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DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

DEUDAS DE SANGRE: UNA NOVELA PSICOLÓGICA

Status: En proceso
Genre:Policial / Suspenso / Mafia
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Letra Siete

Tras la muerte de su padre, Haruto Saitō hereda una montaña de deudas que parecen imposibles de pagar. Desesperado por proteger a su madre, a su hermana y a la mujer que ama, acepta trabajar para una organización criminal creyendo que solo será por un tiempo. Pero cada deuda saldada exige un precio mayor, y cada decisión lo aleja un poco más del hombre que alguna vez fue.

NovelToon tiene autorización de Letra Siete para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Desaparecidos

La dirección que Shinji le había enviado llevaba a un edificio anodino en el barrio de Sumida.

No tenía ningún cartel.

Solo una puerta metálica y un ascensor antiguo que subía lentamente hasta el cuarto piso.

Cuando Haruto llegó, Kenji ya lo esperaba.

—Llegas puntual.

Haruto asintió.

—¿Dónde está Shinji?

—Hoy no viene.

Aquella respuesta le produjo una extraña mezcla de alivio y decepción.

Todavía no sabía cuál de las dos sensaciones era más fuerte.

La oficina era pequeña.

Había seis escritorios.

Tres teléfonos sonando al mismo tiempo.

Mapas de Tokio colgados en las paredes.

No parecía una base mafiosa.

Parecía una empresa de logística.

Kenji dejó una carpeta sobre la mesa.

—Necesitamos encontrar a un hombre.

Haruto abrió la carpeta.

Nombre.

Fotografía.

Edad.

Treinta y nueve años.

Empleado bancario.

Casado.

Dos hijos.

Desaparecido desde hacía cuatro días.

Haruto levantó la vista.

—¿Lo secuestraron?

Kenji tardó unos segundos en responder.

—Nos debía dinero.

La frase cayó como una piedra.

—¿Es un trabajo de cobro?

—No.

Es un trabajo de búsqueda.

Haruto sintió un pequeño alivio.

Al menos, por una vez, no iban detrás de alguien para castigarlo.

Pasaron toda la mañana recorriendo hospitales.

Comisarías.

Hoteles baratos.

Pensiones.

Nada.

El hombre parecía haberse evaporado.

Mientras salían del último hospital, Haruto observó a una mujer discutir con una recepcionista.

Llevaba una fotografía entre las manos.

Lloraba.

—Por favor...

Solo quiero saber si está aquí.

La recepcionista negó con la cabeza.

Haruto siguió caminando.

Pero no pudo dejar de mirar aquella fotografía.

Era el mismo hombre.

La esposa.

Kenji también la había visto.

—No te acerques.

Haruto no respondió.

—Tiene derecho a saber.

Kenji se detuvo.

—No.

Tiene derecho a seguir teniendo esperanza.

Haruto lo miró confundido.

—¿Qué quieres decir?

Kenji desvió la mirada hacia la mujer.

—Mientras no aparezca un cuerpo...

Ella todavía puede creer que va a volver.

Las palabras quedaron resonando en la cabeza de Haruto durante todo el día.

Al caer la tarde recibieron una llamada.

Kenji escuchó unos segundos.

Después colgó.

—Lo encontraron.

Subieron al automóvil.

Ninguno habló durante el viaje.

Llegaron a un pequeño departamento abandonado.

Había policías.

Una ambulancia.

Cinta amarilla.

Haruto sintió un mal presentimiento.

Entraron.

El olor lo golpeó antes de ver el cuerpo.

El hombre estaba sentado contra una pared.

Una cuerda colgaba del techo.

Sobre el suelo había varias cartas.

Y una libreta bancaria.

Haruto sintió un nudo en el pecho.

—Se suicidó...

Kenji asintió.

Uno de los policías comentó que las deudas eran enormes.

Que probablemente había decidido terminar con todo.

Haruto observó la habitación.

Los juguetes de un niño seguían sobre una repisa.

Había dibujos pegados con cinta en la pared.

Uno decía:

"Papá, te quiero."

Tuvo que apartar la mirada.

Cuando salieron del edificio, Haruto habló por primera vez.

—¿Ahora qué?

Kenji encendió un cigarrillo.

—Ahora archivamos el caso.

—¿Y la deuda?

—La deuda murió con él.

Haruto respiró aliviado.

Pero Kenji continuó.

—No las consecuencias.

Haruto frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Kenji exhaló el humo lentamente.

—Significa que alguien va a hacerse cargo de su esposa.

Alguien va a buscar trabajo para ella.

Alguien va a asegurarse de que los chicos sigan yendo a la escuela.

Haruto abrió los ojos.

—¿La organización?

Kenji asintió.

—Él rompió un acuerdo.

Pero sus hijos no hicieron nada.

Durante varios segundos ninguno habló.

Toda la imagen que Haruto tenía de la organización volvió a tambalearse.

No eran monstruos.

Pero tampoco eran héroes.

Vivían en un lugar intermedio.

Un sitio donde la misericordia existía...

Siempre que no interfiriera con las reglas.

Esa noche, antes de volver a casa, Haruto pasó por el viejo salón de pachinko donde Ryō solía pasar horas.

El encargado lo reconoció enseguida.

—Hace días que no viene.

Haruto sintió un vacío en el pecho.

—¿Seguro?

—Muy raro en él.

Debe ser más de una semana.

Haruto salió del local con el corazón acelerado.

Marcó su número.

Otra vez apagado.

Después llamó a dos conocidos en común.

Nadie sabía nada.

Empezó a caminar más rápido.

Por primera vez en mucho tiempo no pensaba en el trabajo.

Solo en Ryō.

Llegó al pequeño departamento donde vivía su amigo.

Golpeó la puerta.

Nadie respondió.

Volvió a insistir.

Silencio.

La vecina abrió apenas su puerta.

—¿Buscas al chico de al lado?

Haruto asintió.

La mujer suspiró.

—Hace varios días que no lo veo.

Vinieron unos hombres.

Después de eso...

Nunca volvió.

Haruto sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué hombres?

—No lo sé.

Trajes negros.

Muy educados.

Pensé que eran de una empresa.

La mujer cerró la puerta.

Haruto permaneció inmóvil en el pasillo.

Sintió el teléfono vibrar.

Era un mensaje de Kenji.

"Mañana, ocho de la mañana. No llegues tarde."

Haruto no respondió.

Miró una vez más la puerta del departamento de Ryō.

Vacía.

Oscura.

Por primera vez desde que conocía a su amigo, no tenía ninguna apuesta pendiente, ningún mensaje absurdo ni ninguna excusa.

Solo había desaparecido.

Y, mientras caminaba de regreso bajo la lluvia, una idea comenzó a abrirse paso en su cabeza.

No era una certeza.

Todavía no.

Era algo mucho peor.

Una sospecha.

Y si esa sospecha era cierta...

Entonces el próximo trabajo que recibiera podría no ser un trabajo cualquiera.

Podría ser el comienzo del final de la última amistad que aún lo unía al hombre que alguna vez había sido.

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fandeloslibros
empezó muy bueno el nuevo arco👏
fandeloslibros
ya estoy al día esperando Capítulo nuevo
fandeloslibros
buen arco
Cosmo
a cosmo le agradó quiero saber que sigue
Cosmo
que buen giro
Cosmo
se siente la presion
Cosmo
este capitulo me hizo ponerme sentimental
Cosmo
se puso muy bueno
HarryAang
buen capitulo
HarryAang
me gustó mucho me tiene atrapado
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
Sin dudas, es una historia atrapante. Me deja con muchas ganas de saber cómo continúa.
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
Joana Velazques
me encantó mucho este capítulo 👏💯💥
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado.
total 1 replies
soshua
Me intriga saber como sigue
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario. Se irán subiendo diariamente los capítulos nuevos.
total 1 replies
M.F. Lawren
Interesante
Letra Siete: Muchas gracias por tu comentario.
total 1 replies
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