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Ecos Del Tercer Cielo

Ecos Del Tercer Cielo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Fantasía épica
Popularitas:111
Nilai: 5
nombre de autor: Maicol Castañeda

Obra narrativa de fantasía espiritual que narra la formación de cuatro hermanos elegidos por el Padre Celestial para proteger la Tierra tras una antigua guerra en el cielo. Esta primera saga está centrada en la profecía, el entrenamiento espiritual de los protagonistas y la revelación progresiva de su propósito divino. Inspirada en valores espirituales con fuerte simbolismo del bien, el mal, la fe y el propósito eterno.



NovelToon tiene autorización de Maicol Castañeda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA IRA DEL BARRO

El suelo de Solárium comenzó a crujir bajo sus pies, no como una metáfora sino como advertencia real. La piedra vibraba. Pequeñas grietas se abrían entre las calles rotas mientras el polvo se levantaba otra vez. Los civiles que aún no habían logrado huir miraban alrededor sin entender qué estaba pasando.

Primero emergió una mano gigantesca desde el suelo, hecha de barro oscuro y piedra triturada. Se apoyó con peso brutal y luego se levantó el resto del cuerpo: un coloso irregular, con grietas que brillaban desde dentro como brasas apagadas. Una mujer gritó al verlo incorporarse frente a lo que quedaba de su casa.

-¿Qué es eso… qué es eso?retrocedió arrastrando a un niño detrás de ella.

El segundo no salió del suelo. Caminó desde el fondo de la avenida principal, cada paso hundiendo la piedra. Un anciano cayó de rodillas al sentir la vibración.

- Nos van a aplastar… murmuró sin fuerzas para levantarse.

El tercero arrancó medio muro al avanzar, como si fuera papel. Los escombros cayeron cerca de un grupo de heridos que intentaban moverse.

El cuarto simplemente se dejó caer desde una estructura medio destruida, rompiendo lo que quedaba de un edificio al aterrizar.

Cuatro. Pesados. Lentos. Pero imponentes.

Gahiel soltó el aire por la nariz.

—Perfecto… más barro.

Dervían dio un paso al frente. No levantó la voz.

—No los dejen acercarse a la gente.

El fuego azul comenzó a envolverle los brazos, no de forma espectacular sino contenida, concentrada. Alzó las manos y una descarga descendió directa contra el Golden más cercano. El impacto arrancó su brazo derecho, que explotó en fragmentos que cayeron ardiendo alrededor. La criatura emitió un sonido grave, como una caverna derrumbándose.

—Eso sí dolió —murmuró Maion.

Gahiel ya estaba corriendo. Se lanzó contra el segundo coloso sin pensarlo demasiado. Sus puños impactaron el torso del Golden con golpes secos, repetidos, buscando el mismo punto. No gritaba frases heroicas; gruñía entre dientes.

—Vamos… vamos… —hasta que el barro comenzó a ceder. Con un último golpe abrió un hueco en el pecho del gigante. El cuerpo se tambaleó antes de caer hacia atrás, levantando una nube de polvo al desplomarse.

—Uno menos —jadeó Gahiel, apoyando una mano en su muslo apenas un segundo antes de girarse.

Maion, Vio cómo uno de los Golden arrancaba un pedazo enorme de estructura caída y lo lanzaba hacia un grupo de civiles atrapados entre escombros. Los gritos no fueron heroicos ni organizados; fueron desordenados y reales.

-“¡Nos va a caer encima!” “¡Corran!”

Maion alzó la mano y el bloque de concreto se detuvo a medio camino, vibrando en el aire. Su mandíbula se tensó mientras sostenía el peso con esfuerzo.

—No hoy —murmuró, y devolvió el fragmento con un movimiento brusco. El pedazo de edificio impactó el torso del Golden y lo hizo retroceder varios pasos.

Luego se movió rápido entre los dos Golden restantes provocándolos.

—Eh, grandotes… mírenme a mí.

Los brazos gigantes bajaron casi al mismo tiempo. Maion rodó por el suelo en el último segundo. Los dos colosos se golpearon entre sí con un estruendo seco. Las grietas recorrieron sus cuerpos y partes de ellos se fracturaron al impactar.

Durante un instante solo se escuchó el polvo caer.

Gahiel respiraba con dificultad, sangre bajándole por la sien.

—No son tan rudos como parecen… —dijo entre jadeos—. Se rompen igual.

Dervían no respondió. Estaba observando los restos en el suelo. Demasiado quietos.

—Esperen… —murmuró.

El suelo volvió a vibrar. No fuerte. Constante. Desde las grietas comenzaron a salir raíces negras, delgadas al principio, luego gruesas, que se enredaron en los fragmentos de barro caídos. El material empezó a arrastrarse hacia atrás, como si alguien lo estuviera recogiendo pieza por pieza.

Maion frunció el ceño. —No están muertos.

Los huecos en el pecho del Golden comenzaron a cerrarse. El brazo arrancado se recompuso como si el barro estuviera siendo amasado desde dentro.

Gahiel dejó escapar una risa incrédula. —Ah, claro… porque eso tiene sentido.

Dervían retrocedió medio paso. —No es barro común. Hay algo sosteniéndolos.

En lo alto, Belgor seguía sentado, apoyado en el respaldo del trono como si estuviera viendo una función.

—Aprenden rápido —comentó sin levantar la voz—. Pero no lo suficiente. No son solo barro… están ligados a esta tierra.

Los Golden se incorporaron otra vez. Esta vez sus cuerpos parecían más compactos, menos agrietados, Nadie habló por unos segundos.

Gahiel se enderezó pese al dolor. Maion ajustó la postura, respirando más despacio. Dervían cerró los ojos apenas un instante, como si estuviera buscando algo más profundo que la superficie del combate.

No era una victoria rápida.

Y ahora lo sabían.

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