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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Plan

El viaje hacia Londres había comenzado al amanecer. La reina bajo un abrigo de terciopelo azul oscuro, subió al carruaje, sin mirar atrás. Eleonora, por su parte, se acomodó a su lado intentando mantener la compostura.

Al principio lo atribuyó a la ansiedad del viaje. Sin embargo, conforme avanzaban por los largos caminos empedrados y el traqueteo del carruaje, una náusea persistente se apoderó de ella.

—¿Estás bien? —preguntó la reina.

—Sí… creo que la codorniz de anoche no me cayó muy bien —respondió Eleonora con una sonrisa débil.

La reina observó a la duquesa durante horas, preocupada por el tono pálido, que teñía su piel.

El viaje fue largo y agotador. A medida que se acercaban, el paisaje rural cedía ante la arquitectura industrial, pero la prensa había hecho su trabajo mucho antes. Para cuando cruzaron la frontera del condado, los diarios londinenses ya circulaban con ediciones especiales que hablaban de la llegada inesperada de la reina y de su flamante mano derecha.

Los titulares variaban entre hipótesis absurdas y especulaciones intrusivas sobre la vida privada de la joven duquesa.

—Sabía que hablarían, pero esperaba que tardaran un poco más… —comentó Eleonora, dejando el diario sobre el asiento de terciopelo.

—Eres una duquesa, poderosa y recién nombrada. Y yo soy la reina. En este país no podemos ni estornudar sin que escriban cinco columnas —dijo la reina con un humor seco.

Al llegar a Londres, la noche se presentaba fría. Se refugiaron en una de las residencias privadas de la reina. Los sirvientes, avisados, ya habían calentado las habitaciones y preparado baños calientes.

Eleonora a pesar del cansancio que le marcaba las facciones que no terminaba de abandonar su cuerpo. La reina, apoyada en el marco de la puerta, le dedicó una sonrisa cansada pero cómplice.

—. Necesito distraerme esta noche—dijo la soberana.

Eleonora asintió de inmediato.

—Entonces salgamos a cenar. Podemos aprovechar… al menos por unas horas, antes de que rodeen la entrada.

La reina rió con suavidad.

—Qué concepto tan hermoso, querida.—

Esa noche, ambas caminaron por las calles iluminadas del centro de Londres, escoltadas discretamente por guardias que se fundían con las sombras de los callejones. El restaurante elegido era un rincón de elegancia clásica, para mantener cierta privacidad.

El ambiente era cálido, agradable, lleno del murmullo de conversaciones educadas y el tintineo de la plata. La reina parecía relajarse por primera vez en días. Eleonora, intentaba disfrutar del aroma del té y la calidez del lugar.

Mientras revisaban el menú, la mirada de la reina se desvió casualmente hacia el fondo del salón, donde las sombras se hacían más densas cerca de los reservados. Durante un instante, Eleonora vio cómo los ojos de la reina se abrían ligeramente en una expresión de sorpresa absoluta y, acto seguido, se entrecerraban con una chispa de furia contenida que Eleonora conocía bien.

—Majestad, ¿sucede algo? —preguntó Eleonora, dejando el menú a un lado.

La reina parpadeó rápidamente, recuperando su rostro neutro y profesional en un alarde de autocontrol.

—No… no es nada. El menú es algo extraño esta noche, eso es todo. Un exceso de especias, supongo.

Pero no era el menú. Lo que la reina había visto era a Frederick.

El marqués estaba sentado en una mesa, bajo la luz mortecina de un candelabro. Estaba vestido de manera impecable, pero lo que encendió la sangre de la soberana fue que se inclinaba ligeramente hacia una mujer joven de una belleza notable, mientras le tocába la mano al marqués mientras hablaban en susurros. Frederick parecía… relajado, cómodo.

La reina sintió que la indignación le subía por el cuello. *¿Así que por eso había vuelto a Londres con tanta prisa? ¿A cenar con señoritas de la alta sociedad mientras Eleonora sufría en silencio por él?*

Eleonora, por suerte o por desgracia, no había vuelto la cabeza todavía.

*Mejor así*, pensó la reina.

De modo que guardó silencio. No dijo una sola palabra sobre lo que veía mientras cenaron. Eleonora notó su humor inusual, esa rigidez que volvía a sus hombros, pero la reina lo disimuló con sonrisas tensas y comentarios triviales sobre la arquitectura de la ciudad.

Al regresar a la mansión, ya entrada la noche y con el frío calando hasta los huesos. Cuando Eleonora se retiró a su habitación, despidiéndose con un beso en la mejilla, la reina esperó pacientemente en el pasillo hasta escuchar el clic definitivo de la puerta cerrándose.

Solo entonces se movió con la agilidad de un cazador.

Caminó con paso firme hacia el antiguo escritorio de caoba de la mansión, y tomó el teléfono marcaba un número que conocía desde hacía años guardado para asuntos que requerían confianza y una falta total de escrúpulos.

La llamada se conectó tras tres tonos largos.

—¿Alestor? —susurró ella.

Del otro lado, una voz masculina, grave, respondió:

—Majestad. ¿A qué debo este honor tan nocturno?

La reina dejó escapar un suspiro calculado. En su tono no había rastro de tristeza, ahora sonaba estratégica, casi implacable.

—Necesito tu ayuda, Alestor.

—Dime qué debo hacer y considera que el mundo se moverá para complacerte.

La reina clavó la mirada en el ventanal, donde las luces de Londres parpadeaban sobre el río como estrellas urbanas caídas.

—Estoy organizando una pequeña reunión privada para pasado mañana. Muy selecta, muy íntima. Quiero que estés presente… y quiero que te asegures de invitar a dos personas más.

—¿Debo preguntar los nombres o prefieres el misterio?

—No hay misterio para ti. Te daré el primer nombre: Frederick. El Marqués.

Hubo un silencio breve del otro lado de la línea, cargado de entendimiento.

—Entiendo —respondió Alestor, con un matiz de diversión cruel en la voz—. Y supongo que la otra persona debe ser alguien… lo suficientemente relevante como para incomodarlo hasta la médula.

—Exacto.

—¿Para cuándo debe estar todo listo?

—Pasado mañana por la noche.

—Considera que está hecho, Majestad. Sus deseos son las reglas.

La reina colgó el teléfono. Todo empezaba a fluir como un plan maestro. No permitiría que Eleonora fuese utilizada.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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