Liam es un omega dominante, con una deuda de su vida pasada por saldar.
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Besos en la espalda
En el momento que ingresaron a la habitación Eiker sintió el impulso y llamó a sus suegros para saber cómo estaba su pequeña hija. Estar alejados lo ponía inquieto. Daba vueltas con el móvil al oído y hablando sin parar. Cuando por fin terminó la llamada ve Enzo, se cambió de ropa, quería ir a la playa.
- ¿Está todo bien con nuestra cachorrita?.- Preguntaba mientras intentaba quitarle la camisa.
-Todo orden, solamente me angustia que nos extrañe, no pensé que sería tan difícil.- Suspiraba y se dejaba desvestir, su esposo le preparó la ropa para pasar el resto de la tarde en el mar.
-Entiendo, pero esto es para que descanses y te relajes con tu sexi esposo. Por ahora disfrutemos estar solo los dos.-
Ya en la orilla del mar, sintiendo el viento decidió que su esposo tenía razón, tantos meses durmiendo poco y preocupado le pasaban factura, necesitaba descontarse. Jugaron, corrieron y terminaron metidos en el agua abrazados.
-Quiero hacerlo aquí.- Susurró al oído de Eiker. -Aunque puede que se te meta arena en el agujero.- Rió de forma pícara.
Sin dudarlo, Eiker hizo que el alfa se sentara y él montadp meneó su trasero.
-Ya la tienes dura cariño. ¿No temes que alguien más vea?.-
Enzo bajó su ropa y se le metió de manera lenta mientras le tomaba el cuello y besaba su boca.
-Me gusta la adrenalina, me excita.- Apretó un poco más el agarre.
Con cada palabra que susurraba a Eiker, le ponía los pelos de punta, haciendo que se mueva más rápido y dando sentones, manera inesperada eyaculó en minutos.
-Vamos a la habitación, esto apenas empieza.- Enzo tomó en brazos al omega y se lo llevó.
En la ducha, lo coloca de espaldas hacia él, lo toma de una pierna para mejor acceso y lo embiste contra la pared. Con movimientos precisos y apretando su nuca rozaba un punto sensible adentro haciendo que Eiker perdiera fuerzas, dejándose a merced del alfa.
-Extrañaba esto, ponte de rodillas y chúpamela.- El omega demandó y su esposo no lo dudó. De rodillas, se llevó el miembro en la boca y dos de sus dedos lo introduce en el orificio.
-Tu agujero es tan apretado que no quiere soltar mis dedos.- Introdujo un tercero haciendo que Eiker temblara y lo agarrara del cabello para caer.
Al ser un hombre de físico fornido y resistente, Enzo no tuvo reparo en acomodarlo en el piso y embestirlo sin piedad, mordiendo sus sensibles pezones y dejando marcas por donde lo tocara.
El baño se llenó de feromonas y gritos ahogados de ambos haciéndolos llegar al límite.
-Vamos por otra ronda, debemos recuperar el tiempo perdido.- Dice el omega jadeando y empujando a su esposo para dirigirse a la habitación.
Ya en la cama Eiker decide tomar el mando, haciendo que su alfa se apoye en la almohada dejando al aire libre el trasero, con un poco de cuidado comienza a introducir un dedo usando semen como lubricante. Enzo sintió un poco de molestia al principio, pero con besos del omega en su espalda y cuello se dejó arrastrar por el placer. Al ver que el alfa disfrutaba, tomó su miembro y le insertó la punta, el alfa gimió fuerte y mordió las sábanas, provocando una descarga eléctrica en el omega, ver su expresión de dolor lo calentaba más.
Sujetó sus glúteos, lo embistió con más fuerza haciendo que el alfa se contrajera y apretara su miembro con fuerza.
Sin aviso golpeó las nalgas de Enzo. -Esto es por no insistir en tener sexo todo este tiempo.- Y seguía golpeando, a tal descarga de adrenalina Enzo se liberó y temblaba bajo el omega.
-No lo dudaré y te tomaré dónde sea y cuando sea.- Dijo el alfa casi llorando del placer. El omega no se detuvo, giró al hombre mientras seguía moviéndose como bestia, mordiendo su clavícula hasta llegar a su cuello. Estaba inmerso en las sanciones y Enzo no paraba de convulsionar, haciendo que con cada jadeo y gemido se le escapara saliva de la boca.
-Siento mis entrañas revueltas, extrañaba esta explosión de mi omega, muérdeme más fuerte, sabes que me excita algo de dolor.- Apenas le salían las palabras por tan fuertes estocadas.
Eiker le mordió un hombro sacando sangre, haciendo que su esposo gritara y apretara su interior, masturbándose a sí mismo quiso llegar al final, el omega al ver esa escena, sujetó con fuerza el pene de su esposo para que no lo siguiera moviendo.
-Nadie te dio permiso de que tocaras, con mi verga es suficiente para que te vengas las veces que quieras.- Apretó el abdomen del alfa, sintiendo hasta donde le llegaba su pene.
-Aprieta más, me gusta sentir la punta como si quisiera hacerme otro agujero.- Enzo deliraba del placer, se sujetaba y arañaba el bien marcado pecho de su esposo. Nuevamente llegaron al clímax.
Ya habían pasado unas horas desde que estaban en la cama, no se cansaban.
Sus feromonas estaban totalmente descontroladas, haciendo que la habitación ardiera en deseo y placer. -Es como si fuera que estamos en celo, sólo quiero estar dentro de ti y viceversa. - Dijo Eiker jadeando al lado de su esposo, trataban de recuperar el alimento.
-Tu boca es tan lasciva que me dan ganas de follarla. Abre grande para que tus labios no se desgarren.- Y bajó la mirada atenta del omega, Enzo se acomodaba en su cara para introducir su miembro. -Es mi asiento favorito.- El alfa comenzó moviéndose lento, sujetando el cabello de su esposo.
Había momentos en que el omega se quedaba sin aire y golpeaba los glúteos del alfa para que le permitiera respirar, pero Enzo como buen amante del masoquismo le apretaba la nariz y solo cuando Eiker quedaba completamente rojo lo liberaba para que tome una bocanada de aire. Casi al límite, Enzo decide tomar a su esposo por atrás. Lo tomó del cuello y lamiendo su nuca, conectó su pene en el orificio.
-¿Puedo marcarte mi omega?.- Lo dice casi suplicando, haciendo que Eiker temblara de manera expectante.
-Te tardaste mucho, y eso que ya estamos casados, quiero perderme contigo por el resto de nuestras vidas.- Era como si ronroneara.
El alfa sonrió complacido, y dando besos en su espalda llegó a la nuca, lamió dónde clavaría sus dientes. Antes de que lo hiciera los ojos avellanas del alfa cambiaron a un amarillo ambar, sacó sus colmillos y los enterró con fuerza. Gruñía y apretaba más. El omega al sentirlos comenzó a convulsionar y sus ojos grises se tornaron a un hermoso color celeste con orbes gris oscuro, soltando gemidos qué se asemejaban más a gritos.
El éxtasis era tanto que eyacularon al mismo tiempo, estuvieron en la misma posición unos minutos. El alfa besaba y lamía las pequeñas gotas de sangre y luego las lágrimas de dolor y placer de Eiker. El enlace estaba hecho, se juraron amor eterno entre besos y caricias.