Incluso a través de la niebla, Náyrel pudo distinguir el miedo en sus ojos plateados.
—Tu padre no es el único que permanece encerrado. Hay algo más con nosotros. Algo que no debe llegar al mundo.
Darian se quedó inmóvil.
—¿La criatura del santuario? —preguntó.
Aveline giró la cabeza hacia él.
—Tú sabes que no es una criatura, Darian. Siempre supiste lo que era.
Él apretó la mandíbula.
—Creí que había desaparecido cuando se cerró el sello.
—Nunca desapareció. Solo estaba esperando.
Antes de que Náyrel pudiera hacer otra pregunta, una sombra atravesó la niebla detrás de Aveline. La reina se levantó de golpe y retrocedió.
—¡Náyrel, aléjate de la puerta!
Un golpe estremeció la cámara. Darian extendió ambos brazos y levantó una barrera de sombras, mientras la luz plateada de la entrada se convertía en una llamarada.
—¡Mamá! —gritó Náyrel—. ¡No voy a dejarte otra vez!
—No puedes salvarme todavía. Primero debes descubrir lo que heredaste de mí y lo que heredaste de tu padre. Solo entonces podrás abrir esta puerta sin liberar aquello que permanece encerrado.
La imagen comenzó a desvanecerse.
—¡Dime qué debo hacer!
Aveline se acercó todo lo que pudo a la abertura. Sus ojos se clavaron en los de su hija.
—Encuentra la llave de plata. No la que buscas en el castillo, sino la que llevas dentro.
La puerta se cerró de golpe.
Náyrel cayó de rodillas, incapaz de apartar las manos de la piedra. Había encontrado a su madre y la había perdido de nuevo en cuestión de minutos.
Darian se agachó a una distancia prudente.
—Náyrel…
—No me digas que todo estará bien —lo interrumpió ella—. No vuelvas a prometerme algo que no puedes cumplir.
Él guardó silencio.
La joven se levantó lentamente y secó las lágrimas que se negaba a reconocer.
—Voy a encontrar esa llave. Voy a liberar a mi madre y descubriré qué hizo mi padre. Y cuando llegue el momento, decidiré por mí misma qué hacer con los siete reinos.
—Te ayudaré si me lo permites.
Náyrel lo observó durante unos segundos. Todavía desconfiaba de él, pero por primera vez comprendió que quizá ambos estuvieran atrapados en una historia que ninguno controlaba por completo.
—No necesito que decidas por mí, Darian. Necesito que dejes de ocultarme la verdad.
—Entonces no volveré a hacerlo.
Antes de que pudieran abandonar la cámara, una pequeña estrella apareció sobre la puerta cerrada. Después surgió otra y otra más, hasta formar una constelación desconocida.
En el centro apareció una última frase:
«La llave despertará cuando la heredera descubra quién fue antes de nacer».
Náyrel sintió un escalofrío.
Y desde el interior de su muñeca, bajo la marca plateada, algo respondió con tres pulsaciones de luz.