A sus 23 años, Alejandro Rodríguez es la personificación del poder sin límites. Frío, implacable y dotado de una mente calculadora que convierte la ambición en destino, no hay negocio ni objetivo personal que se le resista. Él lo tiene todo, excepto lo único que el dinero no puede comprar: el sentimiento. desde la muerte de su hermano por culpa de una mujer lo ha convencido de que el amor es debilidad, condenándolo a vivir en una opulenta soledad, un rey en un trono sin corazón.
Con 21 años, Azul Estrella Luna García ha vivido toda su vida con doloroso pasado el maltrato que vivió con su madre y el abandono de su padre y abandonada en una un orfanato a los cuatro años a forzado su vida con impulso graduándose de diseño gráfico y administración de empresas
¿Podrá Alejandro derribar su muro del cinismo y volver a creer en el amor Azul dejara sus miedos para darle una oportunidad a la felicidad
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Capítulo 16: El Renacer de la Primogénita
Pasaron las semanas y la relación entre Azul y su familia biológica floreció bajo la vigilancia protectora de Alejandro. Steven (23 años) se había convertido en su sombra protectora, visitándola casi a diario para recuperar el tiempo perdido. Incluso entre él y Alex (el mejor amigo de Alejandro) había nacido una rivalidad amistosa por ver quién protegía mejor a Azul.
El Regalo de Alejandro
Una mañana, Alejandro despertó a Azul con un beso suave en la punta de la nariz. No llevaba su traje habitual de negocios, sino una mirada de profunda satisfacción.
—Vístete, mi Estrellita. Hoy tenemos una cita en el registro civil.
Azul lo miró confundida. —¿El registro? ¿Tan pronto nos vamos a casar? —preguntó con una sonrisa tímida.
Alejandro soltó una carcajada ronca y la atrajo hacia sí, besándola con pasión.
—Eso vendrá después, y será la fiesta del siglo. Pero hoy, vamos a corregir un error del destino.
Al llegar al registro, Ricardo y sus cuatro hijos ya estaban allí. Ricardo sostenía un documento legal con el sello de la familia García. Alejandro se acercó y tomó la mano de Azul frente a todos.
—He hablado con los abogados de tu padre —explicó Alejandro—. Hoy, dejas de ser Azul Estrella Luna, la niña del orfanato. Hoy, oficialmente, el mundo te reconocerá como Azul Estrella Rodríguez García. Tu padre te ha reconocido legalmente como su primogénita y heredera legítima, y yo he añadido mi protección legal sobre tu nombre.
Ricardo se acercó con lágrimas en los ojos.
—Hija, mis bienes, mis empresas y mi apellido son tuyos por derecho. Steven, Jaen, Sofía y Alex han firmado su consentimiento. Todos queremos que seas la cabeza de nuestra familia junto a Alejandro.
Una Celebración de Sangre y Amor
Tras la firma, regresaron a la mansión García para una celebración privada. La conexión entre los hermanos era palpable. Steven y Jaen bromeaban con Alejandro sobre cuándo le daría un heredero a la fortuna combinada, mientras Sofía y Alex le mostraban a Azul fotos de su infancia, prometiendo que ahora crearían nuevos recuerdos juntos.
Alejandro, por su parte, se mostraba inusualmente cariñoso y amoroso frente a la familia de ella. No tenía miedo de abrazarla, de besarla o de recordarle a cada segundo cuánto la amaba. Ya no era el rey en un trono de hielo; Azul lo había humanizado, y él la había coronado.
Al regresar al ático esa noche, la intensidad entre ellos se desbordó. Azul se sentía completa, amada por su sangre y adorada por el hombre que la rescató.
—No puedo creer todo lo que ha cambiado en tan poco tiempo —susurró Azul mientras Alejandro la despojaba de su ropa con una lentitud que la hacía temblar—. Tengo a mi padre, a mis hermanos... y te tengo a ti.
—Me tienes a mí más que a nadie —respondió Alejandro, alzándola para que ella rodeara su cintura con sus piernas—. Los García te dieron un nombre, pero yo te doy mi vida entera. Eres mi reina, Azul. Y cada latido de ese corazón que tanto sufrió, ahora me pertenece solo a mí.
Se entregaron a una pasión renovada, una que ya no buscaba borrar el dolor, sino celebrar la victoria. Alejandro la reclamó con una entrega total, recordándole con cada caricia que, aunque ahora fuera una García reconocida, siempre sería su pequeña Estrellita, la dueña absoluta de su imperio y de su alma.