Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 17: Sangre que Aprende a Matar
El aire dentro del edificio abandonado se volvió más pesado.
Más denso.
Más incómodo.
Como si incluso las paredes viejas estuvieran reaccionando a la presencia de aquel hombre encapuchado.
El gigante, todavía tambaleándose por el golpe que lo había hecho retroceder, levantó la cabeza con una mezcla de furia y desconcierto.
No estaba acostumbrado a eso.
No estaba acostumbrado a ser detenido.
Mucho menos a ser golpeado de frente y sentir que su cuerpo había sido sacudido hasta los huesos.
Escupió al suelo con violencia.
Luego sonrió con los dientes manchados de sangre.
—Así que eres fuerte…
Su voz retumbó grave entre los restos del lugar.
Crujió los nudillos.
—Eso me gusta.
Asahi no respondió.
Seguía de pie, con la capucha cubriéndole parte del rostro, la postura relajada y la expresión oculta bajo una calma que no parecía humana.
Detrás de él, Himari seguía observando.
Su espada aún estaba lista.
Su respiración, controlada.
Pero sus ojos dorados no se apartaban de la espalda del desconocido.
Había algo en esa presencia…
Algo demasiado extraño.
Demasiado quieto.
Demasiado familiar en la forma en que ocupaba el espacio.
Y eso la estaba irritando.
🩸 El Cuerpo de un Monstruo
El gigante rugió y se lanzó otra vez hacia adelante con una fuerza bruta aplastante.
Esta vez no fue un solo golpe.
Fue una carga completa.
Una masa de músculo y violencia avanzando con intención de aplastar todo lo que tuviera enfrente.
Pero Asahi no se movió de inmediato.
Solo bajó un poco la cabeza.
Y la sangre en su interior respondió.
La magia de sangre recorrió su cuerpo como un pulso silencioso.
Invisible al principio.
Luego palpable.
Sus músculos se tensaron.
Las venas bajo la piel se marcaron apenas.
Y por un segundo, el aire alrededor de él pareció vibrar.
Asahi reforzó su cuerpo con magia de sangre.
No hubo destellos elegantes.
No hubo círculos mágicos vistosos.
No hubo nada hermoso en ello.
Solo la sensación seca y horrible de que su cuerpo había dejado de ser completamente humano.
Detrás de su espalda…
pequeñas gotas de sangre comenzaron a aparecer flotando en el aire.
No muchas.
Solo unas cuantas.
Pero bastaban para hacer que la escena se volviera más inquietante.
Las gotas giraban lentamente a sus espaldas, suspendidas como si obedecieran una voluntad muda y antigua.
Himari frunció el ceño.
No era magia elemental.
No era magia noble.
No era nada que se enseñara abiertamente en academias o torres.
Aquello era otra cosa.
Algo prohibido.
Algo que olía a tragedia.
🌒 La Primera Demostración
El gigante levantó el puño derecho con la intención de romperle la cabeza de un solo golpe.
Asahi dio un paso lateral apenas.
Lo suficiente.
Lo justo.
Y con un movimiento seco de la mano…
Una de las pequeñas esferas de sangre que flotaban a su espalda salió disparada.
Fue rápida.
Demasiado rápida.
El gigante apenas alcanzó a ver un destello rojo oscuro antes de sentir el impacto directo en el rostro.
¡BOOM!
La bola de sangre explotó en su cara con una presión brutal.
No fue una explosión de fuego.
Ni una detonación brillante.
Fue peor.
Más sucia.
Más violenta.
Más íntima.
La fuerza del impacto le hizo girar la cabeza de lado y lo obligó a retroceder dos pasos pesados.
El gigante llevó una mano al rostro, aturdido.
No estaba destruido.
No estaba derrotado.
Pero ahora sí parecía entender que aquello no era una pelea normal.
Aquello era otra clase de amenaza.
Una mucho más desagradable.
🌑 Una Técnica que Da Miedo por lo que Promete
Asahi lo observó en silencio durante un segundo.
Luego inclinó apenas la cabeza.
Su voz salió tan fría como el acero.
Tan vacía como una tumba abierta.
—Veamos si puedes sobrevivir…
La sangre a su espalda giró un poco más rápido.
Otra esfera comenzó a formarse.
Más densa.
Más compacta.
Más peligrosa.
Y entonces terminó la frase:
—…a una técnica no tan fuerte…
Hizo una pausa mínima.
Una pausa que volvió el aire insoportable.
Y remató con una calma aterradora:
—…pero capaz de hacerse letal con el tiempo.
El gigante lo miró con una mezcla de rabia y algo nuevo.
Miedo.
No un miedo cobarde.
No un miedo histérico.
Sino ese miedo más profundo y animal que aparece cuando el cuerpo entiende antes que la mente:
“si sigo aquí, esto va a empeorar.”
⚔️ Himari Observa
Himari no se movió.
Todavía no.
Quería intervenir.
Podía intervenir.
Pero algo dentro de ella le dijo que esperara un segundo más.
Porque no estaba viendo simplemente a un desconocido pelear.
Estaba viendo a alguien que combatía de una forma que no se parecía a nada que hubiera visto en años.
No había movimientos innecesarios.
No había arrogancia.
No había poses.
Cada gesto era corto.
Seco.
Funcional.
Y extrañamente…
Doloroso de mirar.
Como si ese hombre no peleara para ganar.
Sino porque ya no sabía vivir de otra manera.
Eso hizo que Himari apretara un poco más la empuñadura de su espada.
Y sin darse cuenta del todo…
Su pecho se tensó.
Otra vez esa maldita sensación.
Otra vez esa punzada de algo enterrado.
Algo que no quería salir a la superficie.
🌙 Las Chicas Tras la Reja
Dentro de la celda, las chicas seguían observando con respiración contenida.
Una de ellas se aferró a los barrotes.
—Es él…
Otra tragó saliva.
—El de anoche…
La tercera apenas susurró:
—El Fantasma Blanco…
Y honestamente…
No estaban equivocadas.
Porque con la luna roja filtrándose por el techo roto, la capucha negra cubriendo el rostro y las gotas de sangre flotando a su espalda…
Asahi no parecía un hombre.
Parecía una advertencia.
Una de esas historias oscuras que la gente cuenta en voz baja para asustar a otros.
Solo que esta vez…
La historia estaba respirando.
Y estaba justo frente a ellas.
🩸 La Antesala del Horror
El gigante bajó lentamente la mano de su rostro.
Su expresión ya no era de superioridad.
Ahora había tensión real en sus hombros.
Sus músculos se endurecieron.
Y una energía oscura comenzó a recorrerle los brazos.
Era evidente que también escondía algo más.
Algo que hasta ese momento no había mostrado.
Asahi lo notó de inmediato.
No cambió de postura.
No se sorprendió.
Solo lo observó con esa calma insoportable que hacía que todo se sintiera peor.
Detrás de él, las esferas de sangre siguieron flotando.
Pequeñas.
Silenciosas.
Como semillas de violencia esperando ser lanzadas.
La luna roja seguía iluminando la escena desde arriba.
Y Himari, espada en mano, ya sabía una sola cosa:
Aquel hombre con capucha…
No era un simple vigilante nocturno.
No era un mercenario común.
Y definitivamente…
No era alguien que debería existir tan cerca de ella.
Fin del Capítulo 17