Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
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CAPÍTULO 21: LA CORONACIÓN DE SANGRE
El primer disparo cortó el aire como un relámpago.
Lía apenas alcanzó a girar la cabeza.
Kael reaccionó antes de que el sonido terminara de expandirse. Se lanzó sobre ella. El impacto de ambos contra el suelo mojado fue brutal.
La bala de plata pasó a centímetros de su rostro y se incrustó en uno de los pilares del muelle. El metal humeó al instante. La madera chisporroteó bajo la lluvia.
Ragnar rugió con furia.
—¡Emboscada!
Desde los contenedores comenzaron a aparecer figuras vestidas de negro.
Una tras otra.
Sombras armadas avanzando entre la lluvia.
No parecían lobos al principio. Parecían soldados. Uniformes tácticos oscuros. Chalecos blindados. Armas largas con balas de plata. Miras láser atravesando la tormenta.
Pero entonces levantaron la cabeza. Y sus ojos brillaron en amarillo.
Lobos entrenados para matar.
Kael se incorporó rápidamente frente a Lía.
La protegía incluso herido. Incluso agotado.
—El consejo —gruñó.
Selene sonrió lentamente desde el otro extremo del muelle.
La esfera negra aún brillaba débilmente entre sus dedos.
—No me gusta dejar cabos sueltos.
Lía sintió cómo la rabia le ardía bajo la piel.
—Tú los trajiste.
Selene ladeó apenas la cabeza.
—Si no aceptas el trono conmigo… no lo tendrás con nadie.
Otro disparo.
Kael volvió a cubrirla.
La bala rozó su hombro. Esta vez sí impactó. El olor a carne quemada se mezcló con la lluvia salada del puerto.
Kael tensó la mandíbula.
Un gruñido bajo escapó de su garganta.
Lía sintió el miedo atravesarla.
—Kael…
Él ni siquiera la miró.
—Estoy bien.
Mentía.
La herida ya comenzaba a humear bajo la tela rota de su camisa.
Ragnar se lanzó contra los tiradores antes de que dispararan otra vez.
El primer golpe atravesó la puerta metálica de un contenedor. El sonido retumbó por todo el puerto.
El segundo mandó a uno de los atacantes varios metros hacia atrás.
Los huesos crujieron con violencia.
La bestia lunar rugió.
El mar respondió.
Una ola gigantesca se levantó detrás de ella como un muro oscuro.
Los hombres del consejo retrocedieron. Algunos dispararon hacia la criatura. Las balas desaparecieron dentro de su cuerpo de agua y sombra.
No le hicieron absolutamente nada.
Lía respiraba agitada.
Todo era caos.
Disparos.
Rugidos.
Truenos.
Metal chocando.
Gritos perdiéndose bajo la tormenta.
Y aun así…
La marca ardía. Cada vez más fuerte.
La bestia giró lentamente hacia ella.
Los ojos plateados brillaban como lunas vivas.
—Reina… elige.
La voz retumbó dentro de su cabeza.
Lía levantó la mirada.
Kael seguía frente a ella, sangrando.
Ragnar peleaba solo contra varios enemigos.
Su madre permanecía aterrada detrás de un contenedor destruido.
Y Selene…
Selene observaba esperando que todo colapsara. Esperando que el miedo destruyera a Lía antes que las balas.
Algo dentro de ella cambió.
No fue gradual.
Fue inmediato.
Como una puerta rompiéndose.
Ya no era miedo.
Ya no era confusión.
Era decisión.
Lía se puso de pie lentamente.
Kael giró de inmediato hacia ella.
—Lía, no.
Ella lo miró.
Y Kael se quedó inmóvil por un segundo. Porque había algo distinto en sus ojos.
Algo antiguo.
Algo poderoso.
—Ya basta de correr.
La lluvia comenzó a girar alrededor de ella.
Primero lentamente.
Después más rápido.
La energía plateada salió de la marca y recorrió todo su cuerpo como ríos de luz bajo la piel.
Sus manos comenzaron a brillar.
Sus ojos reflejaron la luna.
Selene retrocedió un paso. Por primera vez había miedo real en su rostro.
—No…
La bestia lunar inclinó la cabeza.
Esperando.
Reconociéndola.
Lía dio un paso hacia el centro del muelle destruido.
Luego otro.
Las tablas vibraban bajo sus pies.
El viento comenzó a girar alrededor de ella como un torbellino.
Kael sintió la conexión entre ambos explotar dentro de su pecho.
Era imposible ignorarla ahora.
La luna la estaba reclamando.
Y ella estaba respondiendo.
Los soldados del consejo levantaron nuevamente las armas.
Darius apareció entre ellos.
Cabello gris empapado por la lluvia.
Bastón plateado en la mano.
Los ojos dorados más fríos que nunca.
—Dispárenle.
Los tiradores obedecieron.
Cinco disparos explotaron al mismo tiempo.
Kael rugió.
Ragnar avanzó.
Pero ninguno llegó primero.
La energía alrededor de Lía estalló.
Las balas se detuvieron en el aire.
Suspendidas frente a ella.
Todo el puerto quedó en silencio.
Incluso el mar pareció detenerse.
Lía observó las balas flotando frente a su rostro.
Sus ojos brillaban con intensidad plateada.
Luego cerró lentamente la mano.
Las balas se derritieron.
La plata líquida cayó al suelo mezclándose con la lluvia.
El silencio se volvió absoluto.
Nadie respiraba.
Darius endureció el rostro.
—Imposible…
La bestia lunar rugió con fuerza.
El cielo respondió.
Un relámpago atravesó las nubes oscuras e iluminó el puerto entero.
Lía levantó la mano hacia arriba.
Y la luna apareció entre las tormentas.
Enorme.
Brillante.
Dominando el cielo.
La luz descendió directamente sobre ella.
Kael dejó de respirar.
Ragnar también.
Selene observó horrorizada cómo la energía lunar envolvía completamente a Lía.
La voz de la bestia sacudió el puerto.
—La reina ha elegido.
La luz explotó.
Una onda de energía recorrió todo el lugar.
Los tiradores salieron despedidos contra los contenedores.
Las armas de plata se derritieron apenas tocaron el suelo.
El agua del mar se levantó en espirales gigantes alrededor del muelle.
Selene cayó de rodillas.
Gritó.
La esfera negra en su mano comenzó a agrietarse.
La energía oscura fue consumida por la luz lunar.
Lía permaneció en el centro.
De pie.
Intacta.
La energía girando alrededor de ella como un manto vivo.
Su cabello se movía con el viento.
La marca brillaba como una luna completa sobre su piel.
Y cuando habló…
Su voz sonó distinta.
Más profunda.
Más poderosa.
Como si otra presencia hablara junto a ella.
—Se acabó.
Todos quedaron inmóviles.
Incluso la bestia.
Lía caminó lentamente hacia Selene.
Cada paso hacía vibrar el muelle.
El agua reaccionaba a su presencia.
La lluvia se apartaba de ella.
—Jugaste con mi vida.
Otro paso.
—Con mi familia.
Otro más.
—Con mi destino.
Selene intentó levantarse.
La energía la obligó a caer nuevamente de rodillas.
Kael observaba la escena sin apartar la mirada.
Había algo en sus ojos que jamás había mostrado tan claramente.
No era solo deseo.
Ni obsesión.
Ni protección.
Era admiración.
Respeto.
Y algo más peligroso todavía.
Devoción.
Ragnar soltó una pequeña risa.
—Ahora sí pareces reina.
Lía se detuvo frente a Selene.
La villana levantó lentamente el rostro.
Ya no quedaba arrogancia en ella.
Solo rabia.
Y miedo.
—Esto no termina aquí.
Lía sostuvo su mirada.
—No.
Su voz fue fría.
Segura.
Poderosa.
—Acaba de empezar.
La bestia lunar descendió detrás de ella.
El puerto entero tembló.
Y entonces hizo algo que dejó a todos en silencio.
Se inclinó.
Por completo.
Como si estuviera frente a alguien superior incluso a ella.
La energía lunar descendió sobre la cabeza de Lía.
La luz se condensó lentamente.
Formando una corona plateada.
Hermosa.
Salvaje.
Antigua.
Kael dio un paso adelante sin darse cuenta.
La voz le salió apenas como un susurro.
—Mi reina.
Lía giró lentamente hacia él.
Por un segundo el mundo desapareció otra vez.
Solo existían ellos.
La conexión.
La intensidad brutal entre ambos.
Kael sangrando bajo la lluvia.
Mirándola como si la luna misma hubiera descendido frente a él.
Lía sintió el pecho apretarse.
Porque incluso con todo el poder recorriéndole el cuerpo…
Seguía sintiendo algo mucho más peligroso.
Lo que él provocaba en ella.
Pero el momento murió de inmediato.
Una voz resonó desde la oscuridad.
Vieja.
Fría.
Autoritaria.
—Entonces ha llegado el momento de matarla.
Todos giraron.
Darius estaba allí.
Y no estaba solo.
Detrás de él aparecieron decenas de lobos armados.
Miembros del consejo.
Alfas antiguos.
Guerreros de distintas manadas.
Todos observando a Lía con la misma mezcla de miedo y odio.
La sonrisa de Darius fue helada.
—La sangre real nunca debió regresar.
Kael avanzó inmediatamente frente a Lía.
Ragnar se colocó a su lado.
Por primera vez en años, los dos hermanos estaban unidos.
Darius lo notó.
—Qué escena tan decepcionante.
Clavó los ojos en Ragnar.
—Incluso tú elegiste traicionar al consejo.
Ragnar mostró los dientes.
—Ustedes dejaron de proteger a nuestra especie hace mucho tiempo.
Darius golpeó el suelo con su bastón.
El sonido resonó como una sentencia.
—Ella destruirá el equilibrio.
Lía avanzó lentamente.
La corona de luz seguía brillando sobre su cabeza.
—No.
Todos la miraron.
La lluvia giraba alrededor de ella como un aura plateada.
—El equilibrio ya estaba roto antes de que yo naciera.
Darius endureció el rostro.
—Hablas como tu padre.
La frase hizo que el puerto entero pareciera congelarse.
Kael observó a Darius con furia.
—Tú lo mataste.
Darius sostuvo su mirada sin culpa alguna.
—Hice lo necesario.
Lía sintió que la rabia explotaba dentro de ella.
La energía lunar reaccionó al instante.
El mar rugió detrás del puerto.
—¿Lo asesinaste… por el trono?
Darius sonrió apenas.
—El poder siempre exige sangre.
Kael avanzó peligrosamente.
Pero Lía levantó una mano.
Él se detuvo de inmediato.
Darius lo notó.
Todos lo notaron.
El rey obedecía a la reina.
La voz de Lía salió firme.
—Ya no voy a huir.
La bestia lunar rugió detrás de ella.
El consejo retrocedió apenas.
Darius levantó la mano lentamente.
Y todos los lobos prepararon sus armas.
La tensión se volvió insoportable.
La lluvia caía más fuerte.
El puerto parecía a punto de explotar.
Entonces Darius habló por última vez.
—Maten a la heredera.
Y el infierno se desató.