Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 16
A veces…
la verdad no llega como una confesión.
Llega como un error.
Nyra no debía estar ahí.
El entrenamiento había empezado antes del amanecer.
Más duro.
Más rápido.
Más peligroso.
—Concéntrate.
La voz de mi padre era firme.
—Lo estoy intentando.
—No lo intentes.
—Hazlo.
El aire vibraba a mi alrededor.
No como antes.
Peor.
Porque esta vez…
no lo estaba conteniendo.
Y eso…
era un problema.
—Otra vez.
Cerré los ojos.
Respiré.
Intenté dirigirlo.
Pero algo dentro de mí…
ya no obedecía igual.
—No…
Murmuré.
—Gabriel.
La voz de mi madre.
—No luches contra ello.
—No es tan fácil.
—Nunca lo es.
El problema no era el poder.
Era lo que venía con él.
Oscuridad.
Y luz.
Juntas.
Chocando.
Siempre chocando.
—¡Ahora!
Solté la energía.
El impacto fue inmediato.
El suelo tembló.
El aire se abrió.
La luz apareció primero…
Pero después…
vino lo otro.
Oscuro.
Denso.
Inestable.
—¡Detente!
Intenté hacerlo.
Pero ya era tarde.
Porque no estaba solo.
—Siempre terminas igual…
La voz en mi cabeza.
—Perdiendo el control…
—Cállate.
—No puedes ocultarlo más…
—¡CÁLLATE!
La energía explotó.
Y algo más pasó.
Algo que no debía.
Una herida.
En mi brazo.
No por ataque.
Por mí.
La piel se abrió.
La sangre cayó.
Y entonces…
la luz la tocó.
Silencio.
La herida…
desapareció.
Como si nunca hubiera existido.
El aire se detuvo.
—Eso…
Murmuró mi padre.
—Ya no es solo energía.
No respondí.
Porque sabía lo que significaba.
Y entonces…
sentí otra cosa.
Presencia.
Pero no enemiga.
Familiar.
Volteé.
Y la vi.
Nyra .
En la puerta.
Observando.
En silencio.
Lo vio todo.
—Nyra …
Demasiado tarde.
Ya no podía ocultarlo.
Silencio.
Largo.
Pesado.
—¿Qué… fue eso?
No respondí.
No sabía cómo.
—Gabriel…
Su voz no tenía miedo.
Eso…
era peor.
—Dímelo.
Negué suavemente.
—No fue nada.
—No me mientas.
Silencio.
—No lo hagas.
Me miró directo.
—Yo lo vi.
El aire se volvió más pesado.
—Eso no es normal.
—Lo sé.
—Entonces dime qué está pasando.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No.
—¿Por qué?
Silencio.
Porque si lo decía…
Todo cambiaba.
—Porque no vas a entenderlo.
—Inténtalo.
—No es tan simple.
—Nunca lo ha sido contigo.
Eso…
me dejó sin defensa.
—¿Qué eres?
La pregunta.
Directa.
Sin rodeos.
Sin miedo.
Silencio.
Demasiado largo.
—Gabriel…
—No soy lo que crees.
—Entonces dime qué eres.
La miré.
Y por primera vez…
no pude esconderlo.
Pero tampoco pude decirlo.
Aún no.
—Soy alguien que puede hacerte daño.
Silencio.
Eso no la hizo retroceder.
—Ya lo estás haciendo.
Eso…
no lo esperaba.
—¿Qué?
—No confiar en mí.
Silencio.
Eso dolió más que cualquier herida.
—No es eso.
—Entonces demuéstralo.
La miré.
Y entendí algo.
Ya no podía seguir igual.
Porque ella…
no iba a irse.
—Nyra …
Pero antes de que pudiera decir algo más…
lo sentí.
Otra vez.
Federico.
Más cerca.
Más fuerte.
Más… interesado.
—No tenemos tiempo.
—¿Para qué?
La miré.
Directo.
—Para que sigas sin saber.
Silencio.
Eso…
lo cambió todo.
El silencio…
ya no era opción.
Nyra seguía frente a mí.
Esperando.
No con miedo.
No con dudas.
Con decisión.
—Dímelo.
Su voz fue más firme.
—Ahora.
Tragué saliva.
No había salida.
—No soy normal.
—Eso ya lo sé.
—No, Nyra …
Pausa.
—No entiendes.
—Entonces haz que entienda.
Silencio.
Lo intenté.
De verdad.
Pero las palabras…
pesaban.
—Yo…
Y entonces—
Lo sentí.
Más fuerte.
Más cerca.
Más… presente.
—No…
—¿Qué pasa?
—Tenemos que irnos.
—No.
—Nyra —
—No me voy a ir sin respuestas.
—No hay tiempo.
—Entonces hazlo rápido.
Silencio.
Eso…
me obligó.
—No soy solo humano.
Nyra no reaccionó de inmediato.
—¿Entonces qué eres?
El aire se volvió más pesado.
—Algo que no debería existir.
—Eso no responde nada.
—Es lo único que puedo decir ahora.
—No.
Dio un paso más cerca.
—No me basta.
—Tiene que bastarte.
—No.
Silencio.
Y entonces…
lo arruinó todo.
La risa.
Su risa.
—Siempre tan dramático…
Nyra se tensó.
—¿Quién es ese?
—Federico.
—¿Está aquí?
—Sí.
—¿Por qué no lo siento?
—Porque él quiere que no lo sientas.
Eso…
la puso en alerta.
—Sal.
Dije.
Silencio.
Y luego…
apareció.
No de golpe.
Como si el espacio se doblara…
y lo dejara pasar.
—Hola, Gabriel.
Su mirada…
fue directo a mí.
Luego…
a ella.
—Así que tú eres…
Pausa.
—la razón.
Nyra no retrocedió.
—No soy la razón de nada.
Él sonrió.
—Eso crees.
—¿Qué quieres?
—Ver.
—¿Qué cosa?
—Esto.
Señaló entre nosotros.
El aire se volvió más pesado.
—No hay nada que ver.
Dije.
—Claro que sí.
—Entonces mira y vete.
—No puedo.
—¿Por qué?
Pausa.
—Porque esto…
Su mirada en Nyra .
—es lo que cambia todo.
Silencio.
—No te acerques.
—¿O qué?
—No me obligues.
—Ya lo hiciste.
Y en ese instante…
se movió.
Directo hacia ella.
—¡Nyra !
Pero esta vez…
ella no retrocedió.
Se quedó.
—Detente.
Su voz.
Firme.
Real.
Y algo pasó.
No poder.
No magia.
Pero sí efecto.
Federico…
se detuvo.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—Interesante…
—No te acerques.
Repitió ella.
—No tienes miedo.
—No de ti.
Eso…
lo hizo sonreír.
—Eso puede cambiar.
—No lo hará.
Silencio.
—Ya veremos.
Intentó moverse otra vez.
Pero yo ya estaba frente a él.
—No.
—Muévete.
—No.
Silencio.
—Sigues protegiéndola…
—Siempre.
—Eso te va a destruir.
—Entonces que lo haga.
Nyra me miró.
Y en sus ojos…
hubo algo nuevo.
Más profundo.
Más peligroso.
—No.
Su voz fue baja.
—No lo va a hacer.
Silencio.
Eso…
nos detuvo a los dos.
—¿Ah, no?
—No.
Se acercó.
A mí.
Tomó mi mano.
—No si no lo dejo.
El mundo…
se quedó sin aire.
Federico la observó.
Diferente ahora.
Más serio.
Más… interesado.
—Entonces sí es verdad…
—¿Qué cosa?
—No tienes poder…
Pausa.
—pero lo controlas.
Silencio.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—No es control.
Dijo ella.
—Entonces qué es.
Me miró.
Y respondió:
—Confianza.
El aire…
se rompió.
Porque eso…
era más peligroso que cualquier poder.
Federico sonrió.
Pero esta vez…
no fue amable.
—Perfecto.
Silencio.
—Entonces ya sé cómo romperlo.
El mundo…
se detuvo.
—No te acerques.
Dije.
—No ahora.
—Entonces vete.
—No.
Pausa.
—Aún no.
Y antes de desaparecer…
susurró:
—Primero quiero ver cuánto dura.
Silencio.
Y se fue.
Pero esta vez…
dejó algo atrás.
Duda.
El silencio que dejó…
no fue vacío.
Fue presión.
Federico ya no estaba.
Pero su presencia…
seguía ahí.
En el aire.
En la tensión.
En lo que acababa de decir.
“Ya sé cómo romperlo.”
Nyra soltó mi mano lentamente.
Pero no se alejó.
—¿Qué quiso decir con eso?
No respondí de inmediato.
Porque esta vez…
no podía evadirlo.
Ya no.
—Gabriel.
Su voz fue más suave.
—Ya no puedes ocultarlo.
Silencio.
Lo sabía.
Lo había sabido desde el momento en que me vio.
—Tienes razón.
Eso…
lo cambió todo.
—Entonces dime la verdad.
La miré.
Y por primera vez…
no intenté protegerla con mentiras.
Respiré hondo.
—No soy solo humano.
—Eso ya lo sé.
—No…
Pausa.
—Soy algo que no debería existir.
Nyra no habló.
Solo escuchó.
—Mi madre…
Silencio.
—es un ángel.
El aire…
se volvió más pesado.
—Y mi padre…
Pausa.
—es un demonio.
Silencio.
Largo.
Profundo.
Pero no hubo grito.
No hubo rechazo.
Solo…
procesamiento.
—Entonces tú eres…
—Mitad ángel.
—Y mitad demonio.
Asentí.
—Sí.
El mundo…
esperó.
Porque ese era el momento.
El momento donde todo podía romperse.
—Debería tener miedo.
Sus palabras fueron suaves.
Honestas.
—Sí.
No mentí.
—¿Y tú?
—Siempre lo tengo.
Silencio.
—De mí mismo.
Eso…
era la verdad más grande.
Nyra bajó la mirada un segundo.
Y cuando la levantó…
ya había decidido.
—No.
Fruncí el ceño.
—¿No?
—No tengo miedo de ti.
Eso…
no lo esperaba.
—Nyra —
—Tengo miedo de lo que puede pasar…
Pausa.
—pero no de ti.
Silencio.
Eso…
me desarmó completamente.
—No deberías confiar así.
—Tal vez.
—Puedo perder el control.
—Lo sé.
—Puedo lastimarte.
—También lo sé.
—Entonces—
—Y aún así…
Se acercó un paso más.
—me quedo.
El mundo…
se detuvo.
—¿Por qué?
Silencio.
—Porque cuando estás conmigo…
Pausa.
—no eres eso.
—¿Eso qué?
—Un monstruo.
El aire…
se rompió.
Porque esa palabra…
ya vivía dentro de mí.
—No lo soy.
—Lo sé.
—Entonces—
—Pero crees que sí.
Silencio.
Eso…
dolió más que todo.
—No sé cómo ser otra cosa.
—Entonces no lo seas.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—No tienes que ser otra cosa.
Pausa.
—Solo tienes que ser tú.
—Eso no es suficiente.
—Para el mundo tal vez no.
Silencio.
—Para mí sí.
Eso…
fue más fuerte que cualquier poder.
—Nyra …
—No me importa lo que eres.
Pausa.
—Me importa quién eres conmigo.
El aire se volvió más ligero.
Por primera vez…
en mucho tiempo.
—Y eso…
Tomó mi mano otra vez.
—no me da miedo.
Silencio.
Pero algo dentro de mí…
sí lo hizo.
Porque ahora entendía.
Lo que Federico vio.
Lo que quería romper.
Esto.
—Entonces escúchame.
Mi voz cambió.
Más seria.
Más real.
—A partir de ahora…
—todo va a empeorar.
—Lo sé.
—Va a intentar separarnos.
—Que lo intente.
—No es un juego.
—Nunca lo fue.
Silencio.
—Y si en algún momento…
Pausa.
—pierdo el control—
—No lo harás.
—Nyra —
—No lo harás.
Su mirada.
Firme.
Segura.
—Porque voy a estar aquí.
El mundo…
se detuvo otra vez.
Pero esta vez…
no por miedo.
Por algo más peligroso.
Esperanza.