Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 11: EL MUERTO QUE NUNCA EXISTIÓ
Rodrigo no pudo contenerse más. Al ver la sonrisa de Alessandra dirigida a ese extraño, sintió que el mundo se le venía abajo.
Rompió el cerco de seguridad y se lanzó hacia el centro de la pista, gritando para que todos lo escucharan.
—¡Mírenla bien! —rugió Rodrigo, señalando a Alessandra con un dedo tembloroso—. ¡Esa mujer es una mentirosa compulsiva! ¡Yo soy el verdadero Rodrigo! ¡Ella es la que escapó de la boda por un ataque de nervios! Se inventó la historia del accidente para no admitir que se acobardó frente al altar. ¡Alessandra, di la verdad! ¡Diles que este tipo es un extra que contrataste para salvar tus acciones!
El silencio que siguió fue sepulcral. Los flashes se detuvieron y el Sr. Park frunció el ceño, confundido.
Alessandra sintió que Dante tensaba el brazo alrededor de su cintura, listo para intervenir, pero ella se adelantó.
Soltó un suspiro de cansancio fingido y miró a Rodrigo con una lástima tan gélida que calaba los huesos.
—Señores, lamento profundamente este espectáculo —dijo Alessandra, proyectando su voz con la calma de un cirujano—. Como saben, el día de mi boda recibí un informe médico de urgencia sobre un accidente grave. En medio del caos y la angustia, hubo una confusión de identidades en la administración del hospital. Mi esposo, aquí presente, es Dante Rodrigo Larconne.
Rodrigo abrió la boca para protestar, pero Alessandra no le dio tregua.
—Al parecer, este pobre hombre, el señor Rodrigo Ignacio Lecontte, compartía el primer nombre y una parte del historial en la misma clínica. Desde que fui a aclarar la confusión al hospital, este señor ha desarrollado una obsesión enfermiza. Cree que él es el hombre de mi vida solo por una coincidencia en un informe médico. Es un acosador que me ha perseguido desde entonces, inventando fantasías donde yo soy la que "escapó".
El murmullo de indignación contra Rodrigo recorrió el salón. Dante, captando la jugada maestra, se inclinó hacia ella frente a todos.
Tomó su barbilla con suavidad y le dio un beso lento, casi rozando la comisura de sus labios, haciendo que las cámaras volvieran a estallar en un frenesí de fotos.
—Cariño —susurró Dante, pero lo suficientemente alto para que el micrófono captara su voz de barítono—, ¿acaso no acordamos en que, para evitar más confusiones con este tipo de "Ignacios", mi nombre legal tras la unión sería Dante Rodrigo Valeriano? Olvida al impostor. Tenemos un baile pendiente.
Alessandra sintió el calor de los labios de Dante y, por un segundo, su cerebro analítico sufrió un cortocircuito. Pero se recuperó de inmediato, mirando a la seguridad.
—Llévenselo —ordenó Alessandra—. Es una lástima que el despecho nuble tanto la vista, señor Lecontte. Guardias, asegúrense de que reciba la atención psicológica que claramente necesita.
—¡No! ¡Alessandra, no puedes hacerme esto! —gritaba Rodrigo mientras los guardias lo arrastraban hacia la salida bajo las miradas de asco de los magnates coreanos—. ¡Yo soy el real! ¡Ese tipo es un...!
La puerta se cerró y el Sr. Park empezó a aplaudir, seguido por todo el salón.
—¡Increíble fortaleza, señora Valeriano! —exclamó Park—. Lidiar con un loco y con el éxito de una empresa al mismo tiempo... ¡Es usted una mujer de hierro!
Dante arrastró a Alessandra hacia la pista de baile mientras la orquesta comenzaba un tango agresivo.
—Dante Rodrigo Larconne... —le siseó ella mientras empezaban a moverse—. Te voy a cobrar cada segundo de ese beso en el contrato.
—Pues prepárate para quedar en bancarrota, jefa —respondió Dante, haciéndola girar con una fuerza que le quitó el aliento—. Porque después de esa humillación, Rodrigo no solo está muerto socialmente... está enterrado bajo mi nuevo apellido.
César, desde la barra, se tomó un trago doble de whisky.
«¡Herejía universal!», pensó. «Bitácora de supervivencia, mismo día, parte 2: Fraude perfecto ejecutado. Rodrigo cancelado. Dante ahora es Rodrigo Valeriano. Lápiz y papel: "Ignacio Lecontte" agregado al diccionario como sinónimo de "cadáver social". P/D: si sobrevivo, las fotos de portada van a ser mi testamento.»
—Dios nos Libre..