Me contrato para traducir el corazón de su amante.
Terminé enamorándome de él.
Azren solo quería ayudar a Caeleen Valkrum —dios del baloncesto, multimillonario, el hombre más guapo que había visto nunca— a entender al hombre que le rompió el alma.
Pero cada palabra que analizaba, cada secreto que descifraba sobre Darius, lo acercaba más al abismo de caer por Caeleen.
Cuando sus familias pactan su matrimonio, Azren acepta convertirse en el esposo legal del hombre que ama en secreto. Una alianza sellada con papeles, con anillos, con un "sí, quiero" que Caeleen pronunció mirando a otro.
Porque prefiere quemarse en su tormenta a no tener nada de él.
Aunque sabe que, cuando el fuego se apague...
Caeleen seguirá amando a otro.
Y él habrá perdido todo.
NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LA NUEVA PARTIDA.
La cena fue una obra maestra de tensión disfrazada de cordialidad. Los manteles de lino, la vazilla fina, los cubiertos que tintineaban con un sonido anormalmente agudo: todo era una escena de teatro absurdo donde solo Azren y Caeleen conocían el verdadero guion.
Azren apenas probó bocado. Sentía la mirada de Caeleen clavada en él desde el otro lado de la mesa, no con frialdad, sino con una curiosidad depredadora y calculadora. Cada vez que los padres hablaban de "futuros planes" o "compatibilidades", la esquina de los labios de Caeleen se tensaba en algo que no era una sonrisa.
—Azren es muy estudioso, muy tranquilo —insistía su madre, lanzándole una mirada de advertencia—. Un contrapunto perfecto para un espíritu más… dinámico.
Caeleen tomó un sorbo de vino, sus ojos ámbar atrapando los de Azren sobre el borde de la copa. —La tranquilidad puede ser muy… interesante —dijo, su voz grave y deliberadamente educada—. Cuando uno sabe mirar debajo de la superficie.
El estómago de Azren se retorció. Caeleen estaba jugando al gato y al ratón, y él era el ratón en su nuevo juego doméstico.
Al final de la velada, los padres, satisfechos, sugirieron que intercambiaran números. —Para coordinar un café, sin presiones —dijo la señora Valkrum con una sonrisa brillante.
Caeleen lo hizo con la eficiencia de quien firma un contrato. Su pantalla brilló un segundo antes de guardar el teléfono. Luego, se inclinó ligeramente hacia Azren, lo suficiente para que solo él lo oyera:
—Te escribiré.
El pronombre "te" sonó como una promesa y una amenaza envueltas en una sola palabra.
En el coche de camino a casa, sus padres estaban eufóricos. —¿Viste? Tiene presencia —decía su madre—. Con una buena influencia a su lado, dejará esas tonterías del deporte y de… esa persona conflictiva.
Azren miraba por la ventana, la ciudad pasando como un borrón de luces. Su plan de fuga, su matrimonio de conveniencia para escapar de Caeleen, se había convertido en la trampa perfecta.
La primera señal llegó al día siguiente: un paquete en la puerta de la escuela. Dentro, sin nota, una edición lujosa de "El Arte de la Guerra" de Sun Tzu. El mensaje era obvio, brutal y muy propio de Caeleen. Ya no se trataba de descifrar a Darius. Se trataba de declarar la guerra en un nuevo frente: el de Azren.
La confrontación real ocurrió dos días después. Caeleen lo citó con un texto seco: "Club del Lago. 5 PM. Habla con el recepcionista."
El lugar era un santuario de madera oscura y ventanales. Casi vacío. Caeleen lo esperaba en un sillón de cuero, con un traje deportivo caro que parecía una segunda piel. No se levantó.
—Siéntate —ordenó, señalando el sillón frente a él.
Azren obedeció, la distancia entre los mullidos cojines parecía un abismo. —¿Qué quieres, Caeleen?
Caeleen se inclinó hacia adelante, codos sobre las rodillas. Sus ojos ámbar lo escrutaban. —Quiero entender las reglas de este nuevo juego. Mis padres piensan que eres el buen chico que me pondrá en orden. Los tuyos piensan que soy el marido rico que te dará estatus. —Hizo una pausa—. Y tú… ¿qué piensas, Azren? ¿Que esto es tu billete de salida?
—Pensé que podría ser un nuevo comienzo. Para los dos.
—Un nuevo comienzo. —Caeleen repitió las palabras con un deje de sorna—. Yo tengo un objetivo. Y de repente, el hombre que se interponía en mi camino aparece servido en bandeja por nuestras familias. Es demasiado bueno para ser verdad. O demasiado estúpido.
—No me interpongo en tu camino con Darius.
—Ah, pero sí. —Una sonrisa fría como un relámpago—. Lo hiciste cuando te negaste a ayudarme. Y lo haces ahora, existiendo como la solución que mis padres anhelan. Representas todo lo que él no es: aprobación familiar, estabilidad, "normalidad". Eres el arma perfecta para presionarlo.
Azren sintió el golpe en el estómago. No era un pretendiente; era un peón de alto valor en la guerra de Caeleen.
—No voy a ser tu herramienta para darle celos.
—Ya lo eres. Lo seas o no. Tu mera existencia cambia las cosas. —Caeleen apoyó la espalda en el sillón—. Y ahora que estás aquí, en mi campo… podemos llegar a un acuerdo.
—¿Un acuerdo?
—Fingimos. —La palabra salió simple, clara—. Fingimos interés. Salimos en público. Mantenemos felices a nuestras familias. A cambio, tú obtienes la aceptación que querías. Un futuro "estable". —Se inclinó de nuevo, su voz bajó—. Y yo obtengo un arma nueva. Además… —su mirada se volvió penetrante—, dejas de husmear alrededor de Darius. Para siempre. Esa es la condición.
Era un pacto faustiano. Rendición total a cambio de una farsa.
Azren lo miró, a ese hombre que negociaba su vida como un traspaso deportivo. Y en el fondo de su corazón, una parte enfermiza se estremeció ante la idea de tener un lugar, aunque fuera fingido, en la vida de Caeleen.
—¿Y si me niego?
—Le cuento a tus padres quién eres realmente. —Caeleen no pestañeó—. El profesor obsesionado que espiaba a su futuro marido. Que se metió en medio de una relación ajena. Que rechazó la oportunidad que ellos tanto anhelan. Verás qué rápido se desvanece su orgullo. Yo seguiré mi camino. Tú te quedarás sin nada. De nuevo.
Jaque mate. Caeleen tenía todas las cartas.
Azren respiró hondo. El aire olía a madera pulida y derrota. Asintió, un movimiento apenas perceptible.
—De acuerdo.
Una satisfacción fría brilló en los ojos ámbar de Caeleen. Se levantó, se acercó y le puso una mano en el hombro. Un gesto que para cualquier observador parecería cariñoso, pero que a Azren le quemó como un hierro.
—Buena elección —susurró Caeleen, su voz cargada de triunfo—. Bienvenido al juego, profesor. Espero que sepas fingir mejor de lo que sabes aconsejar.
Y se fue, dejando a Azren solo en el salón vacío, con el peso de su nuevo rol sobre los hombros: el novio fingido de Caeleen Valkrum. Había querido escapar del fuego, y en su lugar, había firmado un contrato para convertirse en su combustible controlado.