Olivia Grimaldi lo tiene todo… excepto libertad.
Heredera de una de las familias más poderosas de Estados Unidos, su vida está cuidadosamente diseñada: un matrimonio arreglado, una imagen perfecta y un futuro donde el amor no tiene lugar. Hasta que una noche decide romper una sola regla… y conoce a Alexander Rozanov.
Rico, influyente y peligrosamente seguro de sí mismo, Alex no cree en límites ni en promesas. No persigue mujeres comprometidas, no se involucra y no repite errores.
Hasta que Olivia se convierte en su excepción.
Lo que comienza como una chispa prohibida se transforma en un juego de deseo, poder y control, donde cada encuentro los empuja más cerca de una línea que no deberían cruzar… y que, en el fondo, ambos desean romper.
Porque él no quiere salvarla.
Quiere que sea ella quien elija caer.
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Capítulo 17
Marcos
No veo la hora en la que Olivia se convierta en mi esposa. No deja de querer pasar por encima de mí como si no tuviera que pedirme permiso para nada. Seré su esposo con un carajo, no puede seguir creyendo que solo le rinde cuentas a sus padres.
Sigo revisando los contratos cuando la puerta de la oficina se abre sin que toquen.
—Pedí que nadie me molestara— Digo sin levantar la vista.
El sonido de unos tacones cruza el despacho. Lentos y seguros.
Alzo la mirada y de inmediato la veo. Sofia.
Con las piernas largas, una falda blanca demasiado corta para ser casual, escote pronunciado en una ajustada blusa y el cabello rubio suelto cayéndole por los hombros.
—Pero yo no soy nadie— Dice con una media sonrisa.
Rodea el escritorio como si este lugar le perteneciera. Se detiene frente a mí y, sin pedir permiso, se sienta sobre el borde, demasiado cerca.
—¿Qué haces aquí?— Cierro la carpeta. —Cada día te vuelves más audaz.
Se inclina y me besa con esa confianza que roza la imprudencia.
—La estúpida de Olivia se fue a la playa… así que tenemos todo el fin de semana para nosotros.
La forma en que lo dice me arranca una sonrisa ladeada. La tomo por la cintura y me pongo de pie, obligándola a mirarme desde abajo.
—Sí, ya lo sé— Mi tono se endurece. —Últimamente Olivia se comporta como si aún fuera libre. Como si no entendiera que pronto será mi esposa. Pero en cuando me casé con ella, la enseñaré a respetar.
Sofía me rodea el cuello con los brazos, acercándose más.
—No vine a hablar de tu matrimonio— Sus dedos juegan con el nudo de mi corbata. —Vine a que me demuestres lo poco que te importa ella… y lo mucho que te gusto yo.
La observo un segundo, ya que no es amor lo que hay en sus ojos. Es ambición. Y lo sé porqué es lo mismo que yo quiero.
Y eso… eso me gusta.
La siento sobre el escritorio, acercándome lo justo para que su respiración cambie.
—Te gusta jugar con fuego, Sofía.
—Solo cuando sé que no me voy a quemar.
Sonrío.
—Olivia es una obligación, una alianza para conseguir lo que necesitas. Pero yo, soy la mujer a la que en verdad quieres.
Mi mano se desliza por su cintura refregandole mi erección.
—Tú eres… mi unica distracción para lograr soportar a esa niña mimada.
Ella no se ofende. Al contrario, sus labios se curvan.
—Entonces distráete.
El aire en la oficina se vuelve denso, peligroso. Se oyen las voces lejanas de empleados al otro lado de la puerta, recordándonos dónde estamos y eso lo hace más excitante.
Pero también más riesgoso, ya que si Olivia llegara a enterarse, todos mis planes se vendrían abajo.
Mi teléfono vibra sobre el escritorio, miro la pantalla y es mi madre.
La sonrisa se me borra apenas un segundo y Sofía lo nota.
—¿Es ella?
—No— Respondo de inmediato.
—Entonces enfoca tu atención en mi. Después de tu plan, yo soy lo más importante que tienes y cuando termines con Olivia, debes cumplir lo que prometiste.
—Lo haré— Le digo, liberando mi miembro, haciendo a un lado su ropa interior y adentrandome en ella sin ninguna preparación previa. —Te daré lo que me pediste y más.