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Un Pedacito De Cielo Que Renace En Un Loto

Un Pedacito De Cielo Que Renace En Un Loto

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Aventura / Mundo de fantasía
Popularitas:170
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Cuando la corte celestial baja al mundo de los mortales para encarar a la diosa de la luna por haber roto las reglas, comienza una larga batalla en los cielos hasta que deciden eliminarla como castigo.

Sin embargo, su fiel esposa, la hará regresar como una mortal llamada: "Rinko Gumi" para que ayude a la princesa del cielo en su misión de recuperar los pergaminos antiguos.

Ahora una joven Rinko deberá proteger a la princesa para resurgir y encarar a la corte celestial en una última batalla contra los cielos.

¿Podrá Rinko resurgir y tener su revancha contra la corte celestial?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #4: Debes tener límites

Viajamos en la nube mágica por más de un día, la verdad no sé cuánto estuvimos viajando pero durante el viaje me puse a meditar para poner en marcha mi entrenamiento y contener mis tentaciones, como el hambre.

Lo que llamó la atención de Sun Tsu, por lo que podía ver por su rostro ella nunca había visto un entrenamiento así. No sabía si era a causa de que era una princesa o porque mi abuelito me había estado engañando todos estos años para comerse mi comida.

—¿Huh? ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué meditas? —la princesa me ofreció un sándwich de carne de dragón—. ¿No tienes hambre?

—N-no, yo… ¡Debo resistir las tentaciones de la vida!

—¿Eh? Pero el hambre no es una tentación, es una necesidad

—¿Q-Qué? ¿Una necesidad?

—Sí, si no comes te mueres

—¿De verdad? No me vas a regañar por comer de más

—No, come todo lo que quieras, y vuélvete muy fuerte

—¡¡¿En serio?!! —grité babeando y con mis ojitos brillando con intensidad—

—Por supuesto, y no lo olvides, el hambre no es mala mientras no dañe a los demás

—Me comeré todo como una loca ¡¡Entendido!!

—¿Eh? ¡N-no!, Rinko jaja, no me refiero a eso

Sin escuchar a la princesa le arrebaté el sándwich para comer sin descanso, comer era una sensación tan maravillosa que no podía parar una vez que comenzaba. Sun solo se rió mientras me veía comer como una desquiciada, pero… no pude comerme toda la comida, pues la corona en mi cabeza me detuvo al terminar mi porción.

—¡¡Duele!! ¡¡Duele!! —me quejé gritando y pataleando— ¡¡Haz que pare!! ¡¡Sun Tsu!!

—Rinko… no puedes comer más de lo necesario

—¿Ah? ¡¿Y por qué no?!

—Límites, Rinko

—¿Límites?

—Sí, más que evadir tentaciones, debes aprender límites

—¿Huh? ¿Por qué? —se quedó unos momentos en silencio, intentando procesar qué significaba esa palabra— ¡Espera! Entonces… el entrenamiento con mi abuelito fue en vano, si no debo evadir tentaciones… ¡Entonces él me engaño!

—Jaja, no, no, no estoy diciendo eso, y de hecho el entrenamiento de Rimkay es bueno, pero no es para tí… es por eso que quiero enseñarte, el poder de esa palabra

—¡¿Eh?! Si es fuerte significa que… ¡¿Esa palabra puede pelear conmigo y derrotarme?!

—No jaja, que cosas dices, no, las palabras no pueden pelear pero… —Sun apuntó a mi pecho con su dedo—. Pueden hacerte más fuerte ahí

—¿En mi páncreas? —pregunté inclinando la cabeza y con mi colita de gato moviéndose ligeramente—

—Sí, en tu páncreas… Rinko, pero también en el resto de tu interior, no solo físico sino también espiritual

—¿Y como hablo con esa tal límites? Es buena, si es poderosa, tambien puede ayudar a que mi abuelito deje de ser calvo

—Para aprender a usarla —comenzó Sun Tsu intentando no reírse para mantener su compostura elegante—. Primero debes encontrarte, ya que si no te conoces, no puedes saber tus límites

—Ooh, ¿entonces hay otra yo? ¿Y dónde está? Es igual de hermosa, no, pues sí, porque soy yo jaja

Sun Tsu riéndose entre dientes estaba por decir algo más, cuando de pronto un inmenso dragón emplumado intentó comerse a Sun Tsu, logré protegerla cargándola en mis brazos

Aterricé en la punta de un árbol con ella en mis manos, era chistosa la imagen que estaba presente en ese momento, pues como se podrán imaginar, una niña pequeñita de 12 años cargando a una joven y hermosa ángel de 18 años.

Las risas de cientos de dragones nos rodearon, a ellos también les hacía gracia la imágen curiosa de nuestro pequeño dúo, pero… no era momento de bromas, baje a mi amiga al suelo para después agarrar mi bastón de bambú que mi mamá me había hecho como regalo de cumpleaños.

—Sun Tsu… —frunciendo el ceño decidida a enfrentar a quien sea por mi amiga me puse en guardia—. Quédate detrás de mí

—Rinko, ten cuidado, ellos… son demasiados

—Psh, no me subestimes ¡Debilucha!

—¡Rinko! —me gruñó la princesa apretando sus puños—

Los dragones nos atacaron con una rapidez que nunca antes había visto en mi pueblo, sus colmillos eran tan grandes como la princesa, por lo que tuve que mantenerme pegada a ella para que se la comieran.

—¡Ja! ¡Pero miren esto! ¡Una niña cuida de la carne de oro!

—¿Quién fue el estúpido que creyó que era buena idea enviar a una niña en una misión tan peligrosa? —añadió sobrevolando el bosque—

—Rinko, hay que huir, son demasiados… más de lo que puedes enfrentar

—¡No! ¡Deshonor!

—¿Eh?

—El papá de mamá, me dijo que huir es para débiles, cobardes y que solo trae deshonor a tu familia. Así que no huiremos. No, yo jamás huiré de una pelea aunque eso signifique morir…

—¡Rinko! ¡Límites!

—¡No me hables de esa mujer ahora! Debilucha —la regañe siguiendo a los dragones con la mirada—

Intenté luchar hasta el cansancio contra ellos pero en un descuido, uno de los dragones me golpeó con su cola puntiaguda, lanzándome a mi y a la princesa hacia una colina. Por esta vez, esa princesa debilucha fue la que nos salvó, uso sus alas para suavizar el impacto, dejando el impacto en unos simples rasguños.

Los dragones al darse cuenta de que aún seguía con vida, nos atacaron cada uno con su característico aliento de fuego. Tuve que ser tan veloz como podía para proteger a la princesa de morir carbonizada.

Mi cuerpo ardía con cada salto, crujía con cada esquivé y pesaba con más fuerza con el paso de los segundos. Pero el dolor de mi cuerpo era lo de menos, el golpe que definió la pelea fue ver el bastón que me había dado mi mamá, destruido y reducido a cenizas.

—¡¡Rinko!! —me gritó Sun implorando para que huyeramos—.

—Mamá… —susurré con la mirada en las cenizas de mi bastón—

Eso fue suficiente para que una horrible sensación de ira envolviera mi cuerpo, mis garras salieron al instante, el pelo de mis orejas y mi cola de gato se erizaron.

—Ustedes… —mi pupila se dilató y se volvió más afilada—. ¡¡No se los voy a perdonar!! ¡¡Jamás!! —grité lanzando a Sun al suelo de forma brusca para que no estorbara en mi pelea—.

Los dragones aún mirándome con soberbia intentaron matarme con su aliento de fuego, solo que está vez con una velocidad que ni siquiera yo conocí aparecí frente a uno de ellos para darle un puñetazo en su bocota, mi fuerza fue de tal magnitud que pulverice su cabeza entera, de un solo golpe.

Aún enfurecida aterricé en unos de los árboles para impulsarme hacia el otro, quería matarlo… ¡¡Quería hacerlo trizas!!

Esos malditos… me quitaron un regalo que mami me hizo con todo el cariño de su corazoncito.

No obstante, antes de que mi puño pudiera alcanzar al dragón más grande de todos, la corona en mi cabeza brilló y me causó un dolor tan grande que me hizo caer al suelo. Mis oídos zumbaron y mi vista se tornó borrosa por las lágrimas que no dejaban de salir de mis ojos, era una tortura muy injusta.

Gracias al dolor lloré y pataleé en el suelo del bosque pero…

¿Por qué yo fui la que fue castigada? ¡¡¿Por qué yo?!! ¡¡Si ellos me quitaron algo especial para mí!! No lo entendía, no hice nada malo, solo defendí a mi mami, a mi familia de esos bravucones.

—¡¡Es injusto!! ¡¡Por favor!! ¡¡Para!! ¡¡Yo no soy la mala!! ¡No soy la mala! ¡Basta! Por favor, es… es… es injusto —sollocé con mis manitas en la corona—

Los dragones atónitos por mi fuerza, se quedaron paralizados de miedo por unos segundos, hasta que se reunieron para susurrar entre ellos.

—¿Quién es esta niña?

—¿Por qué una niña pudo vencer al comandante de un solo golpe? ¡¿Cómo siquiera es eso posible?!

—¡Su majestad! ¡¿Qué hacemos?! —preguntó uno, mientras volteaba a ver al más grande de todos—

—Miren… —comenzó el rey dragón—. En su cabeza, es una corona

—¿Qué? Espera… eso significa que es…

—Un rey…

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