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Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:694
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Crisis De Pensamientos Prematuros

El calendario de actividades seguía reposando sobre mi escritorio sin pena ni gloria. Las barras de colores en la gráfica eran suficientes para llamar la atención de cualquiera que diera un mínimo vistazo y, aun así, no era suficiente para hacerme reaccionar o despertarme los sentidos.

No escuchaba nada, solo el zumbido aturdido de mis pensamientos nublados. Llevaba unas pesas atadas en mis extremidades, que me impedían ser un sujeto verdaderamente útil. Mi vista fija en un punto insignificante de la mesa, se esmeraba en llevarme de regreso a los sucesos de las últimas horas, y el apetito ni siquiera se asomó, incluso cuando Leo entró a la oficina con una bolsa de comida china en la mano.

—Qué hermoso día.

Sus palabras me desconcertaron. Lo vi caminando hacia la cortina y abrió la misma hasta que los rayos del sol mañanero se alebrestaron calientes dentro de mi propio cuchitril. La vista de la ciudad se desprendió como una manta de edificios y campos verdes que en otro momento habría lucido hermosa, pero que ahora solo se volvió un insignificante escenario lujoso.

—Llevas más de una hora con esas hojas y Yuri empieza a preocuparse más de lo que debería —explicó Leo.

—¿En qué momento permití que Victoria se volviera mi talón de Aquiles?

Leo alzó la ceja. Sus movimientos se detuvieron en el aire y sin permiso alguno, tomó asiento en la silla delante de mí. Se acercó apenas un poco, lo mínimo para analizarme el rostro y mostrarme una estúpida mirada comprensiva.

—La verdadera pregunta es: ¿no será que estás teniendo una crisis de soledad?

—¿Qué carajos estás diciendo ahora?

—Solo digo que —se acomodó, con la postura recta—, probablemente, no estés digiriendo el hecho de que vas a estar solo después de cinco años compartiendo tu enorme casota con alguien.

La espinita se insertó más en mi pecho y un dolor agudo me incendió los intestinos, junto a un martilleo que me golpeó el costado del cráneo. El fastidio de pensar en que mis sentimientos eran producto de mi inutilidad se sintió como un gancho al hígado y en lo único que pude pensar, fue en que quizá Leo tenía la maldita razón.

Tomé la pluma entre mis dedos y firmé la primera hoja de la gráfica. En silencio, con un solo deseo en la mente.

—Déjame solo —ordené—. Llévatelo todo y no quiero visitas, ni consultas.

—Pero…

—Largo, Leo.

Afortunadamente, Leo ya no buscó agregar a la conversación. Resopló con la resignación en su aire y tomó las cosas, yéndose con una mirada de reojo que buscó una nueva oportunidad, pero que rechacé sin pensarlo.

El zumbido estático de la lámpara se volvió intenso luego del suave clic de la puerta cerrada. Me levanté de la silla y arrastré los pies hasta la ventana donde la brisa del aire se filtraba más intensa. Con el pecho hecho un nudo ciego, traté de tomar un respiro hondo que me ayudara a apaciguar la ansiedad. Aunque se volvió difícil porque, de pronto, el único pensamiento en mi cabeza eran los recuerdos vivaces de Victoria en este mismo lugar, manteniendo su distancia, con las piernas temblorosas debido a su pavor a las alturas.

¿De verdad todo se había acabado así como así?

Una nueva punzada me golpeó en la sien. Miré el reloj en mi muñeca y me arrastré hacia el escritorio, recogiendo lo que consideré indispensable del mueble. Tomé el camino de la salida de emergencia y salí a toda velocidad, ignorando por completo el aviso de mi paradero y centrándome exclusivamente en el dolor que se iba esparciendo por cada rincón de mi cuerpo. La bilis se me subió violentamente por la garganta, provocando que los escalofríos me pellizcaran la espalda y que las piernas se me tambalearan.

Para cuando llegué mi auto, el mareo me confundió y sentí el hormigueo instalado en la coronilla tras el impacto contra el techo. Intenté buscar el medicamento de la migraña y este brilló tan intenso como su ausencia.

Puta madre.

Inicié el camino de vuelta a casa, respirando tan hondo como me lo permitieron mis pulmones. La vista, que parecía un cristal limpiecito, de pronto se hizo borrosa y lo único que podía percibir eran sombras y extrañas figuras que me obligaron a bajar la velocidad.

Encendí la radio, buscando una distracción que me despreocupara hasta que pudiera llegar a casa. La voz de una popular periodista comenzó a hablar, dando un pequeño saludo después de una pausa.

Y, genuinamente, deseé que los oídos también me fallaran tanto como hizo el 70 % de todo mi cuerpo.

—En otras noticias que nos han dejado en shock, se reporta que Victor Song y Victoria Ruby se han separado después de cinco años de un matrimonio impecable. Fuentes informan que la relación terminó debido a incompatibilidades que eran irreparables para los dos…

La punzada en la nuca se extendió hasta mi cuello, y en conjunto, la opresión en mi pecho me sometió. Tenía apenas un rastro de fuerzas.

Las llamadas explotaron, pero mis manos se aferraron al volante. Cobardes. Aun así, el mínimo ruido era un impulso más para que la cabeza estuviera a punto de explotarme. Y muy duras penas logré presionar el botón de respuesta.

—Victor.

—¿Quién dio la noticia? Leo.

—¿Dónde estás?

—¡Respóndeme, carajo!

—Las fuentes vienen del equipo de Victoria.

Por fin, mis oídos dejaron de funcionar. La vista ya ni siquiera era pasable y lo último que escuché fue el murmullo de Leo, seguido de un fuerte claxon a mi costado.

El golpe cayó en seco. Un impacto que me llegó desde el costado izquierdo y que se extendió por un buen rato hasta que todo se empezó a oscurecer.

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