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La Sustituta Del Don Viudo

La Sustituta Del Don Viudo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Tú no me amas / Romance oscuro / Completas
Popularitas:892
Nilai: 5
nombre de autor: Edna Garcia

Órfana desde pequeña, Ayslan fue criada solo por su abuela. Cuando su salud empeora y los gastos médicos se vuelven urgentes, Ayslan acepta trabajar como camarera en un club de lujo… sin imaginar que ese paso cambiaría su vida para siempre.

Álvaro, un poderoso jefe de la mafia, vive consumido por la culpa después de perder a su esposa embarazada en una traición sangrienta. Al ver en Ayslan una perturbadora similitud con la mujer que perdió, toma una decisión extrema: obligarla a un matrimonio donde nada es elección, solo condición.

Atrapados en una relación marcada por el control, el silencio y el dolor, Ayslan lucha por no desaparecer en un papel que nunca quiso, mientras Álvaro confunde luto con posesión y obsesión con amor.

Cuando huir se convierte en la única forma de sobrevivir, ambos se ven obligados a enfrentar las consecuencias de lo que fue impuesto. Entre culpa, arrepentimiento y sentimientos que resisten al final, nace una historia sobre la pérdida y la oportunidad de empezar de nuevo, incluso cuando todo comenzó mal.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Los días siguientes trajeron algo diferente a la mansión.

No era felicidad.

Era tranquilidad.

Álvaro dejó de hablar de Bruna. Ninguna comparación. Ninguna corrección cargada de pasado. Ayslan se dio cuenta de eso poco a poco, con cuidado, como quien tiene miedo de creer.

Empezaron a conversar.

Cosas simples.

—¿Te sientes mejor hoy? —preguntó cierta mañana, al verla rechazar el café.

—Un poco. Las náuseas han disminuido —respondió.

Álvaro solo asintió.

—Si necesitas cambiar algo, avisa.

Ayslan extrañó el tono.

No había orden.

No había frialdad.

Esa noche, se sentaron en la sala. No hubo toque, ni exigencia.

Ayslan no sabía que, mientras ella dormía tranquila esa madrugada, Álvaro tomaba una decisión silenciosa —una que cambiaría más de lo que él imaginaba.

Daniela observaba el jardín del hospital cuando tocaron a la puerta.

—Puede entrar —dijo, sin girar el rostro.

Álvaro entró despacio.

Ella nunca lo había visto antes. Aun así, algo en la postura de él llamó su atención —no arrogancia, sino firmeza contenida.

—Buenas tardes —dijo él—. ¿La señora es Daniela?

—Soy —respondió, desconfiada—. ¿En qué puedo ayudar?

—Mi nombre es Álvaro Mendes —dijo él—. Soy… marido de su nieta.

Daniela se giró bruscamente.

—¿Marido?

Él asintió.

—Vine personalmente porque necesitaba decirle la verdad. El tratamiento que la señora está recibiendo solo fue posible porque yo estoy costeando todo.

Daniela se llevó la mano al pecho, visiblemente abatida.

—Entonces fue por eso… —murmuró—. Ayslan…

—Ella hizo eso por amor —Álvaro dijo, firme—. Estaba desesperada por aliviar su sufrimiento.

Los ojos de Daniela se llenaron de lágrimas.

—Aquella niña siempre cargó el mundo en la espalda…

Álvaro respiró hondo.

—Me gustaría invitarla a vivir con nosotros cuando le den el alta.

Daniela negó con la cabeza lentamente.

—No —respondió con dulzura—. Ya he entorpecido demasiado la vida de mi nieta. Ahora estoy mejor, caminando casi normalmente. Quiero mi independencia.

—La señora no sería un peso —Álvaro respondió.

—Aun así —ella sonrió—. Prefiero mi privacidad.

Álvaro asintió.

—Todo eso será providenciado entonces, cuidados, enfermeras las 24 horas.

Daniela lo observó con atención.

—Solo hay algo que no entiendo… —dijo—. ¿Por qué Ayslan aún no me ha contado que se casó?

Álvaro pensó por un segundo antes de responder.

—Ella quiere darle una sorpresa.

Daniela sonrió emocionada.

—Siempre fue así… —murmuró.

Álvaro se levantó.

—Tan pronto como la señora reciba el alta, yo mismo proveeré todo para que vuelva a casa con confort y seguridad.

Daniela sujetó la mano de él.

—Gracias por cuidar de mi niña —dijo con firmeza—. Ella merece ser feliz.

Álvaro sintió algo oprimir en el pecho.

—Lo sé —respondió—. Y estoy aprendiendo eso.

Cuando salió del hospital, Álvaro tuvo certeza de una cosa:

Ayslan no era solo parte de un contrato.

Era la razón de él estar comenzando a cambiar.

Y ella…

…ni siquiera tenía idea de lo que él acababa de hacer por ella.

Álvaro llamó a Rubens al inicio de la mañana.

No había prisa en su voz, ni tensión. Apenas decisión.

—Necesito que cuides de algo personal —dijo, yendo directo al punto.

Rubens asintió, atento.

—La antigua casa de Ayslan —Álvaro continuó—. Quiero una reforma completa.

Rubens levantó levemente las cejas, sorprendido, pero no cuestionó.

—Todo.

—Todo mismo —Álvaro reforzó—. Cambia los muebles, provee nuevos electrodomésticos, ropa de cama, cortinas. Quiero confort. Nada lujoso demasiado, pero digno.

Rubens anotaba mentalmente cada detalle.

—La casa es simple —comentó—. Pequeña.

—Justamente por eso —Álvaro respondió—. Quiero que ella continúe siendo de ella. Apenas… mejor.

Hubo un breve silencio.

—Hazlo rápido —agregó Álvaro—. Y discreto. Ella no puede saber.

Rubens asintió.

—¿Alguna preferencia específica?

Álvaro pensó por un instante.

—Luz —respondió—. Deja la casa clara. A Ayslan siempre le gustaron ambientes iluminados.

Rubens percibió algo diferente allí.

Álvaro no estaba comprando territorio.

Ni imponiendo poder.

Estaba cuidando.

—Cuando termines, avísame —Álvaro dijo—. Quiero todo listo antes del alta de la abuela de ella.

Rubens cerró la expresión, serio.

—Entendí.

Cuando Rubens salió, Álvaro permaneció solo por algunos minutos. Caminó hasta la ventana del escritorio y observó el jardín de la mansión, silencioso como siempre.

Él sabía que Ayslan no había pedido nada de aquello.

Nunca pidió.

Y tal vez fuese exactamente por eso que él estaba haciendo.

No como pago.

No como contrato.

Sino como una forma silenciosa de decir:

No necesitas perder todo para salvar a quien amas.

Horas después, Rubens ya estaba en la antigua casa de Ayslan, coordinando hombres, evaluando estructuras, abriendo ventanas cerradas hacía tiempo demasiado.

La casa simple comenzaba, poco a poco, a ganar vida nueva.

Y Álvaro, mismo sin admitir, hacía algo que jamás aprendiera a hacer antes:

Cuidaba…

…sin exigir nada a cambio.

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