Un delegado de policía consumido por la venganza. Un chef que carga con una condena que no le pertenece. El mismo enemigo. Un deseo que ninguno de los dos puede controlar.
Vinícius Cruz lleva años cazando al narcotraficante que destruyó a su familia. Frío, implacable y sin espacio para el amor, su vida se reduce a una obsesión: hacer justicia con sus propias manos. Hasta que una noche, en medio del caos de una discoteca, sus ojos se cruzan con los de un desconocido que le roba el aliento.
Saullo Dantas acaba de salir de prisión después de cumplir tres años por un crimen que no cometió. Carga con cicatrices que no puede mostrar, secretos que no puede contar y un plan de venganza que podría costarle la vida. Lo último que necesita es caer rendido ante un hombre que esconde su propia identidad.
Lo que empieza como una atracción imposible de ignorar se convierte en algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Pero cuando las mentiras se derrumban y el pasado los alcanza, Vinícius y Saullo descubrirán que comparten mucho más que una cama: comparten al mismo demonio.
Entre traiciones, secretos policiales y un enemigo que acecha en las sombras, tendrán que decidir si el amor es suficiente razón para arriesgarlo todo... incluso la vida.
Una historia de pasión sin límites, segundas oportunidades y la certeza de que el corazón no entiende de reglas.
Para mayores de 18 años. Contenido adulto explícito.
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Capítulo X (Vinícius y Saullo)
La plática estaba muy buena en el WhatsApp, pero necesitaba irme a casa.
Apagué el celular y fui directo a mi casa. Necesitaba un buen baño y caer en la cama; casi no dormí. Pero cuando entré a la casa me encontré con mi madre. Parecía que me estaba esperando.
—¿Dormiste fuera? —su pregunta fue bien directa.
—Sí, señora.
—¿Por eso traes esa cara de felicidad? Parece que viste un arcoíris.
Mi madre me conocía muy bien.
—No era un arcoíris, pero era muy bonito.
Ella me abrazó por la cintura y le di un beso en la frente.
—Creo que ya es hora de que ese corazón se abra a un amor de verdad.
—Este corazón no tiene espacio para un amor.
Respondí alejándome de ella, viendo el aire de tristeza en su mirada.
—Hijo mío, deja que ese odio salga de dentro de ti y dale espacio a un nuevo sentimiento.
Intenté alejarme de ella, pero me sujetó del brazo haciéndome detenerme.
—¡Tu hermana está muerta! Sé que vives rumiando ese dolor, pero nada va a traerla de vuelta. El que le hizo daño pagó caro por eso. Ella murió, ¡pero tú estás vivo!
Las lágrimas le bajaban por los ojos.
—¡Pero un maldito que nos la quitó sigue vivo! Y lo voy a atrapar, madre. Me tome toda la vida, pero va a pagar por lo que hizo.
Mi madre no le gustaba oírme hablar de esa manera.
—¿Sabes lo que quiero, hijo? Solo quiero que seas feliz. Que encuentres un gran amor y que te haga cambiar esa idea de venganza que no lleva a nada.
—¿Y sabes lo que yo quiero, madre? Atraparlo y meterlo en una celda oscura y fría y tirar la llave.
—Pero yo no voy a dejar de pedirle a Dios que ponga un amor verdadero en tu vida que te haga cambiar ese pensamiento.
—¿Me estás echando una maldición? —pregunté bromeando. Sé que ella jamás haría algo así porque me ama.
—Estoy hablando en serio, Vinícius. Un día me vas a presentar a tu gran amor.
No dije nada más. Sería una pelea que no ganaría; mi madre siempre tenía la última palabra.
Me pasó la mano por el rostro y yo subí las escaleras corriendo. Necesitaba bañarme, dormir y soñar con la noche caliente que tuve hasta amanecer.
Saulo Dantas
Cerré la puerta y me tiré en el sofá. Nunca imaginé que una simple salida me llevaría a tener una noche tan inolvidable como esa. Intenté resistirme a él, pero cuando no puso objeción en ser pasivo para mí, vi que no había forma de ignorarlo. Lo quise por completo esa noche.
Podría haberme dejado coger, pero el tipo era perfecto y cogerlo fue demasiado rico. Tres años sin sexo... podría haberlo lastimado de verdad. Tuve que contenerme demasiado. Si no fuera hombre, tal vez no me habría aguantado. En ningún momento se quejó ni pidió que fuera suave; al contrario, pedía más. Hice con Vinícius cosas que mi exnovio nunca quiso hacer conmigo. Aunque el sexo con él era bueno de a madres, nunca cogí tanto con alguien como lo hice con Vinícius.
—Dios mío, ¿qué hombre es este? Dios mío, ¿qué hice?
Me pasé la mano por la cara. Necesitaba recuperarme; tenía que ir a casa de Sara.
A los pocos minutos estaba en la puerta de Sara.
—¡Caramba, ¿qué cara es esa?! —parecía que lo veía todo en mi semblante.
—Ya para, fue solo un acostón cualquiera —dije pasando de largo directo al sofá.
—¡No me digas que te agarraste a ese guapote! —Sara parecía tener un sexto sentido para estas cosas.
—Ya para, fue solo un acostón y nada más.
—¡Pobre de él! Sé que andabas en sequía, hermanito. ¿Salió caminando de tu departamento?
—¡Ya basta con eso, es un hombre grande!
—¿Por lo menos le pediste el número?
Ella quería saber los detalles de lo que había pasado, pero la ignoré tirándome de lado en el sofá intentando no responder nada más.
—¡Por favor, Saulo, contesta! ¿Quedaron de verse otra vez? ¿Cómo es él? ¡Seguro está bien guapo!
Dios mío, no se cansa.
—Sara, ¡claro que no le pedí el teléfono! Porque lo de anoche fue solo un acostón, ¡nada más!
Ella puso una cara de que no le gustó la respuesta. Sara era muy romántica y fantaseaba demasiado. Creo que se le olvida que soy un expresidiario.
Fingí que estaba dormido para que me dejara en paz. Me estaba cayendo de sueño; necesitaba descansar para trabajar en la noche.
Desperté en el sofá de la sala bien recuperado. Aproveché para bañarme y vestirme con la misma ropa que estaba limpia. Como era sábado, tendría que estar en el restaurante más temprano para adelantar algunos platillos para los clientes VIP que tenían reservación.
En las noches llenas, Sara siempre nos ayuda con los clientes en la cocina, y noté unas miradas en mi dirección.
—¿Quién era el tipo de anoche, jefe? —preguntó Caio, tímido.
Caio fue uno de los muchachos que estaba conmigo anoche en el bar.
—¿Qué guapote?
Otro muchacho quería saber. Yo solo escuchaba a los chismosos queriendo saber de mi vida.
—Un guapote que nunca había visto en mi vida —dijo Felipe, el otro ayudante en la cocina.
—¡Por eso anda tan calladito hoy! —comentó mi cuñado riéndose.
—¿Desde cuándo mi vida pasó a ser tema de conversación en el trabajo?
Fingí estar enojado para acabar con los chismes.
—¿A qué se dedica ese tipo, Saulo? —mi cuñado estaba curioso.
—Tiene un equipo de seguridad —respondí sin mirarlos.
—¡Yo pensé que era de la policía! ¡El tipo tiene toda la pinta de tira! —respondió Felipe por mí.
—¿Estás loco? ¡Yo quiero distancia de la policía en mi vida!
Hasta oír esa palabra me daba rabia. Jamás sería posible involucrarme con un policía. Sé que no todos son iguales, pero es mejor evitar la cercanía. Sufrí demasiado en manos de ese maldito h* de p** que en nombre de la ley me torturó y pagó a personas para agredirme dentro de la cárcel, todo porque no quise ceder a sus deseos de acostarse conmigo. Cada vez que lo rechazaba, era una marca en mi cuerpo; les pagaba a otros presos para herirme.
—¡Chicos, la casa está llena! —dijo Sara entrando a la cocina. Le di gracias a Dios de que cambiara el tema.
—¡Todo esto gracias a nuestro cocinero guapo y talentoso! —dijo abrazándome por la espalda.
Fue una noche llena y muy agotadora. Tuvimos casa llena con varios pedidos diferentes. Tenemos que complacer a todos nuestros clientes. Algunas veces, aunque en contra de mi voluntad, fui al salón a la mesa de algunos clientes que querían saludarme personalmente y felicitarme por cada platillo que les sirvieron.