SIN SPOILER
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LA PRIMERA TRAICIÓN
La noticia recorrió el castillo en silencio.
Como todos los secretos importantes.
Susurros entre sirvientas.
Miradas incómodas entre los guardias.
Conversaciones apagadas apenas alguien se acercaba demasiado.
Porque aunque el rey había ordenado discreción…
era imposible ocultar algo así por mucho tiempo.
Especialmente en un lugar donde todos observaban todo.
Aquella mañana, Victoria desayunaba tranquilamente en uno de los pequeños salones privados del ala real.
El ambiente parecía calmado.
Una doncella servía té mientras otra acomodaba flores frescas cerca de las ventanas.
La reina observaba distraídamente el jardín exterior.
Todavía seguía recuperándose.
Y aunque intentaba aparentar normalidad…
la pérdida del bebé la había dejado emocionalmente agotada.
Entonces escuchó algo.
Un susurro.
Muy bajo.
—Dicen que pasó toda la noche en las habitaciones del rey…
Victoria levantó lentamente la mirada.
Las dos sirvientas quedaron inmóviles al notar que la reina las había escuchado.
El silencio cayó de inmediato.
Demasiado rápido.
Eso hizo que Victoria frunciera ligeramente el ceño.
—¿Qué sucede?
Las jóvenes intercambiaron miradas nerviosas.
—N-Nada, majestad.
La reina dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—Hablen.
Las doncellas tragaron saliva.
Finalmente, una de ellas reunió valor.
—Majestad… anoche… el rey recibió una concubina.
El mundo pareció quedarse en silencio.
Victoria no reaccionó inmediatamente.
Simplemente observó a la sirvienta.
Como si no hubiera entendido las palabras.
—¿Una… concubina?
La joven bajó rápidamente la cabeza.
—Sí, majestad.
La reina sintió un extraño vacío en el pecho.
Porque durante años…
Víctor jamás había mirado a otra mujer.
Nunca.
Muchos nobles incluso consideraban su matrimonio un ejemplo de lealtad real.
Y ahora…
todo había cambiado en una sola noche.
Victoria desvió lentamente la mirada hacia la ventana.
Intentando procesarlo.
No lloró.
No gritó.
Pero algo dentro de ella se rompió silenciosamente.
Porque aunque el amor entre ellos se hubiera vuelto frío…
ella jamás imaginó que él haría algo así.
Las sirvientas permanecían inmóviles sin atreverse a respirar demasiado fuerte.
Finalmente, Victoria habló en voz baja.
—¿Quién es ella?
—Una joven noble menor, majestad. Su nombre es Amelia.
La reina cerró lentamente los ojos.
Y por un segundo…
recordó la noche después del parto.
El vino.
La sensación de vacío.
La manera en que Víctor hablaba únicamente de herederos.
Y entonces comprendió algo horrible.
Todo había sido siempre sobre eso.
La corona.
La s@ngr3 real.
La perfección.
Nunca sobre amor verdadero.
Victoria volvió a abrir los ojos.
Pero ahora había tristeza en ellos.
Una tristeza profunda.
Silenciosa.
—Pueden retirarse.
Las doncellas hicieron reverencias rápidas antes de escapar prácticamente de la habitación.
La reina quedó completamente sola.
El enorme salón parecía más frío que antes.
Victoria observó su reflejo en la ventana.
Y por primera vez en años…
no vio a una reina.
Solo vio a una mujer cansada.
Una mujer reemplazable.
Las puertas se abrieron poco después.
Víctor entró como si nada hubiera ocurrido.
Su expresión tranquila desapareció apenas notó el rostro serio de Victoria.
El rey entendió inmediatamente.
Ella ya lo sabía.
El silencio entre ambos se volvió pesado.
Finalmente, Victoria habló:
—¿Es cierto?
Víctor sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.
—Sí.
Sin disculpas.
Sin culpa.
Solo una respuesta seca y directa.
Eso dolió todavía más.
La reina sintió un nudo en la garganta.
—Entonces los rumores eran reales…
Víctor caminó lentamente hacia ella.
—Necesito asegurar el futuro del reino.
Otra vez eso.
Siempre eso.
Victoria soltó una pequeña risa amarga.
—¿Eso soy para ti? ¿Una herramienta para darte herederos?
El rey endureció ligeramente el rostro.
—Sabes perfectamente cómo funciona la corona.
La reina bajó lentamente la mirada.
Y entonces entendió algo que jamás había querido aceptar.
Víctor no era cruel únicamente con otros.
También lo era con ella.
Solo que ella había tardado demasiado en verlo.
El rey intentó acercarse más.
Pero Victoria retrocedió un paso.
Pequeño.
Casi imperceptible.
Y aun así…
Víctor lo notó.
Por primera vez en mucho tiempo…
algo se quebró entre ellos.