Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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Capítulo 18
El día empezó mal.
No por algo grande.
Por muchas cosas pequeñas.
Aylin se despertó con el cuerpo pesado.
No quería levantarse.
No tenía ganas de nada.
Aun así, se levantó.
Porque tenía que hacerlo.
En la cocina, su mamá ya estaba ahí.
—Buenos días… —dijo Aylin, con voz baja.
—Eso no sonó a buenos días —respondió su mamá sin mirarla.
Aylin abrió la nevera, pero no sacó nada.
Solo miró.
—No tengo hambre.
—Ya veo.
Su mamá levantó la mirada.
La observó unos segundos.
—Te ves peor que ayer.
Directa. Como siempre.
Aylin cerró la nevera.
—Estoy bien.
—Esa frase ya no me sirve.
Silencio.
Aylin tomó un vaso de agua.
—Solo es cansancio.
—Ajá.
Su mamá se apoyó en la mesa.
—¿Y el mareo? ¿Y las náuseas?
Aylin se quedó quieta.
—¿Qué?
—Ayer te escuché en el baño.
Listo.
No había escapatoria.
Aylin bajó la mirada.
—No fue nada.
—Aylin…
Ese tono.
El serio.
—No me gusta repetir las cosas.
Silencio.
Más pesado.
—Fui al médico —dijo Aylin al final.
Su mamá no reaccionó de inmediato.
—¿Y?
Aylin apretó el vaso.
—Todo bien.
Otra vez.
Pero ya no colaba.
Su mamá soltó un suspiro.
—Mira… no te voy a obligar a hablar.
Pausa.
—Pero tampoco soy ciega.
Aylin no respondió.
—Solo te voy a decir algo —añadió—. Cuando decidas contarme… hazlo antes de que sea demasiado tarde.
Eso sí le dolió.
Aylin levantó la mirada.
—No es nada grave.
—Eso espero.
Silencio.
—¿Vas a trabajar? —preguntó su mamá.
—Sí.
—Bueno… intenta no desmayarte en público. Qué pena conmigo.
Aylin la miró.
—Mamá.
—¿Qué? Estoy siendo sincera.
Y ahí estaba.
Ese toque suyo.
Que hacía todo menos pesado.
Aylin negó con la cabeza, pero sonrió un poco.
—Nos vemos.
—Cuídate.
Esta vez… más suave.
Más real.
La oficina estaba tranquila.
Aylin llegó, se sentó y empezó a trabajar sin hablar mucho.
No quería pensar.
No quería hablar.
Solo… pasar el día.
Pero su cuerpo no estaba de acuerdo.
A media mañana, el malestar volvió.
Más suave que antes.
Pero constante.
Respiró hondo.
—Aguanta…
—Aylin.
Levantó la mirada.
Kael.
—Ven un momento.
No era opción.
Se levantó y lo siguió.
Entraron a su oficina.
Kael cerró la puerta.
Eso ya no le gustó.
—¿Qué pasó?
Él no respondió de inmediato.
La miró.
De verdad.
—Te ves mal.
Directo.
Aylin suspiró.
—Estoy bien.
—No.
Así, simple.
Aylin cruzó los brazos.
—No tienes que repetirlo.
—Y tú no tienes que mentir.
Silencio.
Aylin lo miró.
—No estoy mintiendo.
—Entonces mírame y dímelo otra vez.
Ahí sí.
Se quedó callada.
Porque sabía que no podía.
Kael dio un paso más cerca.
No invadía.
Pero tampoco se alejaba.
—¿Fuiste al médico?
La pregunta la tomó desprevenida.
—Sí.
—¿Y?
El corazón le latió más rápido.
—Nada grave.
Kael la sostuvo con la mirada.
Un segundo.
Dos.
—No te creo.
Sin enojo.
Sin levantar la voz.
Solo… seguro.
Aylin desvió la mirada.
—No tienes por qué hacerlo.
—No.
Pausa.
—Pero quiero saber qué pasa.
Eso fue diferente.
No sonó a control.
Sonó a interés.
Y eso…
la desarmó un poco.
—No es tu problema.
—Aún no.
Silencio.
Esa palabra quedó en el aire.
Aún.
Aylin frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Kael no respondió directo.
—Significa que hay cosas que no encajan.
—¿Como qué?
—Te sientes mal, no comes, te mareas…
Pausa.
—Y no es algo de un día.
Aylin se quedó quieta.
—No puedes saber eso.
—Sí puedo.
La miró fijo.
—Porque te he estado observando.
Silencio.
No incómodo.
Pero sí… fuerte.
Aylin bajó la mirada.
—No es lo que piensas.
—Entonces dime qué es.
Ahí estaba.
Otra vez.
El punto.
Pero Aylin no podía.
Aún no.
—No puedo.
Lo dijo bajo.
Pero claro.
Kael no se molestó.
Ni insistió.
Solo se quedó en silencio unos segundos.
—Está bien.
Aylin levantó la mirada, sorprendida.
—¿Eso es todo?
—Por ahora.
Simple.
Pero no se veía tranquilo.
—Pero no va a quedarse así.
Eso sí fue claro.
Aylin lo sabía.
—Puedes irte —añadió.
Aylin dudó un segundo.
Pero salió.
El resto del día fue incómodo.
No por trabajo.
Por lo que no se dijo.
Por lo que ya estaba ahí… aunque nadie lo dijera en voz alta.
Esa tarde, Aylin salió antes.
No pidió permiso.
Solo… necesitaba aire.
Caminó sin rumbo.
Hasta que terminó sentándose en un parque.
Respirando.
Pensando.
—No puedo seguir así…
Se llevó la mano al vientre.
Ya no era solo un gesto.
Era algo más.
Más consciente.
—Casi siete semanas…
El tiempo no se detenía.
Y su vida tampoco.
Cerró los ojos un momento.
—Tengo que decirlo…
Pero decirlo…
lo iba a cambiar todo.
Su mamá.
Kael.
Su trabajo.
Todo.
Abrió los ojos lentamente.
—Pero ya no puedo seguir callada…
Esta vez lo sintió claro.
No como miedo.
Como decisión.
Aún no sabía cuándo.
Pero ya sabía que…
iba a pasar.
Y pronto.