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La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

Status: Terminada
Genre:Época / Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17. La Puerta que No Existe

La Orden avanzó por el valle como una marea oscura.

Los hombres de la Rosa Negra descendían desde las rocas con pasos calculados, formando un semicírculo alrededor de Aria, Aldric y Liam. La luz plateada de la pared iluminaba sus capas, sus armas y el símbolo bordado sobre el pecho.

Una rosa negra.

Durante un instante, Aria recordó la primera vez que vio aquel emblema en los papeles de Liam.

Entonces solo era tinta.

Ahora era acero.

Respiración.

Amenaza.

Muerte acercándose.

Aldric se colocó frente a ella con la espada en alto.

—Quédate detrás de mí.

—Eso ya no funciona —respondió Aria.

—No estaba pidiendo opinión.

—Y yo no estaba dando una.

Liam, desde un costado, murmuró:

—Me parece admirable que discutan incluso cuando estamos rodeados.

El líder de la Orden levantó una mano.

Sus hombres se detuvieron.

No porque dudaran.

Sino porque esperaban la orden exacta.

Aquel silencio disciplinado resultó más aterrador que cualquier grito.

El hombre encapuchado observó la pared brillante.

Las runas seguían extendiéndose por la piedra, aunque la puerta aún no terminaba de aparecer.

—El medallón —dijo—. El pergamino. Y la heredera.

Aldric soltó una risa seca.

—Pides demasiado.

—Entonces morirán.

—Eso también lo han intentado antes.

La voz del líder se volvió más fría.

—Esta vez no estamos en el santuario de Evelyne. No hay columnas que derrumbar. No hay túneles por donde huir.

Aria miró de reojo la pared.

El medallón ardía contra su piel.

La puerta que no existía seguía siendo invisible, pero algo en ella estaba cambiando.

Esperando.

Quizá no bastaba con tocar la piedra.

Quizá no bastaba con la sangre.

Quizá el valle exigía una elección.

Un arquero de la Orden tensó la cuerda.

Aldric lo vio demasiado tarde.

La flecha salió disparada hacia Aria.

Ella apenas tuvo tiempo de moverse.

El proyectil rozó su capa y se clavó en la piedra detrás de ella.

Liam soltó una maldición ahogada.

Aldric atacó.

El valle estalló en movimiento.

El viejo Cuervo fue el primero en entrar en combate.

Su espada trazó un círculo perfecto, obligando a retroceder a dos enemigos que intentaban acercarse desde la izquierda. No luchaba con fuerza desmedida. Luchaba con precisión. Cada movimiento parecía destinado a situar al enemigo exactamente donde quería.

Aria desenvainó su propia espada.

La hoja se sintió pesada en su mano.

No tanto como antes.

Pero aún lo suficiente para recordarle que no era una guerrera completa.

Todavía no.

Sin embargo, ya no era la joven indefensa que había muerto entre llamas.

Un enemigo se lanzó hacia ella.

Aria retrocedió.

Observó sus hombros.

Sus pies.

La tensión de su brazo.

El ataque llegó desde arriba.

Ella giró hacia un lado y evitó el golpe.

El hombre corrigió de inmediato.

Demasiado rápido.

Aria levantó la espada y bloqueó.

El impacto la hizo retroceder varios pasos hasta chocar contra la piedra brillante.

El medallón ardió.

La pared respondió con un latido profundo.

El enemigo levantó su espada otra vez.

Pero antes de que pudiera atacar, Liam apareció desde un costado y le arrojó un puñado de polvo y piedras al rostro.

—¡Ahora!

Aria no dudó.

Golpeó con la empuñadura en la mandíbula del hombre y lo derribó.

Liam sonrió sin aliento.

—No es muy elegante, pero funciona.

—Aldric lo aprobaría.

—Eso sería nuevo.

El líder de la Orden observó la escena sin intervenir directamente.

Aquello inquietó a Aria.

No estaba luchando.

No estaba desesperado.

No estaba intentando arrebatarles el medallón por la fuerza.

Estaba esperando.

Y entonces Aria comprendió.

La Orden no necesitaba vencerlos de inmediato.

Solo necesitaba mantenerlos allí hasta que ella terminara de abrir la puerta.

Hasta que el camino se revelara por completo.

Usaban su sangre como llave.

Igual que en el santuario.

—Aldric —gritó Aria—. ¡Nos están dejando abrirla!

El maestro bloqueó un golpe y miró hacia ella.

Comprendió al instante.

Su expresión se endureció.

—Entonces ciérrala.

Aria apoyó la mano sobre el medallón.

—No sé cómo.

La pared volvió a latir.

Las runas brillaron con más fuerza.

Una línea vertical apareció en el centro de la piedra.

No era una grieta.

Era un contorno.

La puerta inexistente comenzaba a tomar forma.

El líder de la Orden sonrió.

—Demasiado tarde.

Aria sintió furia.

No contra él.

Contra ella misma.

Había permitido que la guiaran.

Había seguido las pistas.

Había abierto el camino.

Y ahora la Orden estaba a punto de aprovecharlo.

Exactamente como habían hecho tantas veces a lo largo de la historia.

Usar a otros.

Manipular.

Esperar.

Robar.

No.

Esta vez no.

El medallón palpitó bajo sus dedos.

Una voz resonó en su mente.

No era Evelyne.

Tampoco la voz profunda del valle.

Era algo más íntimo.

Más cercano.

Como un recuerdo heredado.

“La puerta responde a la sangre, pero obedece al juramento.”

Aria cerró los ojos un segundo.

El juramento.

No la sangre.

No el miedo.

No la necesidad.

El juramento.

Abrió los ojos.

—Liam.

—¿Sí?

—Necesito tiempo.

El muchacho miró a los enemigos.

—Odio cuando pides cosas imposibles.

—Solo unos segundos.

—Eso sigue siendo mucho.

Aun así, Liam corrió.

No hacia la Orden.

Hacia las rocas.

Tomó una cuerda de su bolsa, la lanzó alrededor de una formación baja y tiró con todas sus fuerzas. Varias piedras sueltas rodaron cuesta abajo, obligando a tres enemigos a apartarse.

Aldric aprovechó la distracción.

Se movió como una sombra entre los atacantes y abrió espacio frente a la puerta.

—¡Ahora, Aria!

Ella apoyó ambas manos sobre la piedra.

El medallón quedó atrapado entre su palma y la superficie luminosa.

Las runas ardieron.

El valle desapareció por un instante.

Aria sintió que algo la atravesaba.

No dolor.

Memoria.

Vio manos antiguas colocando piedras.

Vio mujeres y hombres marcando símbolos con sangre.

Vio a Evelyne de pie frente a la misma pared, mucho más joven, con lágrimas en los ojos y la cabeza en alto.

Escuchó una voz.

—¿Qué juras proteger?

Aria no sabía si hablaba el valle, el Trono, Evelyne o su propia sangre.

Pero respondió.

—La verdad.

La luz aumentó.

—¿Qué aceptas perder?

El corazón de Aria se estremeció.

La pregunta era distinta.

Más peligrosa.

El sacrificio siempre había estado en el centro de todo.

Ella pensó en su primera vida.

En la hoguera.

En la muerte.

En la segunda oportunidad que le había sido entregada sin explicaciones.

Pensó en Aldric luchando por ella.

En Liam, un niño que se había unido a una guerra demasiado grande.

Y en todas las personas que habían muerto para que el legado siguiera vivo.

—El miedo —susurró.

La voz guardó silencio.

Aria sintió lágrimas arderle en los ojos, aunque no cayeron.

—Acepto perder el miedo que me hizo callar. El miedo que me hizo confiar en las personas equivocadas. El miedo que me llevó a la muerte.

La pared tembló.

—¿Y qué eliges?

Aria abrió los ojos.

El líder de la Orden avanzaba hacia ella.

Aldric estaba demasiado lejos.

Liam gritó su nombre.

Pero Aria no se apartó.

—Elijo seguir adelante.

La puerta se abrió.

No se partió.

No giró.

No se elevó.

Simplemente dejó de fingir ser piedra.

La superficie lisa se desvaneció como niebla bajo el sol, revelando un corredor de luz azul y plata que descendía hacia el interior de la montaña.

La Orden se quedó inmóvil.

Incluso el líder pareció sorprendido.

Porque la puerta no se había abierto para todos.

Entre ellos y la entrada surgió una barrera de espinas cristalinas, transparentes y afiladas, nacidas directamente del suelo.

Aria retiró la mano.

Su respiración estaba agitada.

Pero seguía de pie.

Aldric aprovechó la confusión para retroceder hasta ella.

—¿Qué hiciste?

—Elegí.

—Eso es una respuesta muy peligrosa.

—Lo sé.

Liam llegó junto a ellos, cubierto de polvo.

—Me alegra que la puerta decidiera estar de nuestro lado.

El líder de la Orden levantó la mano hacia las espinas, pero una descarga plateada lo obligó a retroceder.

Su rostro permanecía oculto bajo la capucha, pero Aria pudo sentir su ira.

—Esto no ha terminado, heredera.

—Nunca pensé que lo estuviera.

—Cuando encuentres lo que hay al otro lado, entenderás por qué Evelyne debió fracasar.

Aria sostuvo su mirada.

—Y tú entenderás por qué yo no lo haré.

Por primera vez, el líder no respondió.

Aldric señaló el corredor.

—Entren.

Liam no necesitó que se lo repitieran.

Aria cruzó el umbral detrás de él.

El aire cambió al instante.

Todo sonido exterior se volvió distante, como si el valle hubiera quedado separado por agua, tiempo o magia.

Aldric fue el último en entrar.

La barrera de espinas brilló una vez más.

Luego la puerta desapareció detrás de ellos.

La piedra volvió a cerrarse.

La Orden quedó fuera.

Pero no derrotada.

Solo retrasada.

El corredor descendía suavemente.

Las paredes no parecían talladas en roca, sino formadas por algún cristal oscuro atravesado por vetas azules. Cada paso que daban encendía símbolos bajo sus pies.

Algunos eran espinas.

Otros, cuervos.

Otros, formas que Aria no reconocía.

Liam caminaba muy cerca de Aldric.

—Quiero decir algo.

—No —respondió Aldric.

—Ni siquiera sabes qué iba a decir.

—Iba a ser una queja.

—Una queja válida.

—Todas tus quejas son válidas. Ninguna cambia nada.

Liam abrió la boca.

Luego la cerró.

—Eso fue extrañamente justo.

Aria sonrió apenas.

Pero su sonrisa desapareció cuando vio el final del corredor.

Una sala circular los esperaba.

Blanca.

Silenciosa.

Vacía, salvo por tres pilares de piedra ubicados en el centro.

Sobre cada pilar había una inscripción.

Aldric se acercó al primero.

—No puedo leerlo.

Liam miró el segundo.

—Yo tampoco.

Aria no necesitó acercarse demasiado.

Las palabras se ordenaron en su mente como si siempre hubieran estado allí.

La primera inscripción decía:

—La sangre abre el camino.

La segunda:

—El sacrificio sostiene el juramento.

Y la tercera…

Aria sintió que la voz se le apagaba antes de pronunciarla.

—La traición duerme bajo el trono.

El silencio fue absoluto.

Liam tragó saliva.

—Eso suena horrible.

Aldric observó la tercera inscripción con el rostro sombrío.

—Lo es.

La tierra tembló bajo sus pies.

El centro de la sala comenzó a abrirse.

Una plataforma de piedra emergió lentamente desde el suelo.

Sobre ella descansaba una caja negra.

Pequeña.

Sellada con el símbolo de una espina atravesando una corona.

El medallón de Evelyne brilló.

La caja respondió.

Aldric dio un paso adelante.

—No la toques todavía.

Pero la tapa ya se estaba abriendo sola.

Dentro no había una carta.

Ni un mapa.

Ni una joya.

Había un fragmento de cristal oscuro, atravesado por vetas plateadas.

Aria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

No sabía qué era.

Pero algo dentro de ella sí.

El fragmento flotó lentamente hacia su mano.

Y cuando sus dedos lo tocaron, una voz antigua llenó la sala.

—El primer fragmento ha despertado.

La luz la envolvió.

Y Aria vio un trono cubierto de espinas.

Una puerta sellada detrás de él.

Una corona rota sobre el suelo.

Y una sombra esperando en silencio.

La visión desapareció tan rápido como llegó.

Aria cayó de rodillas.

Aldric la sostuvo antes de que golpeara el suelo.

—¿Qué viste?

Ella intentó respirar.

Sus dedos seguían cerrados alrededor del fragmento.

—El Trono.

Liam se acercó, pálido.

—¿Dónde?

Aria levantó lentamente la mirada hacia la oscuridad del corredor.

—Más cerca de lo que pensamos.

Entonces, al otro lado de la montaña, distorsionada por la piedra y la magia, la voz del líder de la Orden resonó como un susurro cruel:

—Gracias, heredera.

Los tres quedaron helados.

—Ahora sabemos que el fragmento existe.

La voz desapareció.

Y Aria comprendió la verdad.

La Orden no había ganado.

Pero tampoco había perdido.

Habían conseguido confirmación.

El primer fragmento del camino hacia el Trono de las Espinas había despertado.

Y ahora todos sabían que Aria podía encontrar los demás.

1
Chel Garcia
muy bonita historia 👌🏽 felicidades
Selene: Gracias, que bueno que te haya gustado ☺️
total 1 replies
Jemima Cassares
Esperaba que fuera Liam
Jemima Cassares
Jajajajaja literal
Carlos contreras rojas
hermosa historia 👏
Quica Romero
Será, "están relacionadas con su muerte en el pasado y en su posible futuro".🧐🤔
Quica Romero
Ése no suena a apellido.🙄
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷‍♀️🙎‍♀️
Selene: 🤣🤣🤣🤣😂😂😂😂😂😂
total 1 replies
Quica Romero
¿Pero cuáles dos vidas?.🧐🤷‍♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷‍♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐
Selene
🤭
Selene
gracias 🤭
lioness
me dejas con la intriga 😭...
lioness
me está gustando como va la historia 🤭
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