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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La firma PARTE 1

El sexto cuaderno era el más delgado de los seis.

No tenía la densidad de años de trabajo de los otros. Era breve — cuarenta páginas aproximadamente, con la misma letra de Elara pero con una calidad diferente. Más deliberada. Como si cada palabra hubiera sido elegida con más cuidado que el registro administrativo rutinario requería.

Elara lo colocó sobre la mesa entre los dos.

—Este —dijo— no es una copia de un documento del archivo. —Una pausa—. Es lo que yo misma escribí durante los últimos tres años de mi trabajo en el Ducado. Mis observaciones. Lo que vi. Lo que no podía decirle a nadie en ese momento y que copié aquí porque copiar era la única forma que conocía de no dejar que las cosas desaparecieran.

Ren lo miró.

«Observaciones de los últimos tres años», pensó. «Los tres años que preceden a la muerte del Duque anterior y el inicio del Ducado bajo Kael.»

—¿Quiere que lo leamos aquí? —dijo Ren.

—Quiero que lo lleven —dijo Elara—. Todos los cuadernos. Son suyos. Llevan años esperando a alguien que supiera qué hacer con ellos. —Una pausa—. No los habría guardado tanto tiempo si no creyera que ese alguien existiría.

Kael la miró.

—¿Por qué nosotros? —dijo Kael.

Elara lo miró directamente.

—Porque —dijo — usted es el padre del camino nuevo. Y porque vino aquí con ella en lugar de mandar a alguien en su lugar. —Una pausa—. Eso ya lo dice todo.

Kael no respondió.

Ren tomó los seis cuadernos con el cuidado que merecían.

Y fue en ese momento — al tomar el sexto cuaderno, el de las observaciones personales de Elara, el más delgado y el más deliberado — que algo en el ángulo de la primera página visible hizo que Ren se detuviera.

No lo leyó todavía. Solo lo vio.

Un nombre en el margen superior de lo que parecía ser el índice del cuaderno.

No completo — solo las primeras letras de una referencia que Elara había hecho, en su sistema propio de organización, sobre el contenido de una sección específica.

Validación ducal — Caso Morth.

Ren no lo dijo en voz alta.

Cerró el cuaderno.

Lo puso con los demás.

Y sintió algo instalarse en su pecho con la frialdad específica de las cosas que llegan antes de que uno esté listo para recibirlas.

......................

El regreso al Ducado fue más largo que la ida.

No porque la ruta hubiera cambiado. Sino porque el carruaje hizo las paradas que Kael había decidido hacer cada cuarenta minutos, y porque el trayecto de vuelta con el sol bajando hacia el horizonte tenía una luz diferente que hacía que el bosque del norte pareciera más denso y más quieto.

Ren tenía los seis cuadernos en el regazo.

No los abrió durante el camino.

No podía.

Necesitaba el tiempo entre el salón de Elara y la mansión para procesar lo que acababa de ver en el margen del índice sin procesarlo en presencia de Kael — sin que él pudiera leer en su cara algo que ella todavía no sabía completamente qué era.

«Caso Morth», pensó, mirando el bosque por la ventana. «Caelan Morth. El padre de Caelan Morth. La ejecución que Caelan lleva quince años cargando. La pérdida que la profecía describe como una pérdida que no pidió perdón pero que eligió entender.»

«Validación ducal.»

«Un Duque validó esa ejecución.»

«Los archivos del Ducado tienen un período incompleto de dieciséis años.»

«Elara trabajó en el Ducado durante dieciséis años.»

«El sexto cuaderno es sus observaciones personales de los últimos tres años de ese período.»

Las conexiones se formaban solas, con la misma lógica implacable con que siempre se formaban. Ren no las invitó. Llegaron de todas formas.

«Necesito leer el sexto cuaderno antes de sacar conclusiones», pensó. «Las referencias en un índice pueden no significar lo que parecen significar. Puede haber contexto que cambie el sentido. Puede haber—»

El bebé se movió.

Ren puso la mano sobre el vientre automáticamente.

«Lo sé», pensó hacia adentro, hacia el bebé, hacia Adalyn que estaba ahí también en el sentido que siempre estaba. «Ya sé. Pero necesito leerlo primero.»

—¿Estás bien? —dijo Kael, desde el asiento frente a ella.

Ren lo miró.

Sus ojos azules en la luz del atardecer del carruaje.

La forma en que la miraba — con esa atención que había aprendido a darle, que ya era parte del lenguaje cotidiano entre ellos.

—Cansada —dijo Ren—. El viaje.

—Falta media hora —dijo Kael.

—Lo sé.

Kael asintió.

No preguntó más.

Y Ren sostuvo la mentira pequeña — que era cansancio, solo cansancio — con la incomodidad específica de alguien que ha aprendido a no mentirle a esa persona y que ahora miente por primera vez en meses por la única razón disponible.

Porque necesitaba leer el cuaderno primero.

Porque necesitaba saber si lo que sospechaba era verdad antes de decírselo.

Porque si lo que sospechaba era verdad, el momento en que se lo dijera importaba más de lo que podía gestionar en un carruaje a media hora del Ducado con el sol bajando y Sophia y Nitan presentes.

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